A estas alturas no vamos a dudar de las buenas intenciones de los que convocaron las concentraciones de ayer ni de que estas fueran legítimas y lógicas cuando lo que se pretendía era expresar la solidaridad de los ayuntamientos españoles con Ceuta y sus vecinos y vecinas y reclamar con eso la respuesta adecuada a la situación tan extraordinaria que se ha creado allí.
Pero claro, a la vista de lo visto, tampoco tengo dudas de que lo que ocurrió ayer en las plazas de la mayor parte de los ayuntamientos de España se veía venir. El PP y VOX estarán satisfechos y hasta se estarán frotando las manos y dándose golpes en el pecho para vanagloriarse de lo bien que se les da sacar a la calle a tanta vecindad indignada con este gobierno, ¿piove? ¡porco governo!
Saben muy bien que los problemas que han provocado esta crisis no se solucionan delante de un ayuntamiento ni se resuelven con banderas ni con gritos ni con insultos al presidente del Gobierno. Tampoco con proclamas de «invasión» o «expulsión». Es posible que lo hagan porque sí saben que un ciudadano al borde de un colapso por intoxicación informativa necesita una válvula de escape y un desahogo. He de reconocer que si ese era su objetivo, con la convocatoria de ayer lo consiguieron. Lo triste de todo es que un exabrupto contra Pedro Sánchez puede que tenga un efecto emocional que compense de otras carencias, pero no devuelve a una sola persona a Marruecos, no libera a ninguna niña de las pesadillas del maltrato y la violencia de género, ¡sí, de género! Tampoco se aumentan con eso las plazas de acogida para las personas que se encuentran en situación tan vulnerable, ¡sí, personas! Con echarnos sobre los hombros las banderas tampoco se defiende una frontera, que no es solo de España y en la que también está concernida la Unión Europea y, desde luego, no se resuelve la relación diplomática con Marruecos, que tiene un alcance geopolítico global que supera a las meras rencillas entre vecinos.
En las calles y en el parlamento muchos piensan que la solución pasa por echar al Gobierno, y admito que se trata de una aspiración política legítima; pero que digan también cuál debe ser la política migratoria europea, en qué términos se deben suscribir los acuerdos con Marruecos o qué mecanismo de distribución de menores piensan aplicar para cumplir con las leyes internacionales y los principios humanitarios que se supone nos deben inspirar a todas las personas de bien. Que nadie se confunda o nos quiera confundir con decir que el problema estará solucionado cuando cambie este gobierno, porque Ceuta seguirá estando ahí, la frontera seguirá existiendo y la miseria y la falta de libertades seguirán siendo el motor de la desesperación que empuja a tantas personas a jugarse la vida para alcanzar el porvenir.
Mientras tanto, hoy la tarde se ha quedado tranquila y los palos de las banderas y los insultos se han retirado hasta la próxima ocasión. Las consignas serán las mismas y solo hará falta que ocurra otra desgracia. Miedo me da.




