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decir no

Algunos artículos atrás hablamos de P. y su incapacidad para poder decir que NO en aquellas situaciones en las que deseaba hacerlo. Hoy retomamos recordando los tres estilos que predominaban en el continuo de la comunicación con los demás para poder explicar mejor las estrategias que podríamos llevar a cabo para mejorar nuestra “salud social”.


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Por un lado estaba el estilo de comunicación más pasivo, en el que la persona no era en absoluto capaz de manifestar sus deseos y opiniones, dejándose invadir por los demás y violando sus derechos. En el otro extremo tenemos el estilo agresivo, en el que la persona hace un uso humillante de las relaciones, ofendiendo e imponiendo su opinión y sus derechos por encima de los demás. Por último, y como punto intermedio, tenemos el estilo más asertivo, que es el que nos permite expresar nuestros deseos, pensamientos y opiniones sin hacer de menos los derechos de los demás.

Hoy dedicamos este espacio a mencionar algunas estrategias que nos acercarán más a este estilo de relación con los demás. Es importante resaltar que no se puede aprender a decir NO de una forma aislada, sino que también es necesario aprender otras estrategias como hacer peticiones, expresar criticas o recibirlas, etc.


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Para aprender a decir NO, lo primero que debemos hacer es comprender los motivos por los que la otra persona nos está haciendo una petición. Esto se denomina EMPATIA y, al ser capaces de esto, podremos decidir mejor si deseamos aceptar o rechazar su petición. Por ejemplo, supongamos una situación en la que un conocido nos pide que le acerquemos al aeropuerto. Si paramos a pensar en los motivos por los que nos hace esta petición y llegamos a la conclusión de que lo hace “porque allí no se puede aparcar bien y no tiene a quien más pedírselo” será diferente a si concluimos “que es un rata que se quiere ahorrar la gasolina y prefiere que la gaste yo”. Tener empatía nos facilita la toma de decisiones posterior. Vamos a suponer que nuestra conclusión es la segunda y nuestra intención es decirle que NO. Es importante entonces poner en marcha 2 estrategias:

  • Decir abiertamente mi objetivo sin exceso de justificaciones: Cuando tenemos dificultades para decir que no solemos buscar excusas que no son reales o incluso mentimos para no hablar directamente de mi objetivo. Las excusas o mentiras nos hacen sentir incómodos y además puede que nos pillen.
  • TÉCNICA DEL DISCO RAYADO: Consiste en decir una frase de negación tantas veces como sea necesario hasta que la otra persona desista de su petición. “No tío no puedo, tal vez en otra ocasión”.

No hay ninguna ley que me obligue a responder las preguntas que me hacen, soy yo quien decide a quien respondo sus preguntas. La mayor parte de la gente tiene en su repertorio un número determinado de NO, así que sólo tengo que ser capaz de insistir más allá de su capacidad (si su número de NO son 7, sólo tendré que insistir ocho veces para salirme con la mía). Es importante resaltar que está técnica es útil con personas de poca confianza y para situaciones muy especificas. Cuando se trata de alguien de mayor confianza o incluso de mayor rango o jerarquía podemos poner en marcha otras estrategias.


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TÉCNICA DEL SANDWICH: Consiste en hacer una crítica poniendo antes y después dos cualidades positivas. Esta técnica es útil tanto para hacer críticas como para decir No y rechazar una petición.

Por ejemplo, un compañero de la oficina te pide que le ayudes a terminar un informe. Tú estás muy atareado en ese momento y, cuando analizas la situación de forma empática, concluyes que su petición puede estar motivada porque es nuevo en la empresa y no se siente seguro todavía. Una posible respuesta asertiva basada en esta técnica podría ser: “Agradezco que confíes en mi para ayudarte, pero en estos momentos tengo mucho trabajo y no voy a poder echarte una mano, pero me encanta que hayas confiado en mí para hacerlo y si te parece podemos sacar un hueco mañana que lo tengo más libre a última hora”. Como vemos, he podido expresar mis deseos y opiniones libremente, no he violado los derechos de la otra persona y, además, le he ofrecido una alternativa a su petición.



Estás dos técnicas de forma aislada pueden resultar insuficientes para mejorar las habilidades sociales, pero integradas en una terapia psicológica y bajo supervisión y consejo de un terapeuta pueden lograr que nos sintamos a gusto con nosotros mismos y con las relaciones sociales que mantengamos. Como vemos, ir al psicólogo no es cosa de locos, también nos puede facilitar la adquisición de habilidades que nos ayuden a nivel social y personal.

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Ana Gómez Mensayas

Ana Martín Hernández


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