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De un tiempo a esta parte la festividad de Halloween se celebra, cada vez con más fuerza, en diferentes países del Viejo Mundo. Durante esa noche en la que vampiros, brujas, muertos vivientes y demás criaturas de malvadas intenciones pululan por nuestras calles no faltan las voces de quienes se oponen a esta festividad por considerarla una importación “yanqui”.

Sin embargo, si nos remontamos en el tiempo descubriremos que la llamada “fiesta norteamericana” es solamente una muy libre adaptación de toda una serie de leyendas y festividades paganas de origen celta que han ido evolucionando desde tiempos antiquísimos hasta nuestros días. Tan atrás quedan esos tiempos que debemos remontarnos hasta época prerromana, cuando la cultura celta, en todas sus variantes, dominaba buena parte de Europa.

Los celtas, un pueblo multiétnico  

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El término “celta” es usado para referirse a una serie de pueblos que compartían ciertas costumbres, dioses y que tenían un lenguaje similar. Los celtas se dividían en pueblos, y éstos a su vez en tribus, y estaban repartidos por gran parte de Europa, revelándose como una civilización bastante avanzada, cuyos orfebres, por ejemplo, trabajaban los metales preciosos creando auténticas obras maestras. Aprendieron el arte de la guerra  y sus mujeres gozaron de un grado de libertad que pocas civilizaciones del mundo antiguo lograron alcanzar. Cuando Roma comenzó su expansión por las tierras que circundaban el mar Mediterráneo, se toparon con unos celtas que les ofrecieron resistencia en la Galia, Hispania, Britania… Los romanos quedaron impresionados y atemorizados por las costumbres celtas, en especial por sus prácticas religiosas, llevadas a cabo por los druidas, una casta sacerdotal sagrada encargada de realizar extraños, y en ocasiones tenebrosos, rituales. Tal arraigo tenían estas costumbres, que ni romanos, ni más tarde la cristiandad, pudieron suprimirla del todo. Una de estas costumbres rituales era el Samhain, el origen de nuestro Halloween.

Samhain, el fin de año celta

El calendario celta se dividía en dos grandes estaciones, la estación clara, correspondiente a los meses de luz y calor y cuando se realizaban las labores agrícolas, y la estación oscura, el tiempo del invierno y sus fríos. Cada una de estas etapas se subdividía a su vez en meses, que se medían de acuerdo a los ciclos lunares. Uno de estos ciclos marcaba el mes que los celtas conocían como Samonios, y es en este mes cuando se tiene lugar la fiesta de Samhain, el año nuevo. Durante estas noches se producía la luna llena más cercana al equinoccio de otoño y al solsticio de invierno, de ahí que los celtas escogiesen esta fecha. Actualmente esa fecha se corresponde con el final de octubre y el principio de noviembre. El año nuevo era el tiempo que los celtas consideraban como el fin de las cosechas, pero había algo más que hacía de esta fiesta algo importante. Algo que la conecta con lo sobrenatural. Para los celtas, cuya religión estaba compuesta por extraños dioses y rituales dirigidos por los misteriosos druidas, existía una noche al año en la que los espíritus de los muertos y los seres del inframundo podían acceder al mundo terrenal. Samhain era también la fiesta de los muertos, de seres queridos difuntos que durante esa noche regresaban brevemente para ver a sus familiares y amigos. Eran los druidas, los sacerdotes sagrados, los encargados de oficiar los encuentros y el contacto con estas almas. Entre los vivos, era costumbre en esta noche de Samhain poner comida en las puertas de las casas e iluminar las entradas con nabos vaciados en cuyo interior se colocaba una vela a modo de linterna.

Este es el precedente más antiguo que se conoce con relación a la celebración que derivó en Halloween. Posteriormente, los romanos adoptaron esta festividad a su propio calendario y la modificaron para hacerla compatible con su divinidad de las cosechas, Pomona. Con la llegada del cristianismo se implantan nuevos ritos, como el día de Todos los Santos, que originalmente se celebraba en mayo, y que se creó porque la Iglesia, ante la avalancha de mártires cristianos ejecutados por los últimos Césares paganos, no podían conceder un día a cada uno, de modo que les dedicaron una conmemoración colectiva a todos aquellos que habían ido al cielo. Posteriormente se hizo necesaria la creación de otro día complementario que honrase a aquellos que aún se encontraban en el Purgatorio, la Iglesia denominó a esta nueva festividad Día de Difuntos, o de las Ánimas y ordenó el cambio a las fechas actuales. Este cambio posiblemente obedezca a la costumbre de la Iglesia de hacer coincidir fiestas cristianas con festividades paganas, a fin de “cristianizar” estos rituales que seguían teniendo mucha aceptación.

Jack el de la linterna y el Halloween actual

La moderna festividad de Halloween tiene a sus espaldas toda una serie de historias y elementos característicos que la hacen tan atractiva a jóvenes y adultos. Una de estos elementos son las calabazas de Halloween y para explicar su origen los irlandeses se contaban un cuento popular que luego se expandió a Estados Unidos, donde tuvo una gran aceptación. Jack era un terrible granjero irlandés, malísimo, bruto y tacaño. Tan malo de hecho que su reputación llegó a oídos del mismo diablo y éste le visitó en persona para comprobarlo. Tras beber una ronda tras otra y cerciorarse de que realmente Jack era horriblemente malo, el diablo mostró su verdadera identidad y manifestó que venía a llevárselo. El problema es que ninguno de los dos tenía dinero para pagar la bebida y Jack le pidió al diablo que mostrara su poder convirtiéndose en moneda. En lugar de pagar, Jack se guardó la moneda en el mismo bolsillo en el que guardaba un crucifijo, dejando al diablo atrapado ahí y permitiéndole salir solamente si prometía dejarle en paz durante año entero. Pasado ese tiempo el diablo regresó, y como última voluntad Jack le pidió que subiese a un árbol para cogerle una manzana y comérsela antes de ir al infierno. Satán accedió y nuevamente fue engañado, pues Jack dibujó una cruz en el tronco y. Le dejó bajar a cambio de no molestarle en un año y de que no fuese al infierno cuando muriese. Debido a su mala vida, Jack murió antes del plazo y se encontró con que fue rechazado a las puertas del cielo y condenado sin remisión al infierno, pero allí, debido a su pacto con el diablo, tampoco fue aceptado. Finalmente Satán condenó a Jack a vagar por los caminos en completa oscuridad para toda la eternidad. A modo de desprecio le lanzó un puñado de ascuas ardiendo. Jack, hábilmente, las atrapó con un nabo vaciado y con ello se hizo una linterna para tener algo de luz. Desde entonces, Jack el de la linterna vaga por los caminos, y pobre de la casa que encuentre, ya que ofrece “truco o trato” y más vale aceptar cualquier trato, porque de lo contrario, Jack maldecirá el hogar a sus habitantes de terrible forma. Por eso en las casas se ponía comida fuera y nabos vaciados, que luego pasaron a ser calabazas porque eran más fáciles de tallar, para que Jack el de la linterna quedase satisfecho y prosiguiese su eterno vagar por los caminos.

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