isabel san sebastian

El pregón de la Fiesta de la Vendimia correrá a cargo de la periodista y escritora Isabel San Sebastián. Su currículum periodístico es inconmensurable, desde que comenzara en la redacción de La Gaceta del Norte ha estado en ABC, El Mundo, COPE, Antena 3, Cadena SER, Televisión Española, Telemadrid… Actualmente es columnista del diario ABC y colaboradora de varios programas televisivos.



Ha publicado cinco libros de ensayo y periodísticos.  También es una prolífica novelista, publicó en 2006 su primera obra, “La visigoda”, a ella le siguieron “Astur”, “Imperator” y “Un reino lejano”. El 28 de agosto saldrá a la venta “La mujer del diplomático”, su novela más personal. Isabel San Sebastián ha recibido innumerables premios periodísticos.

Isabel San Sebastián nos atiende amablemente a pesar de las vacaciones, robándole tiempo a su descanso.

—Usted ya conocía Tomelloso…



—Lo conocía, sí,  estuve en Tomelloso hablando de literatura con motivo de una Feria del Libro y, como se vé, me quedaron ganas de volver. Guardo un recuerdo muy alegre de esta ciudad y sus gentes.

—Los tomelloseros solemos presumir de nuestros artistas y nuestros emprendedores. Tal vez conozca el aserto, «Tomelloso, París y Londres, siempre por ese orden».

—Jajaja, no lo conocía pero lo asumo desde ahora como propio. ¡Siempre por ese orden!



— La vendimia es el origen de todo, el comienzo del año, la posibilidad o no de tener para comer, que los chicos estudien, pagar la casa…  ¿Qué le parece el nombramiento de pregonera de la Fiesta de la Vendimia?

—En un gran honor y una responsabilidad tremenda. Me doy perfecta cuenta de lo que significa la vendimia para una comunidad que vive directa o indirectamente del vino desde hace muchas generaciones. He estado leyendo y pensando sobre ello para preparar mi pregón y ése va a ser precisamente el hilo conductor de mis palabras: el paralelismo existente entre la vid y la vida, siendo la primera una metáfora casi perfecta de la segunda.

—En su Saludo en el Libro de la Feria dice que no sabe nada de vendimia, ni de uvas. Suena rara su confesión en esta época de enólogos a la violeta.



Tal vez suene rara, sí, pero a mí nunca me han dolido prendas en reconocer mis lagunas, que son inmensas. Lo malo no es ser ignorante; lo malo es no darse cuenta de ello y perder el deseo o la capacidad de aprender. A mi modo de ver las cosas, estamos en este mundo precisamente para aprender, en el sentido más amplio de la palabra. En cuanto a los enólogos a la violeta… Compartir una carta de vinos con ciertos personajes (y «personajas», que diría una ex ministra) produce hilaridad. Hay mucho entendido de nuevo cuño, es verdad. Mucho bobo solemne, por seguir con las citas de políticos ilustres.

—¿Hay mucha diferencia entre la costa y la meseta, entre el País Vasco y La Mancha?

—¡Muchísima! Ahora mismo, mientras contesto, estoy viendo llover sobre el Cantábrico y la temperatura fuera es de 18 grados. Algo similar sucede con el carácter de las personas, con sus anhelos, con sus carencias. Si algo tiene de maravilloso España es esa pluralidad, esa variedad inmensa de paisajes y paisanajes, perfectamente compatible con una Historia común. Ojalá sean capaces nuestros líderes políticos de ofrecernos un proyecto común y compartido por el que seguir apostando unidos.



—¿Madrid sigue siendo un poblachón Manchego?

Cada vez menos. Madrid es una ciudad cosmopolita, un centro cultural que puedecompetir con París, con Londres e incluso con Tomelloso… Madrid es una capital muy agradable para vivir. De cuantas conozco yo, y son muchas, la mejor sin duda alguna.

—La Feria, que se inicia con su pregón, es época de regresos, de reencuentros, de abrazos y —ya sabe cómo somos en las ciudades de menos de un millón de habitantes— de críticas. A nadie debería privársele de esas cosas…

—Desde luego que no. Regresar a casa es una de las experiencias más grarificantes de esta vida. Sentirse en casa es una emoción que no se valora hasta que uno conoce el dolor del exilio. Abrazar a los seres queridos constituye una fuente milagrosa de placer y alegría. Y en cuanto a las críticas… ¡Que hablen de uno, aunque sea bien¡

—Una curiosidad, ¿siempre dice lo que piensa?

—Siempre digo lo que pienso, aunque con los años he aprendido a no decir absolutamente todo lo que pienso y también a pensar un poco más lo que digo. Aun así, sigo siendo bastante inconsciente a la hora de expresar mis opiniones sin calibrar las consecuencias. Pero nunca me he arrepentido de ello.

—Es una gestora fantástica de su tiempo, ¿cómo le puede dar para tanto?

—Porque todo lo que hago me apasiona de entrada o logro que me apasione al profundizar en ello. No me gusta perder el tiempo, un bien muy escaso, de manera que lo estiro empleándolo bien. Dicho esto, mi concepto de lo que es aprovechar el tiempo seguramente difiera del que tienen otras personas. Para mí los hijos, los amigos, los libros, la música, la naturaleza son compañías siempre deseables y siempre provechosas, por ese orden.

—¿Anda en algún nuevo proyecto literario?

—Sí, el día 28 de agosto sale a la venta mi última novela, «La Mujer del Diplomático». Ésta ya no es histórica, sino que se sitúa a caballo entre el siglo XX y el XXI, con las dos grandes amenazas de ese tiempo: la guerra fría y la guerra sucia del terrorismo. Es una novela muy personal, muy íntima, que habla mucho de amor, de pérdida, de lealtad y de superación. Una novela escrita con el corazón.

—¿Ya le ha inspirado la Virgen de las Viñas? ¿Nos puede adelantar algo del Pregón?

—Me ha inspirado, sí, y confío en su inspiración. Espero que guste ese pregón, porque, como digo, constituye una responsabilidad enorme y soy muy consciente de la atención con la que voy a ser escuchada. Todavía no està acabado, pero hablará de la vida, del trabajo, de Historia y de poesía. De la lección profunda de perseverancia y sabiduría que encierran cada grano de uva y cada botella de vino.



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