Tanatorio Virgen de las Viñas

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Javier y el árbol de Bodhi, por F. Navarro

Javier Expósito Valdeolivas-Díaz es de Manzanares provincia de Ciudad Real. En Manzanares, provincia de Ciudad Real se estilan los apellidos compuestos, dan más prestancia. Ahora que caigo, también en La Solana. «En Manzanares manzanas,/en Membrilla membrillos/ y en llegando a La Solana/ coladores y lebrillos». Javier, al que llaman por el hipocorístico, es rubio, como un albaricoque o un litro de vino, tiene un Renault 12 y gasta jerséis amarillos. Siempre con pantalones de género, con la raya perfecta y dos pinzas. Calza zapatos con una borlita muy mona, negros, que salvando las distancias parecen los chapines del Santo Padre. En el...

Una Romería para no olvidar

El presidente de la Hermandad de la Virgen de las Viñas, José Márquez, a preguntas de los medios, el domingo, cuando ya habían pasado los romeros por delante de la Patrona de Tomelloso, haciendo balance, afirmaba que la de este año ha sido “una Romería de las de no olvidar”. Y así será. Por lo menos para este que escribe. Ha sido, sin ninguna duda, la mejor Romería de las 53 que uno lleva entre pecho y espalda. La lluvia, esa con la que nos recibió Tomelloso en sus tapias, sirvió para poner —aún más— de manifiesto el fervor de...

Los dones del espíritu, por F. Navarro

La nuera de Joaquín, cuando monta en coche se persigna tres veces y aprieta los ojos con fuerza, seguramente para ver puntos y colores brillantes. La nuera de Joaquín tiene mucho aguante y paciencia y no reconviene a su marido —ni tampoco a su suegro— cuando conducen, a pesar de que el manejo de los autos lo llevan a su manera. Joaquín vive en una casa que hace esquina, junto a otra medio hundida, que hace más de diez años que no enjalbegan. Vive en una calle no lejana de la plaza, pero tampoco cercana. Joaquín es moderado para todo....

Practicantes, por F. Navarro

Juanito López Rebollo, socio del casino, un día que estaba a gusto a fuerza de palomitas de anís “La Tomellosera” —y encima le habían ahorcado el cinco doble—, comenzó a hablar de practicantes. Los miembros de la mesa lo miraban con la boca abierta y los ojos espantados por la sorpresa. Todos suponían que, tarde o temprano, aquella criatura enseñaría quien era. Para ellos, Juanito —independientemente de que fuese un desmañado para el juego del dominó— era lo más que se podía ser. Juanito anduvo en la marina mercante, algo que para la gente vieja y de tierra firme era admirable....

La hermandad de los poetas, por F. Navarro

Escucho en un acto cultural —concretamente en la presentación de un libro de poemas; dicho sin afán proselitista, sino por exponer la mera verdad—que la poesía es un género de minorías. Que no se compra la obra poética y que si ellos, los poetas, no leen a otros poetas, no los lee nadie. Suena a una suerte de fraternidad de vates, una hermandad endogámica de poetas leyendo de continuo obras en verso, o prosa poética. Hoy me acuerdo de Betanzos. Y de las monjas de Ávila circunvalando la muralla con humildes alpargatas, mirada gacha y manos ocultas; de las ahorrativas abadesas...

El invierno se alarga, por F. Navarro

Siempre pasa lo mismo, todos los años. Tenemos una memoria cortísima. Nos las dábamos felices con una soberbia primavera adelantada y el sábado se puso a nevar. Pero de verdad. Y es que, el invierno se alarga, o eso parece. Como bien sabes, avisado lector, el frío cauteriza las heridas del alma, fulmina los microbios y mantiene a raya la tuberculosis. También es salud, decían antes. En esta tierra del Señor hubo una vez un comerciante que se bañaba cada mañana en una alberca que tuviera en el patio de su negocio. Rompía el hielo, si era necesario, y se...

Miercoles de Ceniza, por F. Navarro

El chino va montado en una bici, de niño, las rodillas le dan en la barbilla. La rueda de atrás es lenticular, tiene dibujadas secciones de colores como una ficha de Trivial. Cuando gira parece un molinillo. Lleva gafas de sol recelosamente grandes y con forma afascistada, doradas, rígidas, inquebrantablemente verdes. Levanta el culo, pedalea y sonríe. Siempre sonríe. Va por la acera de la calle Toledo, sin rubor, con chulería y tarareando. De cuando en cuando levanta el bul del sillín y le da a los pedales. Una señora lo ve venir hacia ella. Tiene el pelo gris, viste...

La naranja es fruta de invierno, por F. Navarro

Pese a lo que se diga, la naranja es una fruta de invierno. El verano es una época catártica de fuego y purificación pero sin toronjas. La única alegría en la casa del pobre durante el frío septentrión es la voluptuosidad de la fruta; ese olor a frondosidad, a sol y a levante augura —para el que  llegue—lo que espera en el estío. —Así te veas como tú me quieres ver. —¿Te quieres callar? —¡No me da la gana! El verano, como digo, es época de catarsis. La gente por San Juan le mete fuego a las telarañas del invierno, al olor a cerrado,...

Rapsodia invernal, por F. Navarro

Eduardo Galeano,  apoyado sobre la plana superficie de la mesa de un bar lee unas cuartillas con voz acompasada y acento oriental. El lugar, mirándolo mejor apenas llega a taberna, está alicatado hasta media pared con azulejos alguna vez blancos. La mesa es de madera, extrañamente limpia y pulida; de forma geométrica y perfecta. Galeano lee alargando los fonemas, como Manuel Alexandre, pero con voz más profunda y gesto adusto; no sonríe. Onetti observa desde la eterna cama, en Santa María. Bajo la lacada superficie del mueble la carcoma devora la madera pacientemente, como una metáfora de la vida: la aparente...

“Los errores mortales II”, por F. Navarro

Recuerdo —tal vez no haga tanto como creo— una época en la que con cierta frecuencia viajaba este servidor tuyo, sentido lector, a Madrid.  Como de vez en cuando hubiese de hacer noche en la capital de las Españas una amistad nos recomendó un coqueto hotelito que estaba en una callecita del barrio de Salamanca. La entrada estaba, como en casi todos, en un chaflán. Al interior se pasaba gracias a una puerta giratoria. Entonces, desgraciadamente, ya estaba equipada con un sistema de células que hacía que se pusiese a dar vueltas sola cuando embarcaba alguien. El albergue, a pesar...