Casi 100 años han transcurrido de una foto a otra. Fue en 1926 cuando abrió las puertas para prestar un servicio imprescindible, no sólo para aquella época sino para muchos de estos años que ha estado abierta. Tras tres generaciones, Harinas Belló no sólo era la única empresa de harinas en Tomelloso, sino que, pese a no tener un tamaño excesivo, integraba la escasa centena de fábricas en toda España. Esa circunstancia ya dice mucho de la familia Belló, la capacidad de lucha, la constancia y la tenacidad, unidas a un buen hacer, han sido, sin duda alguna, la fórmula mágica para que esta empresa familiar haya sobrevivido durante tantos años.

Una empresa que ha dado trabajo a innumerables familias, que ha llevado el nombre de nuestro querido Tomelloso a infinitos rincones, trabajando especialmente en Levante y Andalucía, aunque en su última etapa sólo comercializaba en nuestra región y que, para que nos hagamos una idea de su capacidad elaboradora, trabajando las 24 horas, molturaría 60.000 kilos de trigo diarios. y que ha tenido como subproductos el salvado, la harinilla o la harina integral.

Ciertamente es digno de felicitación. No es la única empresa centenaria en nuestra localidad, pero, en los tiempos de incertidumbre, de burbujas económicas, de giros inesperados, de falta de ayudas de la administración, de las trabas burocráticas, de las infinitas inspecciones, etc. lo raro, lo difícil, lo espectacular y lo digno de reconocer es la continuidad de una iniciativa empresarial. ¿Qué sería de nuestra sociedad sin estos valientes? Nada. Y afirmo la nada desde el máximo convencimiento en que nuestra sociedad, la que conocemos, la que llamamos “sociedad del bienestar”, simplemente no existiría sin personas valientes que apuestan su capital y sacrifican su tiempo, el de su familia y el de sus amigos, en sacar adelante sus sueños laborales y empresariales.

Y tristemente, están demonizados. Bueno, quién no lo está en nuestro país. Pero lo cierto y lo verdadero es que la figura del empresario o del autónomo no está suficientemente reconocida ni valorada en nuestra sociedad. Por eso yo quería traer a colación esta cuestión, que no ha sido recogida como noticia, la de una empresa que casi ha sido centenaria y que se merece ser recordada. No quería dejar en el olvido lo que tanto esfuerzo y sacrificio ha costado levantar y mantener.

Sin más, darle la enhorabuena y las gracias a la familia Belló y en su nombre a tantos y tantos de nuestros vecinos que se levantan cada día para sacar sus sueños adelante, para ganarse el pan que llevan a sus casas y para que, entre todos, hagamos posible la continuidad de nuestra sociedad.

Gracias Harinas Belló y hasta siempre.

Picazo de Nova / TurboSeguros
¡Gracias Harinas Belló!



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