Este 10 de septiembre de 2022 conmemoramos el Día Mundial para la Prevención del Suicidio para dar a conocer los compromisos y medidas prácticas que previenen este trágico desenlace, así como crear conciencia acerca de la prevención del suicidio.

La salud mental, de una vez por todas, se ha instalado en la centralidad de la agenda social, política y económica en nuestro país. Lo que hasta ahora se ocultaba o se diluía en las agendas de los servicios sanitarios de nuestras comunidades autónomas, ha pasado a ser un actor principal en las demandas de la ciudanía y una obligación de la administración de acometer de forma eficaz las propuestas de solución de la agenda de todos los gobiernos.

Nunca debimos mirar hacia otro lado, pero hoy es inevitable trabajar para aportar soluciones desde todos los ámbitos a una sociedad que está pidiendo ayuda y debemos dar respuesta. Garantizar la buena salud, incluyendo la salud mental de todos los grupos de población, es una prioridad para cualquier sociedad democrática. La pandemia nos ha mostrado cómo de fácil es que nuestra salud física y mental se vea afectada de manera repentina, y la importancia de contar con un buen sistema público que dé respuesta a las necesidades de la población, y los niños, niñas y adolescentes han sido un colectivo especialmente afectado.

En el análisis realizado desde entidades como Save the Children, nos recuerdan que este colectivo ha estado encerrado varios meses en casa y sin poder ir a la escuela, muchos de ellos han convivido también con la angustia de que aquellos que les cuidan enfermasen o perdiesen el trabajo durante la pandemia y es un hecho que el desenlace más dramático del sufrimiento emocional de niños, niñas y adolescentes es el suicidio.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), el suicidio es la primera causa de muerte no natural en España, con especial impacto entre los jóvenes durante los últimos años. Además, constituye una de las problemáticas más acuciantes a nivel mundial, suponiendo uno de los principales retos sociales. En España, la mortalidad por suicidio constituye la primera causa de muerte externa, manteniéndose la tasa de suicidio relativamente estable o incluso aumentando en algunos grupos etarios en un contexto en el que la mortalidad de la población por causas externas sigue una tendencia decreciente.

Según datos del INE, en el año 2020 se produjeron 16.078 fallecimientos por causas externas (10.257 hombres y 5.821 mujeres). El suicidio se mantuvo como la primera causa de muerte externa, con 3.941 fallecimientos, un 7,4% más que en 2019 (2.930 hombres y 1.011 mujeres). Es muy preocupante que 14 de estos fueran menores de 15 años (7 hombres y 7 mujeres), 300 fueran de la franja de edad de entre los 15 y los 29 años (227 hombres y 73 mujeres) y que 1.165 personas estuvieran en la franja de edad de entre los 30 y los 49 años (889 hombres y 276 mujeres).

Estos datos exigen que las administraciones y los gobiernos nacionales, autonómicos y locales tomen medidas con carácter inmediato. Es obligatorio trabajar y disponer de un Plan Nacional de Prevención del Suicidio que garantice la adopción de medidas de carácter obligatorio y que profundice en las causas, estudie la sintomatología y evalúe las medidas a tomar desde su ámbito de responsabilidad.

Castilla-La Mancha cuenta con el Plan de Salud de Castilla-La Mancha horizonte 2025.- Estrategia para la Prevención del Suicidio en Castilla-La Mancha aprobado por la Consejería de Sanidad en el 2018. Debemos trabajar para garantizar una prestación inmediata preventiva de posibles dificultades que pueden derivar en suicidio y garantizar, con una financiación adecuada y suficiente, planes de formación continua de los profesionales de la sanidad regional que garanticen la óptima prestación del servicio. Es imprescindible seguir trabajando en el diseño de intervenciones eficaces e integrales, centradas en la prevención, y que aborden el fenómeno desde un enfoque multidisciplinar, estando específicamente centradas en el problema.

Inma Delgado Fotografía New Born

Los ayuntamientos deben ser la primera barrera de contención, sobre todo con el establecimiento de políticas para jóvenes que tiendan a garantizar una óptima salud mental proponiendo políticas locales de emancipación en materia de vivienda y empleo que vayan asegurando un futuro digno y estable. Debemos desde los ayuntamientos huir de políticas cortoplacistas y efímeras, que muchas de ellas están relacionadas exclusivamente con el ocio, para plantear líneas estratégicas de juventud valientes y sostenidas en el tiempo para que nuestro futuro, los y las jóvenes, vayan apuntalando un proyecto de vida digna.

Ya hemos puesto la salud mental en el centro de la agenda social, política y económica. Pongamos ahora la vida en el centro.

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