Que la Cooperativa Virgen de las Viñas de Tomelloso es de grandes dimensiones es un hecho que todos sabemos, pero hace unos años a estas instalaciones decidieron sumarle un nuevo diferenciador: una especie de ‘microbodega’ para elaborar vinos de más calidad.

Todo comenzaba en el año 2001, cuando su presidente, Rafael Torres, tuvo la idea de incorporar esta bodega. Sin embargo, no fue hasta el año 2014 cuando este proyecto comenzó su andadura. Tras adquirir una mesa de selección y todo el equipamiento para poder seleccionar el grano, desde la cooperativa se empezó a vendimiar la uva en caja, con pocos kilos en parcelas seleccionadas de algunos socios.


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«Se selecciona la mejor uva que podemos encontrar cada año», contaba su director técnico, Isidro Rodríguez, ya que no siempre encuentran la calidad que buscan en la misma parcela. En este proceso de selección, el departamento de viticultura y los técnicos son piezas clave, quienes buscan en las parcelas de los socios unos índices de madurez muy particulares.


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Aunque comenzaron en el año 2014 con vinos tintos, pronto se plantearon seleccionar uva blanca. Este año la «microbodega» cumple su tercera cosecha y en todo este proceso hay un método en común: el sistema de prueba y error. Y es que no todo lo que elaboran se embotella. De hecho, en el año 2016 lograron el primer puesto en un concurso con un vino que ni siquiera comercializaban.

Según explica Rodríguez, los vinos se elaboran en la pequeña nave de la cooperativa, que cuenta con siete fudres (pronto serán nueve) con una capacidad de 5.000 litros, unos depósitos de acero inoxidable pequeños y una cámara frigorífica para enfriar la uva. Además, cuentan con algunos envases que existían en la cooperativa, que se han recuperado y adaptado. Es aquí, pues, donde juegan con las variedades para buscar lo mejor.


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UNA COOPERATIVA QUE SELECCIONA SUS UVAS

Precisamente esta idea de seleccionar la uva y seguir el método de prueba y error podría no ir en consonancia con la creencia popular de que, si bien los vinos DO La Mancha tienen un valor por debajo en el mercado, lo tienen aún menos aquellos que provienen de cooperativas, al creer que no se seleccionan las mejores uvas. Sin embargo, esto no es lo que ocurre en Virgen de las Viñas, quienes trabajan las diferentes uvas de distintas maneras para hacer sus vinos, eso sí, a lo grande, fruto de ese trabajo de experimentación y ensayo en bodega.

«Lo que se nos ocurrió fue coger todas las variedades de uvas que trae el socio y no se se estaban diferenciando (porque son pocas cantidades o no se adaptan a la zona), y las elaboramos con carácter individual», para posteriormente dejarlos como monovarietales, o elaborar coupages que demuestran que «Virgen de las Viñas tiene otras cosas». En suma, Rodríguez aclara que «esto no es llegar y besar el santo», y que no se trata de aplicar una receta, sino que una cooperativa tiene que ensayar y entender que lo que funciona en un pueblo o zona puede no funcionar en el pueblo de al lado.

Las elaboraciones de la cooperativa han recibido varios reconocimientos, como ocurre en los Premios Gran Selección. Por su parte, Rodríguez ha explicado que actualmente en Castilla-La Mancha los vinos como los nuevos Lienzo son poco frecuentes. No pretenden que la nueva gama de vinos sean los mejores con respecto a otros países o zonas, sino que cada año buscan ofrecer lo mejor posible. «No para competir ni para parecernos a otros, sino para dar lo mejor de Virgen de las Viñas».



UN PROYECTO «EN PAÑALES»

A pesar de que el proyecto de la pequeña bodega aún esté «muy en pañales», hasta ahora están contentos con los resultados. Rodríguez ha recalcado que hoy en día hay mucha tecnología y mucha técnica en el sector, pero también es importante conocer qué se produce en cada parcela y lograr que los vinos embotellados tengan largo recorrido.



«Los vinos Lienzo no son vinos que se les añada productos para compensar alguna carencia, son vinos con nervio, equilibrados». Por ello, considera que es muy importante para las cooperativas de la región lograr vinos finos y elegantes, equilibrados y sin defectos.

Pero esta experimentación en bodega, ¿ve su frutos en el mercado? Aparentemente sí, puesto que han agotado sus existencias del año pasado, que contaban con un precio asequible. «El consumidor paga un poco más si la calidad lo merece», ha añadido Rodríguez.

En cuanto a la comunidad de socios de la cooperativa, parece que también han reaccionado positivamente, ya que los mismos socios se convierten muchas veces en la propia clientela, fruto del amor propio del socio con la cooperativa. Asimismo, destacan las ventas del lienzo, que también se hace hueco en los restaurantes.

De momento, esta pequeña bodega ha propiciado que Virgen de las Viñas de un salto de calidad, aunque aún les queda camino por recorrer. Según afirma Rodríguez, esta idea ya está inspirando a otras bodegas. Una «competencia sana» que desde la cooperativa ven con buenos ojos, puesto que supone dar una mejor imagen de todas las cooperativas de Castilla-La Mancha, que tienen mucho que aportar al mercado.

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