El título de este artículo está inspirado en la película dirigida por Manuel Gómez Pereira: ¿Por qué le llaman amor cuando quieren decir sexo?

No es la elección debido a que la cinta sea de mis preferidas. He elegido esta referencia porque me viene al pelo a la hora de opinar sobre ese “deje” tan español de: llamar a las cosas por nombres que no las definen y que más bien las muestran encubiertas. Un ejemplo, el debate sobre la coerción de la libertad de educación que parece ven algunos sectores de la sociedad por la Ley Celaá.



En el medio rural esta coerción no ha sido nunca tal, porque nunca tuvimos la posibilidad de elegir (e igual hay que dar gracias a Dios por esa falta de elección, que Dios escribe muchas veces con renglones torcidos). Aquí, en lo rural solo hay educación pública, punto y final. Y honrados que nos sentimos de ello quienes nos educamos rurales.

Me da por esto que, eso de la libertad de educación va más de dineros y no de libertades.

En los pueblos de la España vacía sus gentes no optan entre colegios públicos y colegios concertados. Los segundos simplemente no existen y no por eso somos menos libres.

Igual me equivoco, pero creo que los centros educativos concertados no han dejado aposta a esa España relatada por Miguel Delibes, sin esa “libertad” que tanto aman. Seamos serios: no están porque las cuentas no les salen. La educación concertada va de dinero.

Por eso, es cuestión de matizar.

Los padres en este país tienen la libertad de educar a sus hijos e hijas, que yo recuerde, desde la aprobación de la Constitución del 78. Mis padres fueron libres en mi pueblo para educarme como quisieron. ¡Ah! no olvidemos que la educación es una cosa y la instrucción es otra. Es hacer trampas mezclarla.



Me educaron libremente en la ética y en los principios cristianos (que no nacional-católicos) y siempre fui libre para elegir si seguir ese camino. Elegí seguirlo. También, lo hicieron a su manera en los principios de fraternidad, igualdad y solidaridad. Nunca me he apartado de ellos. Me llevaron a catequesis y a confirmación sin que nadie se lo prohibiera. Pero soy de los que piensa que la religión en las aulas debe quedar fuera.

No sé, si me hubieran llevado a un colegio concertado, creo que no. Pero repito, no había en mi pueblo ninguno. Ósea que, su decisión no fue cuestión de libertad, fue una cuestión de oportunidad y de euros (en aquellos entonces pesetas).

Me quedó claro esto del dinero en la instrucción concertada y privada cuando de mayor, después de formarme en diferentes Universidades públicas (con beca), ahorrando, ahorrando puede elegir acudir a la educación privada. Nunca fui coartado, siempre fui libre. Solamente hasta ese día no había tenido dinero para pagarla.



Dejar respuesta

Por favor, introduce tu comentario
Por favor, introduce tu nombre