Salones Epilogo

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Las obsesiones, los procesos obsesivos, se definen como pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes que causan ansiedad, miedo y angustia. Son intrusivas, invaden la conciencia (lógicamente, quien las sufre, no quiere traerlas a su mente). La persona para eliminar las emociones negativas que producen, pone en marcha todo tipo de compulsiones. Veámoslo con el siguiente ejemplo:


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Imaginemos que alguien se encuentra un lunar y se obsesiona con que es un tumor. Su conciencia se verá invadida por pensamientos del tipo ¿Y si es cáncer? ¿Y si no me curo? ¿Y si…? ¿Y si…? ¿Y si…? Y el último de ellos, siempre es ¿Y si me muero?

En este caso, al verse el lunar la persona debería acudir al médico y empezar las pruebas de evaluación hasta establecer un diagnóstico. Los Psicólogos debemos ofrecer recursos al paciente para gestionar la incertidumbre que le va a generar el momento de descubrirse el lunar y, sobre todo, el tiempo que va a durar la evaluación hasta establecer el diagnóstico.


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Uno de los recursos sería “La terapia del no lo sé, ya se verá…” Cuando la persona se ve invadida por la incertidumbre de desconocer el diagnóstico (recordemos que caben posibilidades de que sea algo maligno, al menos en algún grado) puede ejecutar diversas compulsiones como comprobar (tocárselo y mirárselo repetidas veces), pedir opinión a amigos y familiares, mirar en internet (que es la peor fuente documental que existe), racionalizar (usar la lógica para convencerse de que no es maligno), etc. Todas ellas, con el mismo objetivo de reducir la incertidumbre y las emociones negativas. Ninguna de ellas sirve a medio y largo plazo. Es cierto que alivian el malestar a corto plazo, pero a medio y a largo plazo lo incrementan (las compulsiones son el “combustible” que alimenta el proceso obsesivo). Únicamente sirve “aliarse” al enemigo, en este caso, a la incertidumbre a través de “La terapia del no lo sé, ya se verá…” No sé qué es este lunar, hay que hacer una evaluación y se verá el resultado… Desconozco cuál es el diagnóstico, el médico tiene que verlo y se verá cuál es el resultado… No sé si voy a tener un problema grave o no, tendré que verlo cuando me den los resultados. En caso de que haya un problema, tendré que ver si es pequeño, mediano o grande… pero ahora mismo, ni lo sé ni lo puedo saber… Se tiene que ver…

Al paciente, en esas circunstancias le pueden llegar mil dudas (incertidumbre) mil ¿Y sis? que se combaten entendiendo que no tenemos la bola de cristal, que hay que ir viendo las cosas, cómo viene la vida… Poco a poco, sin anticipar. Ante un síntoma tendremos que ver primero si es un problema serio (ej: un tumor) o no. Y en caso de que se confirme el problema ver cuál es su gravedad (ej: estadio del tumor). En cualquier caso, las pruebas hasta el diagnóstico son un camino caracterizado, lógicamente, por incertidumbre y la incertidumbre genera, a su vez, miedo, angusia, ansiedad. No es muy agradable estar en la incertidumbre y cada persona tiene su capacidad para gestionarla y su límite.



La mejor manera de recorrer este camino es aliándose a la incertidumbre que, en realidad es, asumir que hay un síntoma que puede ser potencialmente peligroso (o no). Que existan esas probabilidades negativas no quiere decir que vaya a resultar así. Realmente el problema que esa persona tiene es que ha perdido la objetividad, es decir, a esas probabilidades (%) de que exista algo grave le concede la máxima potencia (cree al 100%), con nuestro ejemplo, que tiene un cancer. Y no es así para nada, ante el síntoma hay que ver si es un problema grave o no y si lo es, en qué grado y cuál es la solución. Aún en caso de confirmarse el tumor, por seguir con este ejemplo, habría un tratamiento que poner en marcha y habría que ver su efecto. Ni síntoma significa muerte, ni tumor hoy en día significa muerte.

Ahora bien, estamos todos de acuerdo que gestionar la incertidumbre cuesta y hay que aprender a “doblegarla”.


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Es muy importante entender, también, que el cuerpo manifiesta síntomas constantemente y eso no significa que sea algo grave. De hecho, es adaptativo que el cuerpo emita síntomas porque si no moriríamos. Por ej. Si no aparece un dolor abdominal interno, no sabemos que se está produciendo una apendicitis y no se puede tratar.

Cuando el médico da el diagnóstico y confirma que todo está bien, que el síntoma no era un problema grave, el paciente se queda tranquilo, aliviado. En caso de que eso no ocurra, hablamos ya, de hipocondría que es, un trastorno de la ansiedad, un bucle de preocupaciones y obsesiones por la salud.


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