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Las Madrinas y sus manchegos vestidos de gala. Las autoridades trajeadas presidiendo el desfile. La pregonera con sonrisa de oreja a oreja. Los coros y danzas paseando sus folklóricos y costumbristas trajes. El final de la calle Concordia. La Pólvora y sus luces. Niños encaramados en los hombros de sus padres. Unos minutos y todo aplausos.



Los tomelloseros y tomelloseras de a pie llevan a “los muchachos” a montarse en “los cochecitos”, mientras la bruja del tren da escobazos en las cabezas de los pequeños a diestro y siniestro.

Los jóvenes se preparan para hacer botellón “allí, en las calles de detrás”, mientras se oyen los primeros acordes en Los Chiringuitos. Aún queda mucha noche.

Los niños se lo pasan bien, pero cuando bajan “sofocaos” de las colchonetas y le tienen que dar la mano a sus padres, es otra cosa.



Un “hermano” y su señora llevan bastante tiempo tentando a la suerte en La Tómbola. “Esa batidora tiene que ser mía”, reza la buena mujer para sus adentros. ¡Línea, línea!, cantan por allí.

El puesto de los gofres a rebosar. Un joven matrimonio lleva ya una hora esperando para pedir dos gofres con chocolate. Mientras, el avinagrado olor a berenjenas revuelve las tripas al treintañero. Ella se ha empeñado en el gofre, ¡qué le vamos a hacer!

Una niña le pide fervorosamente a su madre esa muñeca con orejas de gato y colmillos que se llevan tanto. El movimiento de cabeza de la mujer indica a la niña que “nanai de la china”. Esta se encapricha de otro muñeco, esta vez un “Babyborn”. La misma cantaleta.



Y todo igual: los puestos que cada año ofrecen lo último en moda a precios “low cost”(baratillos, para aclararnos), las almendras garrapiñadas con su olor dulzón, los meneos que sufren padres y niños en El Pulpo, los juguetes , las navajas, los turrones…“Todos los años lo mismo”, se queja una adolescente con ansias de nuevos horizontes. Después da un resoplido de esos de morir de aburrimiento.

Sí, es verdad, la esencia de La Feria es eso, costumbre. Bien es sabido que nuestras autoridades cada año se quiebran la cabeza para idear nuevas actividades, concursos, conciertos… que hagan moverse a los ciudadanos. Pero en esencia, La Feria no cambia.

Pero las buenas cosas son las que perduran siempre, las que se mantienen incorruptas. Por esos son buenas y por eso gustan a todo el mundo. Yo, personalmente estoy deseando vivir todas y cada una de estas cosas un año más. Y sé que vosotros también os morís de ganas.



Por ello y por todas estas cosas que compartimos los tomelloseros cada año, clamo al cielo: por favor, ¡que La Feria no cambie nunca!

Feliz Feria y Fiestas 2014 a todos y todas.



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