Salones Epilogo

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La esquizofrenia es un trastorno mental con tendencia a la cronicidad que se caracteriza por síntomas psicóticos (delirios y alucinaciones) y otros como trastornos de pensamiento, de la afectividad y de la conducta ocasionando, por tanto, un deterioro general en el funcionamiento de la persona que la padece en su capacidad para pensar y actuar, controlar sus emociones, tomar decisiones, relacionarse con los demás, tomar decisiones, etc. Según apunta la investigación, afecta igual a hombres que a mujeres, aunque éstas tienden a desarrollar los síntomas más tarde. Puede aparecer en personas de todas las esferas sociales y grupos étnicos. Se trata de una enfermedad compleja que se puede manifestar con síntomas muy diferentes y cuyas diferencias individuales son también enormes, de ahí que muchos expertos se refieran a esta enfermedad en plural, como las esquizofrenias. Delimitar cuál o cuáles son las alteraciones cerebrales adyacentes al trastorno, conocer su impacto en el pensamiento, las emociones y la conducta del paciente con esquizofrenia es un constante esfuerzo para clínicos e investigadores que cada día se enfrentan al reto de conocer más esta patología. Y además, lo hacen con gran ilusión y esperanza, confiando y comprobando que cada día son más las personas que llevan una vida totalmente normal y adaptada.


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Los datos de la OMS exponen que la incidencia anual de la esquizofrenia se sitúa aproximadamente en el 1% de la población entre los 15 y 54 años de edad, sin existir diferencias entre los distintos países. Siguiendo estos datos, se calcula que unos 43.000.000 de personas sufren la enfermedad en todo el mundo, de las cuales 3 millones son ciudadanos de la Unión Europea. Y por supuesto, no podemos olvidar a todos los familiares que sufren indirectamente sus efectos, con lo que la cifra de afectados de forma directa o indirecta se engrosa mucho más.

En cuanto a la sintomatología de la esquizofrenia, desde tiempos de Kraepelin y Bleuler, existe una tendencia a hacer una clasificación en dos grandes subgrupos que engloban por un lado “síntomas positivos” o “floridos” y por otro “síntomas negativos”. Sería Crow (1985) quien introdujera el concepto de “doble síndrome” y concretara la dicotomía “síntomas positivos / síntomas negativos”. La investigación posterior cuestionó la estricta dicotomía de Crow sugiriendo que los síntomas de la esquizofrenia pueden hacer referencia al menos a tres síndromes “positivo”, “negativo” y “desorganizado” (Liddle, Barnes, Morris y Haque, 1989; Peralta, León y Cuesta, 1992). Actualmente, se asumen las categorías “síntomas positivos/ síntomas negativos” y la de “desorganizado” se ha sustituido por la de “síntomas cognitivos”. No obstante, hay que tener en cuenta que los síntomas pueden presentarse en diversas combinaciones y grados, en función de diferencias individuales. A menudo, muchos pacientes sufren también síntomas de excitación, depresión y ansiedad. En forma de resumen, podríamos decir que los “síntomas positivos” tienen que ver con percepciones y pensamientos extraños, alucinaciones, delirios y paranoia. Los pacientes que experimentan alucinaciones pueden ver, oler, saborear u oír cosas que realmente no existen. A menudo, los pacientes escuchan voces que les hablan o comentan lo que están haciendo. Estas voces pueden ser amenazantes y dar ordenes o sugerir pensamientos desagradables. Los síntomas positivos de la esquizofrenia suelen controlarse con tratamiento farmacológico. Los “síntomas negativos”, en cambio, provocan una perdida de funcionalidad, como apatía, aislamiento social y dificultad de concentración. Estos síntomas causan en los pacientes una sensación intensa de aislamiento y de abandono. Son síntomas más difíciles de detectar como parte de la esquizofrenia y pueden confundirse con depresión o pereza. Los “síntomas cognitivos” hacen referencia a la capacidad de concentración y de organización de las actividades diarias. El paciente puede comenzar una frase y dejarla a medias porque pierde el hilo del pensamiento. Estos síntomas hacen parecer confusos a los pacientes y pueden interferir, en alguna medida, en su capacidad para llevar una vida normal, causando más angustia emocional.


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Se suelen distinguir tres fases de evolución en la enfermedad; una primera, la fase prodrómica que se caracteriza porque la persona muestra cambios graduales en el humor (desgana, apatía) y el comportamiento. Se produce un gran impacto en sus relaciones sociales por la tendencia al aislamiento. Algunos pacientes reconocen estos síntomas como una señal de alarma de recaída en la fase aguda. La fase aguda o activa, sería la segunda de ellas, donde los síntomas típicos de la esquizofrenia de hacen manifiestos y evidentes. Es posible que aparezca alguna crisis que requiera el ingreso del paciente en un hospital y por supuesto, es necesario un tratamiento multidisciplinar del paciente (farmacológico, psicológico, social) y muy conveniente el apoyo profesional también a los familiares. La tercera fase, es de carácter residual y es la etapa en que la enfermedad se estabiliza y comienzan a desaparecer los síntomas más preocupantes. Sin embargo, algunos síntomas como la falta de energía o el aislamiento social pueden persistir. Esta fase puede durar varios años, interrumpida a menudo por recaídas en la fase aguda.

Hasta ahora no se puede precisar cuáles son sus mecanismos etiopatológicos, en definitiva su causa. Aunque se ha localizado que hay un componente genético (alrededor del 10 % de los pacientes tienen algún pariente cercano con la enfermedad), la genética por si sola no parece explicar su aparición. Al igual que sucede con otras enfermedades, parece que la esquizofrenia puede estar causada por una combinación de factores, incluyendo la predisposición genética y factores ambientales que pueden presentarse durante el desarrollo de la persona. Por tanto, resulta paradójico que siendo el diagnostico de esquizofrenia tan frecuente en el mundo, su definición, naturaleza y etiología, continúen siendo en el S. XXI preguntas abiertas y un reto para la ciencia actual, si bien es cierto que la investigación neurobiológica, el desarrollo de los psicofármacos y las aportaciones de las terapias psicológicas y sociales se ha conseguido disminuir sustancialmente el sufrimiento que conlleva la enfermedad y abren una puerta al aumento de la calidad de vida y bienestar de estas personas y quienes les rodean.

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