cuidando



Esta semana queremos tratar un tema que es común a muchas familias que tienen un miembro con una enfermedad que se alarga en el tiempo. Generalmente, en estos casos, los cuidados que precisa un enfermo crónico, que suele ser también una anciano/a, los da una mujer cuya edad suele estar comprendida entre los 45 y 60 años. Esta persona es considerada como cuidador principal y suele cumplir una serie de características:

  • Contrae una gran carga física y psíquica
  • Se responsabiliza de la vida del enfermo: medicación, higiene, cuidados, alimentación, etc.
  • Va perdiendo paulatinamente su independencia, porque el enfermo cada vez le absorbe más.
  • Se desatiende a sí misma: no toma el tiempo libre necesario para su ocio, abandona sus aficiones, no sale con sus amistades, etc. y acaba paralizando, durante largos años, su proyecto vital.

Los aspectos citados anteriormente pueden causar importantes trastornos psicológicos en el cuidador principal, que se detectan cuando alguno de los siguientes síntomas se agudizan:

  • Agresividad constante contra los demás, porque siguen su vida, porque son capaces de ser felices a pesar del problema que hay en casa
  • Gran tensión contra los cuidadores auxiliares porque «todo lo hacen mal», no saben mover al enfermo, no le han dado a la hora correcta la medicación, etc.
  • Aislamiento progresivo y tendencia a encerrarse en uno mismo. Cuando los cuidadores auxiliares, familiares o amigos observan en el cuidador principal los problemas o reacciones desmesuradas citadas, deben actuar.
  • Depresión, cansancio, ansiedad. Toda esta situación: Obliga al cuidador principal a tomar mayor tiempo de ocio, cubriendo esas horas con ayuda de la familia o la de una asistenta domiciliaria.
  • Pero en gran parte de los casos, el cuidador principal, además de salir y ponerse en contacto con otras personas que están en su misma situación, requiere asistencia médica para aliviar su depresión y angustia. Los cuidadores auxiliares, familiares y amigos deben procurar que el cuidador principal acuda a la consulta del médico para tratar su estado físico y psíquico.


 ¿QUÉ HACER CON LOS PROPIOS SENTIMIENTOS?

Hay que aprender a manejar los sentimientos, que sean nuestra propia riqueza no nuestros perturbadores implacables y desesperantes. El cuidador principal a menudo está abrumado y de poco le valen los consejos de otros familiares. Las reacciones emocionales, los sentimientos en los que puede caer como consecuencia de convivir, atender y querer a su familiar enfermo, son variados. Aunque cada persona cada enfermo y cada familia son diferentes, se exponen a continuación algunas de las perturbaciones del carácter que pueden afectar al cuidador principal.



TRISTEZA: A pesar de lo doloroso de la situación, el cuidador no debe abandonarse a la tristeza. La melancolía le empañará la vida y no le permitirá disfrutar de otros momentos felices. La tristeza es lógica, pero no puede vivirse como un sentimiento único o prioritario.

PREOCUPACIÓN: Constantemente le abruma el futuro. El cuidador debe procurar serenarse. Lo que sea será y por pensarlo y darle vueltas, no va a tener mejor solución. Es inevitable que se encuentre preocupado, pero hay que vivir el presente, sin dejarse enmarañar por un futuro incierto. No hay que dejar de vivir el presente por pensar en el futuro.



SOLEDAD: Es vital no sentirse solo. Debe buscar amigos y compañía allí donde pueda: vecinos, centros recreativos, asociaciones, etc.

IRRITABILIDAD: La irritabilidad en el cuidador aparece porque está cansado de hacerse cargo del enfermo, porque nadie le ayuda o así lo siente, porque está sacrificando sus aficiones, porque los días pasan con pena y sin alegrías



CULPABILIDAD: Culpabilidad por los propios errores o inadecuaciones en las tareas. Debe asumirlos como inevitables y tratar de mejorar, dentro de lo que cada uno puede dar.

SEIS ACTITUDES POSITIVAS QUE DEBE TOMAR EL CUIDADOR

  1. Descanse cada día lo suficiente. Si Vd. enferma las cosas se pondrán peor.
  2. Haga todo lo que pueda para conservar su propia salud. Vaya al médico periódicamente, consúltele lo que le duele, lo que siente, etc. y explíquele su situación personal. Muchas veces el cuidador debe medicarse por prescripción médica, para evitar el insomnio, la angustia o la depresión. También es frecuente la aparición de lesiones musculares, dolores de espalda, cervicales, etc., por el esfuerzo de mover al enfermo, para levantarle, ducharle, etc., que deben de ponerse en conocimiento del médico.
  3. No se aísle. A pesar de todo, continúe quedando con los buenos amigos que le quedan, acuda a reuniones sociales. El cuidador necesita tener amigos y también nuevos amigos relacionados con la situación que Vd. está viviendo.
  4. Procure mantener alguna de las actividades que siempre le han divertido: ir al cine, pasear, tocar el piano, pintar, hacer punto, hacer crucigramas.
  5. La risa, el amor y la alegría son fundamentales para su bienestar y para su vida con el enfermo. Si tiene la suerte de sentirse bien «en medio del temporal», no se avergüence de ello. Procure buscar personas, cosas, situaciones y actividades que le satisfagan. Una persona serena irradia armonía, y si además se ríe, relajará el ambiente. El enfermo vivirá mejor con su alegría.
  6. Procúrese un tiempo semanal para Vd. Busque a un familiar, asistente etc., que cuide del enfermo unas horas a la semana para que Vd. pueda salir y relajarse. Y no olvide tomarse unas vacaciones, al menos anualmente, después de haber descansado verá las cosas con mayor serenidad.


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