Querida Amalina:

Esta carta está escrita desde el cariño y el afecto que muchas personas, que hemos sufrido esta enfermedad, y nuestros familiares te profesamos.

Me hago eco de ese sentimiento hacia tu persona.

Nunca podremos agradecerte todo lo que has hecho por nosotras, por lo que siempre estaremos en deuda contigo.

Eres una persona que lo has dado todo por la AECC. Gracias a tu lucha, Tomelloso ha contado y cuenta con actividades y servicios para atender a las personas que padecen y sufren esta lacra.

Has sido y serás como una madre para muchas de nosotras, nos has cuidado y lo sigues haciendo. Eres fiel a tu lema “lo primero son las personas antes que las cosas”. Y es que siempre has dejado todo lo que estuvieras haciendo ante una llamada desesperada de una persona angustiada por el sufrimiento de la enfermedad.

Recuerdo, como si fuera ayer, cuando te presentaste con un libro en blanco en mi casa y me dijiste que escribiese las cosas buenas que iba a sacar de esta experiencia. Qué difícil me pareció entonces pensar en algo bueno de todo aquello. Sin embargo, lo hice y creo que no me equivoco si te digo que todas hemos escrito tu nombre en esas páginas en blanco. No cabe duda de que tú has sido una de las mejores personas que se han cruzado en mi camino, pero no solo para mí, sino para la mayoría de las que hoy nos encontramos aquí.

Has sido nuestra muleta, nos has puesto rosas en un camino de espinas y has conseguido despertarnos una sonrisa, incluso en nuestros momentos más bajos.

Imposible no reconocer tu entrega altruista, tus horas de dedicación infinita al servicio de la sociedad, pues las personas que han experimentado las mayores tristezas, como puede ser sufrir esta enfermedad, son las que siempre se esfuerzan más en hacer felices a los otros, porque ellos saben en carne propia lo que es sentirse desolados y abatidos, y no quieren que nadie más se sienta así.

Amalina, eres una persona irremplazable. La familia de la AECC te estará siempre agradecida, pues eres un referente a seguir y nos has enseñado una visión de la vida que nos marcará eternamente.

Que te queremos, eso ya lo sabes, porque nos es muy fácil decírtelo a diario. Tú nos has enseñado que hay decirnos lo que sentimos porque luego puede ser tarde.

En definitiva, Tomelloso tiene que estar muy orgulloso de su vecina ejemplar por su extraordinaria vocación, que no es otra que ayudar a los demás.

Por todo esto y más, GRACIAS, GRACIAS Y MIL VECES GRACIAS, AMALINA.

Afectadas por el cáncer en Tomelloso




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