La Dirección General de Humanización y Atención Sociosanitaria de la Consejería de Sanidad ha aprobado la convocatoria de subvenciones destinadas a personas diagnosticadas de esclerosis lateral amiotrófica (ELA) y otras enfermedades o procesos de alta complejidad y curso irreversible en Castilla-La Mancha para el año 2026. Así lo recoge el Diario Oficial de Castilla-La Mancha (DOCM) este lunes, según informa Europa Press.
El objetivo de estas ayudas es proporcionar apoyo económico a los afectados para cubrir gastos asociados a estas enfermedades y facilitar el acceso a recursos especializados. La cuantía máxima a conceder será de 4.000 euros por persona beneficiaria, con un presupuesto total asignado de 500.000 euros para la convocatoria.
El plazo para presentar solicitudes comenzará este martes, 24 de marzo, y se mantendrá abierto hasta el 30 de junio de 2026. Las solicitudes deberán dirigirse a la Dirección General de Humanización y Atención Sociosanitaria y podrán presentarse de forma telemática, mediante firma electrónica, a través del formulario disponible en la sede electrónica de la Administración.
También se permitirá la presentación presencial en cualquiera de los registros y por los medios previstos en el artículo 16.4 de la Ley 39/2015, de 1 de octubre, del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas.
La medida busca aliviar la carga económica de quienes padecen ELA y otras enfermedades de alta complejidad, facilitando el acceso a tratamientos y recursos especializados durante el año 2026.
El Club Triatlético Tomelloso participó este sábado 21 de marzo en el Campeonato de España de Duatlón Contrarreloj por Equipos, celebrado en Ciudad Real, dentro de un evento que reunió a más de 3.000 duatletas entre categorías masculinas y femeninas. La entidad tomellosera compitió con un equipo masculino y otro femenino, firmando una actuación que refuerza su presencia en el panorama nacional.
El equipo femenino, integrado por Marisa Prieto, María José Milla, Ana López y Laura Rosales, logró una destacada 14ª posición. Más allá del resultado, su participación vuelve a marcar un hito para el club y para Tomelloso, al tratarse de la segunda ocasión en la que cuenta con representación femenina en este campeonato.
Desde el propio club valoran este avance como “un reflejo del crecimiento de la sección femenina y del trabajo que se está realizando para impulsar la igualdad de oportunidades en la competición”, subrayando el paso adelante que supone su consolidación en una cita de máximo nivel.
Por su parte, el equipo masculino, formado por Fernando de la Calle, Jesús Huertas, Antonio Peinado, César Rodrigo, Alonso Villagordo y Godofredo Sevilla, finalizó en la 34ª posición en una prueba exigente y de alto nivel competitivo. La actuación estuvo marcada, según destacan desde la entidad, por “el esfuerzo y el compromiso” de todos sus integrantes.
El campeonato, con salida y meta en el estadio Juan Carlos I y recorridos por el entorno del campus universitario, volvió a situar a Ciudad Real como epicentro del duatlón nacional durante el fin de semana. En este contexto, la participación del Club Triatlético Tomelloso se cierra con un balance positivo, especialmente por el impulso que supone para su equipo femenino, que continúa abriéndose paso en el ámbito deportivo nacional.
Tomelloso se sentó este sábado a escuchar. A escuchar de verdad. En el auditorio del Museo López Torres, con el 40 aniversario del centro como telón de fondo y con los 90 años de Antonio López García todavía muy presentes en la memoria reciente de la ciudad, “Tres miradas sobre el arte” acabó siendo algo más que un diálogo entre tres pintores. Fue una conversación pausada, de esas que avanzan sin prisa, entre recuerdos, ideas y confesiones; una clase magistral sobre la pintura, sí, pero también sobre la mirada, sobre el paso del tiempo y sobre la fidelidad a un mundo propio.
La concejala de Cultura, Inés Losa, abrió el acto subrayando el valor simbólico de la cita en un año “especialmente simbólico para la vida cultural de Tomelloso”, al reunir en la casa de Antonio López Torres a Antonio López García, Andrés García Ibáñez y Pepe Carretero. Después, Carretero condujo una charla larga, cómplice y viva, con un Antonio López generoso en la palabra y con un Andrés García Ibáñez que aportó contexto, genealogía y reflexión sobre el realismo español.
El resultado fue una velada de fondo y de raíz. Una conversación en tres tiempos: Tomelloso, López Torres y el arte.
Tomelloso, el amor primero
Hubo un momento en el que Antonio López dejó de hablar de pintura para hablar, sencillamente, de amor. De amor a un lugar. Y quizá ahí estuvo uno de los núcleos de la tarde. “Yo he estado enamorado de nuestro pueblo. Es lo que más he querido, aparte de dos o tres personas en el mundo”, dijo. No era una frase lanzada al aire. Venía cargada de memoria, de niñez, de viajes en autobús y de la emoción física del regreso: “Cuando me acercaba en el autobús, me latía el corazón. Es que era un enamoramiento enorme. Me parecía la ciudad más bonita del mundo”.
Ese Tomelloso que evocó el pintor no era solo un lugar, sino una forma de vida. Un pueblo escuchado también por sus sonidos. “Antes, en la noche, en la madrugada, oías cantar a los gallos. ¿Se oye algún gallo ahora en Tomelloso? ¿Qué ha pasado?”, se preguntó, dejando en la sala una mezcla de sonrisa y melancolía. También lamentó la pérdida de ciertas costumbres domésticas y rurales: “Yo siento que no se haga arrope, que no se haga mostillo como se hacía antes. Yo lo siento”.
A lo largo del diálogo, Antonio López volvió varias veces sobre la idea de que el cambio no es solo urbano o estético, sino vital. “Ese Tomelloso se ha hundido, ya no existe”, afirmó al recordar un dibujo de su tío y aquella casa antigua con las grietas marcadas en la pared. “Tomelloso era de otra manera”. Más tarde remató la idea con una frase áspera, casi de diagnóstico general: “El mundo se ha afeado, el mundo es feo ahora mismo”.
No era, sin embargo, una intervención nostálgica en un sentido cómodo o retórico. Había en sus palabras un intento de fijar qué se ha perdido y qué permanece. Porque el amor a Tomelloso no apareció como un sentimentalismo vacío, sino como una educación. “Todo lo que yo viví en esas personas, que no eran los señoritos de Tomelloso, eran los trabajadores, a mí me han servido como educación de la vida”, explicó.
Inés Losa, en su intervención inicial, ya había situado esa dimensión local y emocional del acto. Recordó la condición de Tomelloso como tierra de artistas y reivindicó el esfuerzo municipal por cuidar y proyectar ese legado, desde el eje museístico de la ciudad hasta futuros proyectos vinculados a las artes y las letras. Pero fue Antonio López quien terminó dando a esa idea una densidad distinta: Tomelloso no como marca cultural, sino como herida luminosa, como paisaje interior.
Y quizá por eso resultó especialmente revelador escucharle decir que ha empezado varios cuadros referidos a la ciudad. “Lo estoy haciendo. He empezado varios cuadros referidos a Tomelloso”, señaló. No desde la repetición de lo que fue, sino desde la conciencia de que él también ha cambiado. “Ahora Tomelloso ha cambiado, ha cambiado mucho, yo también he cambiado mucho”.
En ese mismo hilo, dejó una de esas frases que condensan toda una relación sentimental con el lugar de origen: “Yo quiero a Tomelloso. Yo no sé si Tomelloso me quiere o no, ni si me lo merezco. Yo quiero a Tomelloso”.
López Torres, el milagro silencioso
Si Tomelloso fue un eje del encuentro, Antonio López Torres fue su corazón. Todo volvió una y otra vez a él: a su pintura, a su autenticidad, a su silencio y a esa condición de maestro involuntario que sobrevoló toda la conversación.
Ahí Andrés García Ibáñez puso el armazón histórico. El director del MUREC defendió que la gran aportación española a la historia del arte europeo ha sido el realismo y situó a López Torres como una figura decisiva en esa genealogía, un precedente de la renovación realista que después continuaría Antonio López y el grupo de los realistas de Madrid. Para García Ibáñez, López Torres actualiza desde la intuición y la autenticidad una tradición netamente española.
Pero fue Antonio López quien llevó esa admiración al terreno de lo casi inexplicable. “Que surja López Torres a mí me parece algo que está contra todo. No ocurre más que aquí”, dijo. Y enseguida dejó una de las imágenes más poderosas de la tarde: “Dios le ha tocado con el dedo”. Después insistió en esa misma idea con otra formulación memorable: “Ese milagro que es López Torres, esa fuente tan limpia, con un agua tan pura”.
Para Antonio López, la singularidad de su tío está en que parece surgir sin deuda visible, sin apoyaturas evidentes, sin escuela reconocible detrás. “Mi tío decía algo que a mí me impresionaba, y me impresionaba porque sé que era verdad: que no se acordaba de nadie cuando pintaba”, recordó. Luego lanzó la pregunta al auditorio, como si aún le siguiera asombrando esa libertad radical: “¿Quién puede decir eso?”.
Ahí estuvo una de las claves de su defensa apasionada de López Torres. No como pintor local que merece ser querido por ser propio, sino como artista mayor, capaz de inaugurar algo nuevo desde una casa de Tomelloso, desde una galería, desde unas eras, desde un mundo en apariencia mínimo. “Cuando veo las cosas muy buenas de mi tío, yo nunca pienso en Velázquez, pienso en el mundo. Pienso en la vida. Pienso en mis abuelos. Pienso en los tomillos. Pienso en el paisaje de La Mancha”, afirmó.
“Mi tío no pinta nunca los símbolos. Pinta la vida”
En esa línea, insistió en que López Torres no pintaba símbolos ni construcciones retóricas, sino vida. “Mi tío no pinta nunca los símbolos. Pinta la vida”. Lo dijo al hablar de los molinos, ausentes en realidad del paisaje inmediato del pintor tomellosero, y de cómo, frente a otros, López Torres fue “fidelísimo” al mundo que tenía delante. “Cómo pinta las eras, cómo pinta el calor… Es una cosa verdaderamente impresionante”.
Pepe Carretero introdujo además una línea de lectura muy precisa cuando recordó que en la pintura de López Torres aparece algo poco frecuente en España: la vida doméstica. A partir de ahí, Antonio López explicó que su tío rozó ese territorio al pintar escenas familiares y cotidianas vistas en su propia casa, sin apoyarse en una tradición visible ni en una voluntad intelectual de modernidad. Ahí radicaba, en su opinión, parte de su rareza.
También apareció la dimensión humana del artista: la falta de reconocimiento, la precariedad, la protección escasa. Antonio López recordó que su tío daba clase, “ganándose su sueldecito”, y advirtió que la sociedad española “no ha valorado mucho, mucho, mucho a sus grandes hombres”. En ese sentido, habló de él como de un hombre vulnerable, poco protegido y más bien discreto. “No se le hacía mucho caso, y eso no era malo. Era un ciudadano más, que hacía un trabajo”, señaló. Más adelante abundó en esa idea: “No se le valoraba tanto”.
Andrés García Ibáñez reforzó esa reflexión al señalar que en España el artista rara vez ha sido tratado como una figura casi sagrada, a diferencia de otras tradiciones como la italiana. Y Antonio López completó el pensamiento con una frase que resumía bien esa peculiaridad española: “Aquí nadie es un dios”.
La conversación se detuvo también en el museo dedicado a López Torres. Antonio López defendió con claridad el edificio proyectado por Fernando Higueras, a quien conoció en sus años jóvenes en Madrid. Recordó que el arquitecto hizo aquí “un buen trabajo”, generosamente y movido por la admiración hacia su tío. Al mismo tiempo los tres han coincidido, en que el museo necesita crecer, renovarse y actualizar parte de su planteamiento museográfico. La obra de Higueras, vino a decir, sigue siendo valiosa; otra cosa es que el espacio necesite una nueva etapa.
El arte, la verdad y una forma española de mirar
La tercera gran línea del encuentro fue la reflexión sobre el arte en general, con especial atención al realismo y a la tradición española. Aquí la conversación se abrió, ganó vuelo histórico y se movió de Velázquez a Goya, de Sánchez Cotán a Picasso, de Dalí a Vermeer, de la pintura religiosa al paisaje, del Museo del Prado a París.
La intervención más sistemática en este terreno fue la de Andrés García Ibáñez, que defendió que la gran aportación de España a la historia del arte europeo ha sido el realismo, entendido no como mera copia, sino como una manera de mirar la realidad “sin maquillaje”, sin adulteración estética y sin retórica. Habló de una tradición española seca, despojada, verdadera, y trazó una línea que va del Greco y el Siglo de Oro a Goya, Zuloaga, Sorolla y, finalmente, al realismo contemporáneo.
Fue también Andrés quien situó a López Torres como eslabón decisivo de esa cadena y quien sostuvo que, en su irrupción, hay algo limpio, incontaminado, una renovación de la tradición realista española desde un hombre que no responde a la lógica de las modas ni de los movimientos. Su análisis encontró en Antonio López una réplica más intuitiva y más vivida, pero coincidente en lo esencial.
Antonio López recogió esa idea y la llevó a su propio terreno. “España tiene su realismo, que es el retrato del español”, vino a decir al comparar la tradición española con otras formas de figuración europeas. Y luego apareció la palabra que terminó organizándolo todo: verdad.
Pepe Carretero recuperó una reflexión anterior del pintor sobre el éxito, la verdad y la utilidad de la obra, y desde ahí la conversación se internó en un territorio resbaladizo y fascinante. Antonio López no quiso encerrarlo en una definición cerrada. Incluso ironizó cuando se le pidió mayor precisión. Pero a lo largo de toda la charla dejó formulaciones muy nítidas.
Una de ellas tuvo que ver con la autenticidad frente a la fórmula. Al hablar del paso del tiempo en la pintura, explicó que, cuando uno trabaja de verdad, no puede repetirse. Otra tuvo que ver con la prioridad de la experiencia viva sobre la construcción estética: “La creación de las cosas nuevas siempre es a través de la verdad, de una experiencia personal”.
En esa defensa de la verdad reapareció también el rechazo de Antonio López a los sistemas cerrados y a las recetas críticas. “Nunca se ha hablado del talento, porque todas las teorías las hacen los críticos, y los críticos creen en las recetas, en las fórmulas, pero nunca en el talento”, sostuvo. Para él, el ejemplo de López Torres resulta incluso incómodo para algunos porque enfrenta de forma directa con la evidencia del don: “Un hombre que nace, por gracia de Dios, con ese don”.
Andrés García Ibáñez intervino ahí para profundizar en otra derivada del problema: el peso de la historiografía. Según explicó, buena parte de la historia del arte español del siglo XX se ha contado desde categorías compradas a la tradición francesa y, en menor medida, a la americana, lo que ha llevado a privilegiar en España aquello que se parecía a lo que esas historiografías externas consideraban central. De ahí su crítica a una lectura del siglo XX español que, a su juicio, no siempre ha sabido reconocer lo más genuinamente español.
Ese análisis desembocó en un tramo especialmente vivo del coloquio, con opiniones fuertes sobre figuras canónicas. Andrés García Ibáñez sostuvo que Picasso, aunque indiscutible en su grandeza, es estéticamente un pintor parisino, mientras que Dalí o Miró responden también a genealogías menos netamente españolas que otras figuras realistas. Antonio López intervino varias veces en esa parte, matizando y desplazando el foco del estilo al carácter, al temperamento y a la verdad vivida de cada obra.
Hubo también espacio para revisar jerarquías y desprecios históricos. Antonio López reivindicó con pasión a Dalí, recordando que durante su juventud fue muy poco estimado en determinados ambientes artísticos. “Dalí, a mí me parece un ejemplo de pintor puro”, afirmó. Y añadió que, incluso en sus excesos o en su decadencia pública, había en él una intensidad plástica y vital extraordinaria.
Mucho más severo se mostró con el Guernica de Picasso. Sin negar su condición de obra famosa e histórica, Antonio López dijo con claridad que lo percibe como un cuadro frío. A su juicio, no transmite el dolor de una manera comparable a Goya o a ciertos cuadros de guerra de Dalí. “A Goya me lo creo, a Picasso no me lo creo”, afirmó. Para él, en el Guernica hay sobre todo una “aventura plástica”, más estética que vivida.
Pepe Carretero actuó en todo ese tramo como conductor de una conversación que osciló entre la alta historia del arte y la observación directa de la pintura. Sus preguntas sobre el talento, el realismo, el desnudo, la verdad, el paisaje o la ciudad fueron abriendo asuntos que Antonio López y Andrés García Ibáñez iban resolviendo desde perspectivas diferentes, pero complementarias: el primero desde la vivencia, la intuición y la memoria; el segundo desde la teoría, la lectura histórica y la comparación de escuelas.
“Yo voy pintando siempre a partir de lo que yo voy sintiendo”
La ciudad, la casa y el paisaje aparecieron también como temas mayores. Antonio López recordó cómo, en 1953, con 17 años, pintó desde la terraza de la casa familiar una panorámica de Tomelloso entera, “con todo el sol”, sin saber muy bien por qué había nacido en él esa necesidad. Explicó que el pintor trabaja sobre lo que tiene delante, sobre el mundo que ama o que le impresiona. “Yo voy pintando siempre a partir de lo que yo voy sintiendo”, confesó.
En esa lógica caben un paisaje, una habitación, un cuarto de baño o unas flores podridas. No hay jerarquía previa, sino emoción, presencia y atención. Por eso defendió que incluso cuando el realismo parece más literal, nunca es simple reproducción: siempre hay una experiencia interior, una carga poética, una interpretación subjetiva del mundo.
La conclusión no se formuló como tal, pero quedó flotando en el ambiente. La defensa del realismo que atravesó todo el acto no fue la de una escuela cerrada ni la de una consigna estética. Fue, más bien, la defensa de una intensidad moral de la mirada, de una fidelidad a lo vivido y de una verdad que no se puede medir, pero sí reconocer cuando aparece.
Y si hubo una frase que terminó resumiendo la tarde, quizá fue una de las más sencillas y más profundas que pronunció Antonio López al volver, una vez más, a su ciudad: “Yo soy de amores, yo soy muy activo en el amor, no soy pasivo. De modo que yo quiero a Tomelloso”.
En el Día Mundial de la Poesía, Ágata Navalón pasó por los micrófonos de Luis Don Juan para defender una idea de la poesía alejada del mármol y más cerca del cuerpo, de la calle, del rap, de la herida y de la vida cotidiana. La poeta de Tomelloso, vinculada durante años al circuito de slam poetry, dejó una conversación con pulso propio, referencias literarias, memoria personal y una convicción clara: la poesía “no hay que celebrarla un día, sino todos los días”.
Con una mesa llena de libros —todos escritos por mujeres, puntualizó ella misma en un momento de la entrevista— Navalón fue dibujando una manera de entender la poesía como refugio, protesta y forma de estar en el mundo. “Es belleza, porque es un lugar donde todavía se puede hacer resistencia, porque no nos prestan atención y podemos decir lo que queramos”, afirmó.
La entrevista transcurrió en un tono cercano, con complicidad, humor y constantes idas y venidas entre la tradición, la oralidad y la experiencia propia. Frente a la imagen de una poesía lejana o elitista, Navalón la bajó a tierra: “La poesía también es oralidad. Son jotas, son coplas, es también Semana Santa. Es rap también. Es mucho rap. También puede ser reggaetón”.
Una poesía que no pide permiso
Uno de los ejes de la conversación fue la necesidad de romper la idea de que la poesía “no es para todo el mundo”. Para Navalón, buena parte de esa distancia viene de cómo se ha enseñado durante años. “Creo que hacer comentarios de texto ha hecho mucho daño, sinceramente”, dijo.
Desde ahí, defendió una entrada más libre, intuitiva y menos académica al poema. No como un acertijo que haya que resolver, sino como una experiencia que atraviesa. “La poesía se siente. No se puede entender”, resumió, antes de recordar la figura de Eladio Cabañero, al que evocó con una mezcla de admiración y ternura: “Era un poeta muy cercano a este territorio. Me gusta Eladio, que le gustaba el pan”.
Navalón fue saltando de Gloria Fuertes a José Hierro, de Lope de Vega a Sor Juana Inés de la Cruz, de Quevedo a Luis Rosales, trazando un mapa personal y poco rígido. Reivindicó el canon clásico, sí, pero también la necesidad de abrirlo. “Tenemos que llegar al siglo XXI”, señaló al hablar de su experiencia en la enseñanza.
Del libro al escenario: el slam como detonante
La autora tomellosera situó buena parte de su trayectoria en el slam poetry, un territorio que, según explicó, le cambió la manera de mirar y de escribir. “Para muchos poetas no es poesía, pero para mí lo es todo”, afirmó.
Durante la entrevista explicó que la poesía oral fue el origen de todo y que el slam no deja de recoger esa tradición desde el presente. “La poesía siempre fue oral antes de ser escrita”, recordó. Y en ese terreno, el de la voz dicha en directo, encontró una vía de exploración más conectada con la realidad social y política.
Navalón habló especialmente de la escena valenciana, de la que formó parte durante años, como un espacio duro, combativo y muy conectado con la calle. “Eran muchos hombres, todos muy masculinos, muy agresivos, muy políticos, muy concienciados, muy de la calle, y entonces me estimularon muchísimo”, contó. Según explicó, aquella experiencia la llevó también a otros autores, otras lecturas y otros espacios de poesía crítica como Voces del Extremo.
También comparó esa escena con la de Castilla-La Mancha, donde percibe un tono distinto, más simbólico y más atravesado por el paisaje. “Aquí hay mucha metáfora, mucha tierra, mucho cielo, mucho misticismo”, apuntó.
“Menos pastillas y más poesía”
A lo largo de la charla, Navalón fue dejando frases con filo. Una de las más rotundas llegó al hablar del ritmo acelerado de la vida actual y de la necesidad de detenerse. “Sería bueno menos pastillas y más poesía”, soltó, matizando enseguida que hablaba de “las legales también”.
Más allá de la ironía, su idea era clara: parar, leer un poema, escribir algo en un papel, escuchar una voz. Recuperar un tiempo distinto frente al ruido. Para ella, la poesía sigue siendo un espacio donde aún cabe cierta libertad. “Lo veo como el lugar en el que aún puedes ser tú”, explicó al final de la entrevista.
Dos libros, dos paisajes
Luis Don Juan también llevó la conversación al terreno de la obra publicada de Navalón. Primero apareció Fragmentos de vikingos, un libro atravesado por la identidad, la tecnología, la soledad y los temas que ya asomaban en sus años de slam. La autora recordó que el volumen nació de “siete temporadas de slam pegadas a la realidad” y que en él conviven el presente, los mitos y una mirada poco domesticada del mundo.
“Yo era la de los vikingos”, dijo entre risas, explicando que en esos textos había una apuesta por “un mundo salvaje” y por “la no contención”. Durante la entrevista recitó uno de los poemas del libro, un texto intenso y de gran carga simbólica que condensó bien ese universo suyo de rabia, resistencia y extrañeza.
Después llegó Piscina del Oeste, un libro posterior, escrito tras la pandemia y con una temperatura distinta. “Este es más alegre. Más luz y color”, explicó. En sus páginas aparecen Valencia, las piscinas públicas, la ciudad, la gentrificación, el amor, la música y una defensa del espacio urbano como lugar también amenazado.
“Habla del mundo urbano, que está desapareciendo debido, sobre todo en las ciudades grandes, a los pisos turísticos y los guiris y todo eso”, señaló. Navalón leyó además un poema del libro, construido desde la intimidad, el deseo y la ciudad, donde conviven San Nicolás, el cloro, la culpa y el amor como una forma muy física de desorden.
La poesía como algo del pueblo
En uno de los momentos más interesantes de la entrevista, Navalón insistió en que la poesía no pertenece solo a los libros ni a los nombres consagrados, sino también a la gente, a la memoria oral y a las formas populares de expresión. “La poesía oral pertenece al pueblo y continúa con el pueblo”, afirmó.
Esa idea atravesó toda la conversación. La poesía como canción, como copla, como rap, como frase dicha a alguien que se ama, como lenguaje que se escapa del aula y vuelve a la vida. “Un poema te puede salvar como una canción”, dijo.
Desde su experiencia en la docencia, defendió precisamente esa apertura. Aseguró que en clase la poesía nunca fue un problema porque, cuando entra por la voz o por el ritmo, los jóvenes responden. “Cuando empiezan a leer o a escuchar o a rapear… hay mucho rap también”, comentó.
Una invitación a escuchar
La entrevista terminó con una definición personal, casi manifiesto, de lo que significa para ella la poesía. “Para mí es el único lugar de resistencia aún no invadido, sinceramente”, dijo.
Antes de despedirse, animó a acercarse a festivales y citas de poesía oral, y recomendó especialmente el Slam de Ciudad Real, que, según explicó, se celebra a final de mes. No lo planteó como una actividad cultural más, sino como una experiencia. Una forma de entender que la poesía sigue ahí, aunque a veces no se la mire.
Hoy, 21 de marzo, con la llegada de la primavera, se conmemora el Día del Árbol. Una fecha que debería servir para reforzar el compromiso de las administraciones con el medio ambiente y, especialmente, con el cuidado y mejora del patrimonio verde de nuestras ciudades.
Hoy, sin embargo, en Tomelloso, lo que debería ser una oportunidad para actuar se ha quedado, una vez más, en un gesto vacío. La aportación del concejal de Parques y Jardines, Antonio Calvo, ha consistido en llevar “un” almendro a cada centro educativo. Una iniciativa que, lejos de estar a la altura de lo que representa este día, pone de manifiesto el desinterés del actual equipo de gobierno por las zonas verdes de la ciudad.
Porque no es una cuestión puntual. Es una forma de entender —o de no entender— la importancia del patrimonio natural urbano. Cada vez que tienen ocasión, lo dejan claro: falta de planificación, falta de ambición y, en definitiva, dejadez.
La comparación con la anterior legislatura resulta inevitable. Entonces, el Día del Árbol no se limitaba a un reparto simbólico. Se aprovechaba para implicar a los centros educativos en actividades reales: plantaciones en parques, contacto directo con el entorno natural y charlas pedagógicas impartidas por técnicos municipales. Se trataba de aprender haciendo, de generar conciencia a través de la experiencia y de dejar una huella tangible en la ciudad.
En aquel modelo, los escolares no solo recibían un árbol: participaban en la construcción del patrimonio verde de Tomelloso. Entendían su importancia porque formaban parte de ella. Hoy, sin embargo, esa implicación desaparece para dar paso a una acción superficial, sin apenas recorrido ni impacto.
El cambio es evidente. Se ha pasado de fomentar el cuidado de las plantas en entornos reales dentro del casco urbano, a entregar un árbol en una maceta sin contexto ni continuidad. De educar desde la práctica, a cubrir expediente con una foto.
La desidia del actual equipo de gobierno en este ámbito no solo es preocupante por lo que supone hoy, sino por lo que deja de construir de cara al futuro. La educación ambiental no se improvisa ni se resuelve con gestos mínimos. Requiere planificación, compromiso y coherencia.
Y eso es precisamente lo que se echa en falta.
Porque un almendro por centro puede parecer un detalle. Pero en realidad, es el reflejo de algo mucho más profundo: la ausencia de una verdadera política en defensa del patrimonio verde de Tomelloso.
Y la última muestra que nos quedaba por ver del absoluto desapego del equipo de gobierno de Javier Navarro y de su concejal de Parques y Jardines, Antonio Calvo, por el arbolado urbano de Tomelloso la veíamos esta misma semana tras la respuesta que nos han dado sobre el arranque del olmo de bola de la Plaza del Mercado, un árbol que lucía un espectacular esplendor: El árbol no era compatible con la estructura metálica instalada en la Plaza del Mercado. Porque claro, el proyecto de la estructura no se podía haber hecho adaptado a un árbol que ya existía. Para Navarro y Calvo ha sido más fácil arrancar el árbol. Ni siquiera trasplantarlo a otro lugar, como se ha hecho en anteriores legislaturas, poniendo los medios necesarios para trasladarlo a cualquier parque de Tomelloso. Pero no. Se tala el árbol, porque molesta al metal. Eso no lo ha contado Antonio Calvo en su ronda propagandística llevando el almendro a los colegios. Esta es la política medioambiental de Javier Navarro. Desde luego, en que desconcertantes manos esta hoy Tomelloso…
El Gobierno de Castilla-La Mancha ha abierto la puerta a Pedro Almodóvar para que vuelva a rodar en su tierra natal. Así lo expresó el vicepresidente segundo, José Manuel Caballero, durante el estreno de la película ‘Amarga Navidad’ en Calzada de Calatrava, localidad de origen del director.
Caballero aseguró que el Ejecutivo autonómico está dispuesto a colaborar para facilitar nuevos proyectos cinematográficos en la región. “Le abrimos las puertas de la región y le ofrecemos toda la colaboración para hacerlo posible”, afirmó, aludiendo a la reciente intención manifestada por el cineasta de volver a rodar en Castilla-La Mancha.
En este sentido, subrayó que “esta tierra, que es su casa, Castilla-La Mancha, la provincia de Ciudad Real, Calzada de Calatrava, Almagro y todo el Campo de Calatrava, están a su disposición para que pueda desarrollar nuevos proyectos”.
El estreno, que reunió a más de un centenar de personas, forma parte de la tradición del director de presentar sus trabajos en su localidad natal. Al acto asistieron también la alcaldesa de Calzada de Calatrava, Gema García; la viceconsejera de Cultura, Carmen Teresa Olmedo; y el presidente de la Asociación para el Desarrollo del Campo de Calatrava, David Triguero, entre otras autoridades.
Durante su intervención, Caballero puso en valor la figura de Almodóvar como referente cultural de la región. “Es un orgullo contar con un cineasta de la tierra, no solo porque nació aquí, sino porque cada día hace gala de ser castellanomanchego a través de su trabajo, del contenido de sus películas y de los guiños constantes a La Mancha y a sus gentes”, señaló.
Además, destacó el potencial del entorno regional como escenario cinematográfico, asegurando que “de su talento y de su ingenio surgen algunos de los mejores guiones, que en un entorno como el de nuestra tierra pueden dar lugar, sin duda, a grandes películas”.
La Prueba de Acceso a la Universidad (PAU) de 2026 se celebrará en Castilla-La Mancha los días 8, 9 y 10 de junio, según el calendario publicado, situando a la región casi una semana por detrás de la mayoría de comunidades autónomas, que han fijado los exámenes para el 2, 3 y 4 de junio.
En el conjunto del país, territorios como Andalucía, Aragón, Castilla y León, Comunidad Valenciana o Galicia coincidirán en esas primeras fechas de junio, mientras que otras comunidades presentan ligeras variaciones. Es el caso de Madrid, donde también habrá pruebas el 1 de junio, o Canarias, que extenderá los exámenes hasta el día 5.
En cuanto a la convocatoria extraordinaria, Castilla-La Mancha ha establecido los días 29 y 30 de junio y 1 de julio, adelantándose ligeramente a otras regiones que la celebrarán de forma mayoritaria entre el 30 de junio y el 2 de julio. Por su parte, Asturias retrasará esta convocatoria a los días 6, 7 y 8 de julio, Navarra la fijará a finales de junio y Cataluña será la única que la llevará a septiembre.
Este calendario se enmarca en el proceso de armonización impulsado por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE), que ha aprobado unas orientaciones comunes para el curso 2025/2026 con el objetivo de homogeneizar las pruebas en todo el territorio nacional.
Entre las novedades, destaca la introducción de criterios de corrección comunes que evaluarán aspectos como la ortografía, la gramática y la coherencia textual en los ejercicios que requieran redacción. Estos podrán penalizar hasta un 10% de la nota en términos generales y hasta un 20% en las materias de lengua.
No obstante, en asignaturas como Matemáticas no se aplicarán penalizaciones por faltas ortográficas, al no requerir la elaboración de textos extensos.
El cuerpo sin vida de un hombre, totalmente calcinado e irreconocible, ha sido hallado en la mañana de este sábado en un camino cercano al kilómetro 5 de la carretera CR-424, dentro del término municipal de Almadén (Ciudad Real).
Según han confirmado fuentes municipales y de la Policía Local, el hallazgo se ha producido a primera hora del día, aunque no ha sido hasta alrededor de las 10:00 horas cuando efectivos de la Guardia Civil se han desplazado hasta el lugar, haciéndose cargo de la investigación. Por el momento, “se desconocen las circunstancias y la identidad del fallecido”, han señalado las mismas fuentes.
La zona donde ha aparecido el cuerpo se encuentra apartada de la vía principal que conecta Almadén con Almadenejos. A esta hora, la carretera permanece cortada debido al amplio dispositivo desplegado en el lugar, donde varias patrullas trabajan para esclarecer lo sucedido.
Las autoridades continúan con las pesquisas para determinar tanto la identidad de la víctima como las causas del suceso.
El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha publicado este sábado los dos decretos ley aprobados por el Gobierno para hacer frente a las consecuencias económicas de la guerra en Irán. El paquete, dotado con 5.000 millones de euros, entrará en vigor este domingo y deberá ser convalidado por el Congreso de los Diputados el próximo 26 de marzo.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el plan tras la celebración de un Consejo de Ministros extraordinario, en el que defendió la necesidad de actuar con rapidez ante la incertidumbre del conflicto. “Situaciones extraordinarias exigen de respuestas extraordinarias”, afirmó, advirtiendo además de que “nadie sabe cómo va a evolucionar esta crisis”, que podría prolongarse “días, meses o años”.
El núcleo del plan se articula en dos decretos. El primero recoge medidas económicas de carácter general destinadas a aliviar el impacto en hogares y sectores productivos. Entre ellas, destaca la rebaja del IVA del 21% al 10% en carburantes, electricidad y gas, así como la congelación del precio máximo del butano y el propano.
También se incluye la suspensión temporal del Impuesto sobre el Valor de la Producción de Energía Eléctrica (IVPEE), del 7%, y la reducción del Impuesto Especial sobre la Electricidad al mínimo europeo del 0,5%. A estas iniciativas se suma la recuperación de una bonificación del 80% en los peajes eléctricos para la gran industria.
El decreto contempla además una rebaja del impuesto de hidrocarburos al nivel mínimo permitido y una ayuda directa de 20 céntimos por litro de gasóleo profesional para transportistas, agricultores, ganaderos y pescadores. Asimismo, se prohíben los despidos objetivos por causas económicas vinculadas al conflicto.
Otra de las medidas incluidas es el refuerzo del control sobre los márgenes empresariales en el sector de los combustibles, una iniciativa impulsada por Sumar dentro del acuerdo del Ejecutivo.
El segundo decreto ley se centra en la vivienda e introduce la congelación de los alquileres mediante la prórroga automática de los contratos que expiren en 2026 y 2027 durante un máximo de dos años. Según datos aportados por Sumar, esta medida podría beneficiar a más de un millón de contratos y afectar a unos 2,7 millones de personas.
La Biblioteca Municipal de Tomelloso acogió este viernes la presentación de las obras ganadoras de la Fiesta de las Letras 2025, en un acto que reunió a los autores Ray Candelas y Juan Antonio Rivera, junto a la concejala de Cultura, Inés Losa, y la directora de la biblioteca, Carmen Labrador. Ambos escritores coincidieron en subrayar el prestigio de los certámenes literarios locales, en un encuentro marcado por el diálogo cercano con el público.
La concejala de Cultura, Inés Losa, puso en valor la relevancia de la Fiesta de las Letras, a la que definió como “uno de los grandes referentes culturales de Tomelloso” y una cita “plenamente consolidada en el panorama literario” que trasciende el ámbito local. Según explicó, la presentación de estas obras contribuye a “seguir fortaleciendo una tradición cultural que forma parte de la identidad de nuestra ciudad”.
Losa también felicitó a los autores y agradeció el trabajo de jurados y organizadores, reiterando el compromiso del equipo de gobierno, encabezado por el alcalde Javier Navarro, “con la cultura, con la creación literaria y con el prestigio de unos premios que honran el nombre de Tomelloso”.
Por su parte, Ray Candelas, galardonado con el Premio de Narrativa Francisco García Pavón por “Matar a una booklover”, definió el reconocimiento como “una escuela, un camino muy satisfactorio” que le ha permitido “poner un pie en el mundo editorial”. El autor explicó que su novela tiene “mucho componente personal” y está construida como “una novela dentro de una novela”, lo que hizo que el proceso creativo fuera “complejo”.
Candelas relató que partió de un guion de apenas dos páginas con un final claro, aunque durante la escritura “la historia fue fluyendo para llegar, milagrosamente, al final que quería”. La obra, según se expuso durante el acto, profundiza en el lado oscuro de sus personajes, explorando conflictos marcados por sus pasados.
Juan Antonio Rivera, ganador del Premio de Poesía Eladio Cabañero con “La nostalgia: ese drama por fascículos”, confesó su sorpresa por el fallo del jurado: “Tenía pocas expectativas”, señaló, explicando que su obra está escrita en sonetos, una forma “poco habitual que se premie”. Aun así, defendió con firmeza la métrica clásica frente al verso libre: “Creo que el soneto tiene cabida porque se puede actualizar y refundar”.
Rivera también destacó el componente de humor presente en su obra, una constante en su trayectoria literaria, y reivindicó la vigencia de las formas tradicionales como vehículo de expresión contemporánea.
Durante el encuentro, que se desarrolló en un ambiente participativo, se generó un diálogo fluido entre los autores y el público, permitiendo profundizar tanto en los procesos creativos como en los temas que abordan ambas obras.
Ambos escritores coincidieron en destacar la calidad de los certámenes literarios de Tomelloso, señalando que “muchas ciudades de mayor tamaño no tienen premios de esta calidad”, lo que refuerza el papel de la Fiesta de las Letras como motor cultural de la localidad.