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¿QUÉ ES EL DUELO?


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La mayor parte de nosotros ha sufrido alguna pérdida en algún momento de nuestra vida y, en cierta manera, todos hemos experimentado este proceso tan doloroso que supone una despedida. Denominamos duelo al camino que recorre una persona desde que sufre una pérdida de alguien o algo importante hasta que acepta esa realidad y aprende a vivir tras el cambio.

El duelo humano se define como una reacción adaptativa natural, normal y esperable ante la pérdida de un ser querido. El duelo no es una enfermedad, aunque resulta ser un acontecimiento vital estresante de primera magnitud, que tarde o temprano hemos de afrontar, casi todos, los seres humanos. La muerte del hijo/a y la del cónyuge, son consideradas las situaciones más estresantes por las que puede pasar una persona.


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CARACTERÍSTICAS DEL DUELO

  • Es un proceso único e irrepetible, dinámico y cambiante momento a momento. Diferente entre personas, familias, culturas y sociedades. No es un proceso que siga unas pautas universales.
  • Se relaciona inequívocamente con la aparición de problemas de salud:
    • El riesgo de depresión en viudos/as se multiplica por cuatro durante el primer año.
    • Casi la mitad de viudos/as presentan ansiedad generalizada o crisis de angustia en el primer año.
    • Aumenta el abuso de alcohol y fármacos, la mitad de las viudos/as utilizan algún psicofármaco en los 18 primeros meses de duelo.
    • Entre un 10-34 % de los dolientes desarrollan un duelo patológico.
  • El duelo aumenta el riesgo de muerte principalmente por eventos cardiacos y suicidio.
  • La población en duelo demanda un mayor apoyo sanitario, incrementando el consumo de recursos. Este hecho quizá se debido a la pérdida de las redes sociales y con ellas de muchos de los recursos clásicos para el doliente (familiares, religiosos, vecinos, amigos, compañeros de trabajo…). En un reciente estudio realizado en atención primaria la tasa promedio anual de consultas al centro de salud resultó ser un 80% mayor entre los dolientes que en el resto de la población. En otros estudios se obtienen resultados similares; en viudas el número de consultas se dispara en un 63% en los 6 primeros meses y en viudos se multiplica por cuatro durante los 20 primeros meses.

LAS TAREAS DEL DUELO 


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Todas las personas llevan a cabo una serie de tareas, y cuando las completan podemos decir que se ha culminado el duelo. Estas cuatro tareas o pasos son:

  • Tarea I: Aceptar la pérdida.

No es nada fácil aceptar que el ser querido ha fallecido y no regresará jamás. Para aceptarlo puede ayudar hablar de la pérdida, contar las circunstancias de la muerte, visitar el cementerio o el lugar donde se esparcieron los restos. etc.


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Aceptar la pérdida puede resultar especialmente difícil si la muerte fue inesperada o violenta o si no se pudo participar en los ritos funerarios, si no se recuperó el cadáver, si se trata de la muerte de un niño, etc.

  • Tarea II: Desahogar el dolor.

Durante esta etapa se experimentan y se expresan todas las emociones: tristeza, rabia, miedo, impotencia, desesperación, culpa, etc. A veces las personas que quieren ayudar no soportan a su vez que el doliente llore, se enfade, dude de su fe, etc. Sin embargo, el dolor pasa, como una tromba de agua, si se le deja espacio para salir.

  • Tarea III: Aprender a vivir sin el fallecido.

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Suele haber muchos trámites y papeleo en torno a una muerte, y no sólo eso, sino una reorganización emocional, social y práctica para que todo siga funcionando sin el difunto. Una viuda, por ejemplo, tendrá que hacer lo que antes hacía su marido, tomar la iniciativa para llamar a los amigos, retomar ella sola la educación de los hijos.

  • Tarea IV: Despedida y reubicación.

Finalmente, debemos tener claro que jamás olvidaremos al difunto y debemos darle un lugar en nuestro recuerdo, pero con la vista puesta al frente, hacia la vida que queda por disfrutar y las personas que quedan por amar. No es necesario volverse a casar, ni tener otro hijo más, sino, ser capaz de poner la energía y la atención en otras personas del entorno. En historias de relaciones difíciles es el momento de perdonar al difunto o de aclarar sentimientos de culpa o tareas pendientes.


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Normalmente, no se pasa de una tarea o una fase a otra y después a otra, sino que se dan pasos adelante y atrás constantemente, dependiendo de las fechas importantes, de otro fallecimiento posterior, etc. Esto desconcierta mucho a los allegados, que no saben exactamente si el duelo ha acabado o no, y pueden incluso cometer el error de decir “vamos, ya habíamos terminado con esto…”.

Los vaivenes suelen ser temporales. Hay que mostrar una mezcla de paciencia y de impulso hacia adelante que en ocasiones no es fácil, máxime cuando las personas que intentan ayudar también comparten el mismo apego al difunto y sufren su propio dolor. Podemos decir que sí ha acabado cuando la persona es capaz de adaptar su vida a la ausencia, se siente práctica y emocionalmente viva, siendo capaz de disfrutar y amar a otras personas.


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Hay ocasiones en las que el proceso de recuperación normal se queda estancado en alguna parte del proceso, es decir, en alguna de las cuatro “tareas” del duelo. Es en estas ocasiones cuando se hace necesario trabajar sobre ello en profundidad, incluso pedir ayuda profesional.

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