Tanatorio Virgen de las Viñas

Etiqueta: francisco navarro

Encuentros con el trompetista

La segunda vez que me encontré con Manolo, fuera del pueblo se entiende, fue en Madrid, en el Parque de Atracciones de la Casa de Campo. Iba en busca de mi cartera, la primera apaisada que tuve; la había extraviado en un carrusel. Caminaba hacia la caseta de objetos perdidos con la esperanza de poder comprobar la solidaridad de los madrileños, rápido y haciéndome muchas cuentas. Si al menos estuviese la cartera —la primera apaisada, como en las películas— con los carnets y las tarjetas, lo daría por bueno, aún sin el dinero. —Hombre Navarro, que sorpresa. —Hola Manolo, dame un...

Hay que sentir la tierra en los pies, por F. Navarro

Los algarrobos son árboles altos y mediterráneos; tienen algo de Miró, o de Pla. Huelen a tramontana o a mistral

El tiempo amarillo, por F. Navarro

Las fotos viejas —algunas de color sepia—, nos entretienen y nos recuerdan la inexorabilidad del tiempo. Nos hacen pensar en la gente que sale retratada, nos evocan casi siempre anécdotas y pocas veces disgustos. O al menos eso creo. Las fotos viejas  —algunas de color sepia—, son como pinturas de Valdés Leal que nos advierten que todo pasará y que solo seremos halogenuro de plata fijado en un papel.  En casa —como en tantas— las fotografías estaban guardadas en una caja de lata de Cola-Cao (el alimento de los campeones). La caja tenía pintada en el culo una escena de...

«Las amargas preocupaciones van a abandonar hoy mi pecho», por F. Navarro

El hombre mira a un lado y otro de la carretera. La urraca está en medio de la calzada. Devora un conejo. O un gato. Despanzurrado por un coche. Las cigarras cantan, inquebrantablemente. A lo lejos, sobre la llanura, el horizonte se refleja en la carretera. La maría arranca la carne inmisericorde. El hombre vuelve a mirar, nervioso. La hierba de la cuneta le sirve de distracción unos pocos segundos; se toca la cara, pasa la mano a contrapelo y también en eso nota alivio. Incrédulo se mira las manos. No hay sombra, el sol está en el cenit....

Relojes, como excusa y desahogo, por F. Navarro

El reloj de la torre es el único superviviente de la Guerra del Fin del Mundo. Es blanco, sin números romanos, lleva inscrito en el centro el nombre de una relojería de Valencia y además, toca cuando le da la gana y quiere. Esa es la principal propiedad del ingenio, ha ido aprendiendo durante lustros cuando hacer sonar su aparato campanillero, la inteligencia artificial y mecánica le lleva a mover los badajos a las horas más insospechadas y molestas. —¿En qué se parece el reloj de la torre al pudridero de Pepe? —Qué se yo. —En que ninguno gasta chaleco. Otra característica son...

El niño Pedrito, por F. Navarro

Pedrito, de niño, era melancólico, algo grueso, indolente, comprensivo, alabancioso y entornaba los ojos al hablar. Pedrito, de niño, jugaba a elegir, con sus amigos, por medio de un complicado proceso de eliminación, al mejor futbolista de de una serie de estampas plásticas que venían de regalo en unos pastelitos, en aquellos tiempos en los que la bollería industrial no tenía la culpa de todos los males. Pedrito, de niño, si acaso no salía como ganador su jugador favorito, peroraba sobre el escaso entendimiento balompédico de sus camaradas. Eso sí, con gesto adusto, cabeceando y entornando, a la vez, la vista. Pedrito...

Culpemos al verano, por F. Navarro

La tierra está calcinada, rubia, suelta, polvorienta, desconsoladora y las cigarras cantan inmisericordemente: es el verano. El estío llega a esta tierra del señor inexorablemente. Ya lo dicen los viejos: —No te dejes engañar por el fresco. El calor está ahí, esperando. Los viejos manchegos, ya se sabe, siempre hablan sentenciando. Pero el aserto es cierto. Estamos (antes cada vez) en el pozo del calor con temperaturas de más de cuarenta grados, ¿qué vamos a hacer? Es el verano. La recurrente crisis nos ha regresado a las costumbres de antes. A dormir con las ventanas abiertas, con lo que vale la luz cualquiera...

Un cuento en el tren, por F. Navarro

Los departamentos de los expresos eran propicios para hacer nuevas amistades

El encaje de Bruselas: un crimen futuro, por F. Navarro

De todo lo malo, lo peor que le pueda pasar a un hombre es irse convenciendo poco a poco de que es un inútil, de que no vale para nada. Si se convence de golpe, a lo loco como si dijésemos, no hay peligro. Cualquier mañana se le volverá a olvidar. Que se vaya convenciendo despacio, con cuidado, a recalcamaza y no habrá nadie que le quite esa idea de la cabeza. Enflacará con el tiempo, le aclarará la color y dejará de dormir por las noches. El insomnio es el mal de los criminales y de los desterrados...

La vida contemplativa, por F. Navarro

José Antonio, entornaba los ojos para hablar, revistiendo su charla —lo que fuese— de misterio e importancia. A veces de pretenciosidad, dicho sin ánimo de nada. Tenía el pelo rizado, la frente descubierta y extrañamente estrecha; sin llegar a los tres dedos reglamentarios. Su aliño era calculadamente desaliñado. El indumentario, claro: José Antonio era machadiano entre otras muchas cosas. Le daba miedo la ouija, odiaba el realismo fantástico, adoraba a Canetti y leía a Cunqueiro. También, desde su pacatez, admiraba el desenfreno de los otros: cachis la mar, si él tuviese valor iba a estar una semana de juerga y...