ramon gonzalez viñadores
Entrega a Ruphert del Viñador de Honor en 1997
Fotografía: Pasos

Escribir sobre los Viñadores de Tomelloso, esa distinción que, en diversos ámbitos de la vida social, económica y cultural de nuestro pueblo, se otorga  en el marco de nuestras fiestas mayores, me resulta  fácil y emotivo.

Como alguna vez he escrito y comentado era la primavera de 1996, ya  se andaba pensando en hacer un programa de Feria y Fiestas un  poco especial. En el borrador de ese trabajo previo, que aún conservo, figuraban nombres como los de Ansón, Antonio López García, la Cooperativa Santiago Apóstol. Cada cual por un motivo diferente. También entre las notas  con las que se trabajaba, para configurar definitivamente el programa de  fiestas, apunté  la manera de elevar la categoría y cuantía de los premios de la Fiesta de las Letras,  los bailes del vermut, etc.

Todo ello fue conformando, aunque no todo en el mismo momento, un marco diferente para el programa festivo que llegó a realizarse completamente en 1997. Ya previamente, el año 1995, se habían recuperado los bailes  y actuaciones en los jardines del parque, la cena fin de feria y el amadrinamiento de los actos de nuestras fiestas por chicas representantes de las  diversas asociaciones  y entidades de Tomelloso.

El entusiasmo y lógicamente el apoyo de mi  grupo municipal fue excelente y la movilización, que realizaron todos y cada uno de los concejales de mi  equipo de gobierno, fue extraordinaria. Todo ello fue resultando bien.

Pero en ese marco de cambio de estilo de la feria y fiestas yo echaba de menos algo… Veía incompleta la idea y esencia de nuestra feria. Teníamos el  día de la Virgen, el día del ausente, la distinción a los pintores y escritores, la muestra de nuestros productos agroalimentarios, etc. pero a mi entender faltaba el día de los tomelloseros, de esas personas y entidades que son  ejemplo de implicación con el desarrollo de nuestro pueblo. Era  como homenajear a Tomelloso desde la representación oficial del  Ayuntamiento.

Aquella idea la plasmé en el Acto de los Viñadores, que por primera vez se realizó en 1997 en el marco de la recién remodelada Estación de Ferrocarril de Tomelloso. La elección de ese espacio no era casual, tenía toda la simbología de reconocer el esfuerzo de los  tomelloseros por Tomelloso y D. Francisco Ramírez Martínez, era excelente padrino “in memorian” de todos los viñadores de nuestro querido pueblo, apadrinamiento reforzado con la presencia de los magníficos retratos de tomelloseros insignes realizados por Juan Yáñez.

Tomelloso es un pueblo  en el cual la palabra  EXCELENCIA debe ser el  apellido de todos sus hijos a lo largo de su historia. La excelencia, la dedicación, el impulso, el riesgo, la generosidad, el voluntarismo,  la creatividad, el empeño…, que caracteriza a los tomelloseros, deben ser distinguidos con el afán pedagógico de contagiar ese sentido de la vida; la idea del avance se fundamenta en todas las cualidades antes enumeradas.

Y el viñador o viñero de nuestro pueblo logró transformar tierras baldías en productivas, secanos en regadíos, vinos en excelentes brandis y licores.

 Nadie, aunque estuviera poco vinculado con el mundo del campo, podría hacer mal guiño a que fuese la palabra VIÑADOR el distintivo, que la sociedad de Tomelloso y su Ayuntamiento, otorga  a   la notabilidad en cualesquiera de los ámbitos de la vida local.

Me alegro mucho, dieciséis años después, del arraigo de esa idea parida desde lo más profundo de mi  amor a Tomelloso y sus gentes. Me congratulo de haber apadrinado, ya seis veces, a distintos colectivos y personas que son dignísimos merecedores de esa distinción.

Este año, ese especial afecto a cuanto los viñadores representan, tiene connotaciones extraordinarias pues todos y cada uno de los distinguidos forman parte de mi vida, más o menos reciente, y de las implicaciones personales y afectivas que toda historia personal va asimilando.

Ente ellas mi especial felicitación a Pedro, mi compañero de clases de verano en  la infancia y  de juegos en el barrio. A Antonio, el cura de Cáritas, juntos formamos un tándem perfecto en el cual el pedaleo es armonioso y coordinado para llevar a buen fin la labor de la iglesia con los más desfavorecidos. A Felipe y Oscar siempre en mi especial consideración y especialmente  por la experiencia reciente de compartir desvelos en  las noches de hospital. La SAT “San José” tan grande en honor y pundonor como la más grande en su ámbito, hoy excelentemente regentada por un antiguo alumno. Y por alumnas está, en parte, nutrido el coro juvenil. Se unen, en todos los casos, en mi felicitación el reconocimiento y el aprecio. FELICIDADES.

Pero ser viñadores es un compromiso. Siempre hacer honor a Tomelloso, en  todos los momentos sentir y pensar con los mejores valores de la Tomelloseria y estar dispuestos, todos los días, a arrimar el hombro,  y hombro con hombro, para un  mejor futuro que honre el honorable pasado de nuestra ciudad.

Tomelloso, 7 de agosto de 2013.

Ramón González Martínez de Cepeda.



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