Un día que se conmemora desde el año 2018, gracias a un gobierno PP, que fijo esa fecha en el calendario, como día Nacional de la conciliación de la vida personal, familiar y laboral y corresponsabilidad en la asunción de responsabilidades familiares.

El derecho a la conciliación, reconocido en la Ley de igualdad, ha quedado como casi todo en papel y la pandemia ha puesto el broche, evidenciando los graves problemas que existen en España para poder mantener el puesto de trabajo cuando decides tener familia, o cumples con el deber de cuidar a tus padres o familiares con discapacidad.

Una de las causas más valiosas que defendía y reclamaba el asociacionismo feminista, ha pasado a ser un tema baladí que se diluye en las guerras entre bandos ideologizados. Mientras unas y otras se pelean por quien ostenta la marca del feminismo de excelencia, los efectos nocivos de la falta de apoyo a la conciliación, se trasladan en coste laboral, personal y emocional para las mujeres.

Mientras tanto, seguimos con los mismos obstáculos, aunque se haya realizado una gran inversión en equiparar los permisos entre hombres y mujeres. Todavía los permisos no retribuidos, y en definitiva los cuidados tienen rostro de mujer.

Las brechas de género se han ampliado como consecuencia del Covid, y el paro femenino no remonta, lo que se traduce en muchas ocasiones, en dependencias de una subvención o de una ayuda que resulta ser pan para hoy y hambre para mañana.

En el gobierno de la región se olvidaron de sus programas electorales sociales, se olvidaron de cumplir sus promesas, Aquellos compromisos olvidados, de creación de estructura en igualdad, de apoyos en conciliación, en las instituciones autonomícas y municipales, sobre todo en nuestra tierra donde han pasado gobiernos de izquierdas que se mantienen abanderando políticas sociales, que abandonan a las mujeres.

Picazo de Nova / TurboSeguros

Mientras tanto las familias, tienen que hacer malabares para poder conciliar vida laboral y familiar atravesando una de las situaciones más graves que hemos conocido, en vez de invertir en recursos de apoyo a la conciliación permanente, en un gran plan de apoyo a la familia, con medidas como la creación de guarderías públicas, o en reducir la carga económica y fiscal de las familias con una natalidad en caída libre también en las familias monoparentales encabezadas por una mujer 97.000 en toda la región según un estudio elaborado por el Instituto de la Mujer en 2018.

Mientras muchas empresas y países están intentando cambiar horarios y formas de trabajar para mejorar la productividad de los empleados y empleadas, ayudar a conciliar, motivar, y evitar la ansiedad y el estrés que genera la falta de equilibrio entre vida personal, familiar y laboral, en instituciones gobernadas por el socialismo, siguen sin invertir en recursos o sin saber gestionar los que ya existen como el Plan Corresponsables, vendido a bombo y platillo, y que en algunas ciudades como Ciudad Real, se va a perder por mala gestión, casi 300.000 euros que no van a ir destinados a las familias para apoyo a la conciliación. Esta oportunidad, materializada en dinero público, para apoyo de familias, para que los cuidados se profesionalicen para que los hombres se incorporen también a los cuidados, y para proteger a la infancia como sujeto activo del derecho a conciliar tanto propio como de sus progenitores.

Una ciudad de las oportunidades, una región de oportunidades es aquella que ofrece empleo, y recursos para que las personas que quieran trabajar puedan compatibilizar su vida con la familiar y con la personal, y que obtener un empleo no sea un obstáculo para poder decidir ser madre o padre. Pero con las políticas que nos gobiernan, los empleos que se siguen ofreciendo a las mujeres vuelven a reproducir el rol de cuidadora, en muchas ocasiones en economía sumergida, empleo devaluado empleo en precario, que sirve para hacer crecer aún mas las brechas de género, eso si sin que los gobiernos llamados progresistas y sociales, pierdan en todo momento la bandera de la igualdad, aunque generen lo contrario: mas desigualdad.




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