El Club Amigos del Atletismo Los Pieles Run continúa con los actos de celebración de su décimo aniversario con la presentación oficial de una sudadera conmemorativa, símbolo del recorrido del colectivo durante estos años y de los valores que lo han consolidado como referente del atletismo popular en Tomelloso.
El acto, celebrado en la jornada de ayer, sirvió para dar a conocer esta prenda especial que representa la identidad de un grupo que ha crecido en torno al esfuerzo, la constancia, la inclusión y la solidaridad. La sudadera no solo conmemora el paso del tiempo, sino también la evolución de un club que ha sabido mantenerse fiel a su filosofía desde sus inicios.
A lo largo de esta década, Los Pieles Run han destacado por su capacidad para integrar a corredores de todos los niveles y edades, fomentando un modelo de deporte accesible y cercano. Más allá de los resultados deportivos, el club ha promovido una forma de entender el atletismo basada en el compañerismo, el apoyo mutuo y la superación personal.
Otro de los aspectos clave de su trayectoria ha sido su implicación en la vida deportiva local. Su participación en la organización y colaboración en distintas pruebas ha contribuido a dinamizar el calendario deportivo de la ciudad, con especial protagonismo de la San Silvestre Tomellosera, una cita consolidada que combina deporte, ambiente festivo y carácter solidario, atrayendo cada año a numerosos participantes.
Con esta iniciativa, Los Pieles Run refuerzan su compromiso con la promoción del atletismo y animan a la ciudadanía a sumarse a la práctica deportiva, destacando sus beneficios tanto a nivel físico como social. El décimo aniversario marca así un punto de inflexión que no solo mira al pasado, sino que proyecta al club hacia el futuro con la misma ilusión que en sus comienzos.
Diez años después, Los Pieles Run continúan sumando kilómetros, pero sobre todo siguen sumando personas en torno a un proyecto que ha hecho del deporte una herramienta de unión y crecimiento colectivo.
Un trabajador de 54 años ha perdido la vida este viernes en Tarazona de la Mancha (Albacete) después de que le cayera encima un vehículo mientras lo reparaba en una empresa de estructuras metálicas situada en la calle Gineta. El suceso ha sido confirmado por fuentes del 112 de Castilla-La Mancha.
El aviso del accidente se recibió a las 12.07 horas, momento en el que se movilizaron los servicios de emergencia. Hasta el lugar de los hechos se desplazaron la Guardia Civil, un helicóptero medicalizado y una ambulancia. Sin embargo, según han informado las mismas fuentes, los servicios sanitarios solo pudieron certificar el fallecimiento del trabajador.
Con la emoción aún presente tras el pregón de la noche anterior, el auditorio del Museo López Torres volvió a llenarse en la mañana de este domingo 19 de abril para acoger la presentación del libro Tomillo y Espliego, una obra que recoge poesías y narraciones dedicadas a la Virgen de las Viñas y que hunde sus raíces en el certamen literario impulsado por El Periódico del Común de La Mancha, fundado y dirigido por Jaime Quevedo, en estrecha colaboración con la Hermandad de la Virgen de las Viñas.
El acto comenzó con la intervención de Alejandro Ramírez, presidente de la Hermandad, que quiso tener un recuerdo para Esther, hija de Jaime Quevedo, fallecida recientemente. En un ambiente cargado de emoción, dirigió unas palabras a la patrona pidiendo consuelo para la familia: “Envuelve a esta niña en tu regazo… y que su luz ilumine a sus padres”. El público se puso en pie para guardar un minuto de silencio.
A continuación, Jaime Quevedo tomó la palabra visiblemente emocionado, agradeciendo el apoyo recibido. “El Señor me da la fuerza para recuperarme un poquito después de la emoción tan grande”, confesó antes de centrarse en el libro, recordando el origen del certamen y el camino recorrido hasta convertirlo en esta publicación. En ese contexto, evocó las palabras de Valentín Arteaga al definir este tipo de obras: “los libros de poesía deberían considerarse como catedrales”, una idea que utilizó para explicar el sentido colectivo de Tomillo y Espliego.
La presentación fue intercalando música y lectura de textos. Sobre el escenario, Montse García y Miguel Ángel Perales pusieron voz a fragmentos del libro y a algunos de los trabajos premiados, como Ya ni silencio queda, de Vicente Morales Becerra, o Cielos de abril, de Trinidad Serrano Muñoz, acercando al público escenas muy reconocibles de la romería y de la vida en torno a la Virgen.
También participaron ambos autores, que compartieron su experiencia al escribir sus obras y al reencontrarse ahora con ellas. “Para mí ha sido un reencuentro”, señalo Vicente Morales, destacando el valor de recuperar esos textos con el paso del tiempo.
La música tuvo su espacio con la actuación de Marieli al piano, acompañada por el violonchelista Raúl, que interpretaron varias piezas a lo largo del acto.
En la parte final, Alejandro Ramírez volvió a intervenir para profundizar en el contenido del libro, del que firma el prólogo. Lo definió como “un abanico de emociones” en el que se recoge el sentir de generaciones de tomelloseros, subrayando también la importancia de las imágenes que acompañan a los textos y que reflejan distintos momentos de la romería.
Ramírez incidió en el valor de la obra como legado, destacando que permitirá conservar y transmitir la devoción a la Virgen de las Viñas. También tuvo palabras de recuerdo para autores ya fallecidos cuyos textos forman parte del libro.
El cierre corrió a cargo del alcalde de Tomelloso, Javier Navarro, que puso en valor la dimensión cultural y emocional de la publicación. “Este libro no es un volumen cualquiera, es el resultado de una suma de esfuerzos”, afirmó, destacando la unión entre literatura, fotografía y tradición. Navarro subrayó además que la obra refleja la identidad de la ciudad y su vínculo con la romería.
El alcalde aprovechó también para recordar el trabajo que se está realizando para lograr la declaración de la Romería como Fiesta de Interés Turístico Nacional, insistiendo en el valor único de esta celebración.
El acto concluyó con el reconocimiento a todos los autores y con la sensación de estar ante una obra que recoge, desde múltiples miradas, la relación de Tomelloso con su patrona, la Virgen de las Viñas.
La cultura material de una comunidad no se agota en sus celebraciones ni en sus discursos simbólicos, sino que encuentra una de sus expresiones más densas en las formas concretas mediante las cuales sus habitantes han habitado, trabajado y transformado el territorio. En este marco, los bombos tomelloseros, entendidos como construcciones de piedra seca, constituyen una manifestación particularmente significativa de la arquitectura popular en la llanura manchega. Estas edificaciones, levantadas sin argamasa y con materiales extraídos del propio suelo, responden a necesidades específicas del trabajo agrícola, pero al mismo tiempo condensan un saber técnico acumulado y transmitido a lo largo de generaciones. La figura del doctor Lorenzo Sánchez López adquiere aquí un relieve singular, no solo por su contribución al estudio de estas construcciones, sino por la profundidad de su mirada, capaz de situarlas en un horizonte interpretativo más amplio.
Diseminados por el término municipal de Tomelloso, los bombos se presentan como construcciones de planta circular o ligeramente ovalada, concebidas fundamentalmente como refugios para agricultores y pastores. Su presencia no puede comprenderse de manera aislada, ya que responde a unas condiciones ambientales específicas marcadas por la dureza del clima manchego. En este contexto, el bombo no es simplemente una solución técnica, sino una forma culturalmente elaborada de adaptación al medio, en la que convergen experiencia, necesidad y conocimiento.
Bombo del Museo del Carro de Tomelloso
Desde el punto de vista constructivo, estas edificaciones destacan por el uso exclusivo de piedra caliza, abundante en el terreno. La técnica de la piedra seca, basada en la colocación precisa de cada pieza sin elementos de unión, exige una destreza que va más allá de la mera acumulación de materiales. Se trata de un saber hacer que implica comprender el peso, la forma y la disposición de cada piedra, así como su función dentro del conjunto. Este conocimiento, que no ha sido tradicionalmente codificado en tratados, se ha transmitido mediante la práctica, constituyendo un ejemplo claro de lo que podría denominarse inteligencia técnica popular.
Es precisamente en este punto, donde la obra de Lorenzo Sánchez López alcanza una relevancia excepcional. Frente a aproximaciones superficiales o meramente descriptivas, su trabajo se caracteriza por una voluntad explícita de comprender la lógica interna de estas construcciones y el universo social en el que se inscriben. Su mirada no se limita a registrar formas, sino que indaga en los procesos, en las relaciones y en los significados que las hacen posibles. En este sentido, su aportación puede considerarse fundamental para superar una visión folclorizante de los bombos y situarlos en el lugar que les corresponde dentro de la historia social y cultural de la región.
Uno de los rasgos más destacables de la labor de Sánchez López es su capacidad para integrar distintas perspectivas analíticas sin perder de vista la materialidad concreta de su objeto de estudio. Su aproximación combina elementos de la antropología, la historia y la arquitectura vernácula, pero lo hace desde una atención constante a la experiencia vivida de quienes construyeron y utilizaron los bombos. Esta fidelidad al terreno, entendida no como limitación sino como principio metodológico, le permite evitar abstracciones vacías y construir un discurso sólido, enraizado en la realidad.
Los bombos, tal como él los interpreta, no son elementos aislados, sino componentes de un sistema agrario más amplio. Su localización, su orientación y su relación con otros elementos del paisaje —caminos, lindes, parcelas— responden a una lógica territorial que solo puede comprenderse desde una perspectiva de conjunto. Esta visión sistémica constituye uno de los aportes más valiosos de su trabajo, al permitir entender cómo estas construcciones participan en la organización del espacio y en la articulación de la vida rural.
El proceso de construcción de los bombos, documentado con detalle por Sánchez López, revela además una dimensión social de gran interés. Lejos de ser el resultado de una labor estrictamente individual, su edificación implicaba la colaboración de varios miembros de la comunidad. Este carácter colectivo no solo facilitaba la ejecución material, sino que funcionaba como un mecanismo de transmisión de conocimientos. En la práctica compartida se aprendían las técnicas, se interiorizaban los criterios de selección y disposición de la piedra, y se reproducía un saber que no necesitaba ser escrito para mantenerse vivo.
La estructura misma de los bombos pone de manifiesto la eficacia de este conocimiento empírico. La utilización de la falsa cúpula, mediante la progresiva aproximación de las hiladas, permite cubrir el espacio sin recurrir a soportes adicionales. La inclinación de los muros y la cuidadosa distribución de cargas garantizan la estabilidad del conjunto. Estas soluciones, desarrolladas al margen de la ingeniería académica, evidencian una comprensión práctica de principios físicos fundamentales. En este punto, Sánchez López insiste en la necesidad de reconocer el valor de estos saberes, no como curiosidades del pasado, sino como formas legítimas de conocimiento.
Más allá de su función como refugio, los bombos han desempeñado diversos usos complementarios. Han servido como espacios de almacenamiento, como puntos de descanso y como referencias dentro del paisaje agrario. Esta multiplicidad funcional refuerza su carácter integrado en la vida cotidiana, alejándolos de cualquier consideración como elementos marginales. Para Sánchez López, esta versatilidad es precisamente una de las claves para entender su persistencia a lo largo del tiempo.
Las transformaciones experimentadas por el mundo rural en las últimas décadas han alterado profundamente el contexto en el que surgieron estas construcciones. La mecanización, los cambios en la estructura de la propiedad y el abandono de prácticas tradicionales han reducido su utilidad, favoreciendo su progresivo deterioro. Sin embargo, este proceso ha ido acompañado de una creciente toma de conciencia sobre su valor patrimonial. En este ámbito, la labor de Sánchez López ha sido decisiva, al contribuir a generar un discurso que legitima su conservación desde criterios que van más allá de lo puramente estético.
No obstante, su enfoque se distingue por una actitud crítica frente a ciertas formas de patrimonialización. Sánchez López advierte sobre el riesgo de convertir los bombos en objetos descontextualizados, apreciados únicamente por su apariencia o su potencial turístico. Frente a esta tendencia, insiste en la necesidad de mantener el vínculo entre la construcción y el sistema social que le dio origen. Solo así, sostiene, es posible evitar una conservación vacía de contenido.
En un plano más amplio, su trabajo invita a reflexionar sobre la relación entre conocimiento académico y saber popular. Lejos de establecer una jerarquía entre ambos, Sánchez López propone una lectura que reconoce la complejidad y la validez de las prácticas tradicionales. Esta postura, que implica una cierta crítica a los enfoques dominantes, sitúa su obra en una línea de pensamiento que reivindica el valor epistemológico de la experiencia.
La figura de Lorenzo Sánchez López se revela así como la de un investigador profundamente comprometido con su objeto de estudio. Su trabajo no se limita a la producción de conocimiento, sino que participa activamente en la revalorización de una cultura material que había sido durante mucho tiempo ignorada o subestimada. Esta doble dimensión —analítica y reivindicativa— otorga a su obra una densidad particular, que trasciende los límites de la academia.
No es exagerado afirmar que, gracias a su labor, los bombos tomelloseros han podido ser comprendidos en toda su complejidad. Su capacidad para articular una mirada rigurosa sin perder el vínculo con la realidad concreta constituye uno de los aspectos más notables de su trayectoria. En un contexto en el que el conocimiento tiende a fragmentarse, su obra ofrece un ejemplo de integración y profundidad poco común.
En definitiva, los bombos de piedra seca en Tomelloso no pueden entenderse plenamente sin atender a la interpretación que de ellos hace Lorenzo Sánchez López. Su trabajo no solo ilumina las características técnicas y funcionales de estas construcciones, sino que permite situarlas en un marco más amplio, en el que se entrelazan historia, sociedad y cultura. Al hacerlo, no solo contribuye a su conocimiento, sino también a su reconocimiento.
La preservación de los bombos exige, en consecuencia, algo más que la conservación de sus estructuras físicas. Requiere también la continuidad de los saberes y prácticas que los hicieron posibles. En este sentido, la obra de Sánchez López constituye un referente imprescindible, al ofrecer las herramientas necesarias para comprender, valorar y transmitir este legado. Su figura, lejos de ser accesoria, se sitúa en el centro mismo de cualquier reflexión seria sobre la arquitectura popular en la región.
Querido pueblo de Tomelloso, Alcalde, miembros de la Corporación Municipal, Hermandad, Mayoral de la Romería 2026 (José María González a quien quiero felicitar especialmente), familia, vecinos y vecinas, amigos y amigas.
Hoy me encuentro en este Auditorio, ante vosotros, con el corazón lleno y no sabiendo muy bien qué palabras adecuadas utilizar. Sinceramente, nunca pensé que algún día estaría ocupando este lugar, pronunciando el pregón de nuestra Romería. Me siento profundamente sorprendido… y profundamente agradecido.
Es inevitable pensar en estos momentos en quienes han sido pregoneros en años anteriores, en personas de gran trayectoria y méritos reconocidos. De ahí mi sorpresa por haber sido yo este año la persona elegida para tan importante responsabilidad.
Pero, al mismo tiempo, como digo, también estoy inmensamente agradecido, porque este nombramiento de pregonero de la Romería de mi pueblo me llena de honor y es una satisfacción enorme que llevaré conmigo toda mi vida.
Cuando me senté a escribir este pregón, comprendí enseguida que no iba a ser fácil. No por falta de palabras, sino por todo lo que, con tanto acierto, ya se ha dicho antes. Son muchos los pregones que forman parte de la historia de nuestra Romería, cada uno con su mirada y con su emoción. Y claro, uno intenta no repetirse… pero también entiende que, cuando se habla de lo que se quiere, en este caso de nuestra Patrona, es inevitable acabar sintiendo lo mismo y, en consecuencia, expresando ideas parecidas. Así que decidí dejar a un lado la preocupación por la originalidad y me propuse algo más sencillo: hablar desde el corazón.
Me vais a permitir que comience haciendo una referencia a la Hermandad de la Virgen de las Viñas, a su Junta Directiva actual, con su Presidente Alejandro Ramírez al frente, y a todas las Juntas Directivas anteriores. Muchas personas que han estado ahí colaborando y aportando de forma desinteresada para que todo lo que gira alrededor de nuestra Patrona esté siempre en orden y bien organizado.
Yo también soy hermano de la Hermandad, lo digo con orgullo, porque ser hermano es sentir que perteneces a una historia que empezó mucho antes que tú y que seguirá cuando nosotros ya no estemos. Es contribuir a conservar una tradición que pronto va a ser declarada, no tengo ninguna duda, de interés turístico nacional, y que ya lo es de interés regional. Pero, más allá de títulos y reconocimientos, merecidísimos sin duda, nuestra Romería es, ante todo, interés del corazón e ilusión de cada uno de los hermanos y hermanas de la Hermandad y de cada uno de los tomelloseros y tomelloseras.
Desde hace 81 años, el último domingo de abril no es un día cualquiera en Tomelloso. Es el día en que más de 30.000 corazones laten al mismo compás, el día en que el camino hacia el Santuario se convierte en un río de fe, de alegría y de encuentro.
Pinilla en Romería es el escenario de infinidad de recuerdos para la gente de Tomelloso. Es la imagen de las carrozas de los jóvenes engalanadas de verde, de las reatas de mulas, de las familias compartiendo mantel, de los amigos reencontrándose año tras año. Es el sonido de la música en las tascas, el bullicio de los niños, el fuego y el recogimiento de la procesión de las antorchas. Es la solemnidad y fervor de la Misa de Campaña, del repiqueo de campanillas a la salida de la Virgen de su Santuario camino de Tomelloso.
Y es que en Pinilla cabe todo: el silencio y el jaleo, la oración y el botellín en la tasca, el recogimiento y la música del remolque de al lado. A veces uno intenta rezar… y justo entonces suena una canción que te sabes de memoria. Pero así es nuestra Romería: un lugar donde lo sagrado y lo festivo no se estorban, sino que se acompañan.
Y en medio de todo ese ruido, de toda esa alegría compartida, hay algo que no podemos olvidar, y es que en Pinilla y en la Romería los tomelloseros y las tomelloseras hemos aprendido algo muy importante y es que la fe también hay que celebrarla.
Sí, porque la Romería en honor a Nuestra Santísima Virgen de las Viñas, nuestra Romería, es mucho más que una fiesta, más que cultura o tradición. Es un camino de fe, una peregrinación que nos reúne y un verdadero encuentro con María.
Caminamos hacia Pinilla el último domingo de Abril como aquel día en que el Evangelio nos dice que María se puso en camino y fue aprisa auna ciudad montañosa de Judea para visitar a su prima Isabel. Aquella fue, permíteme el atrevimiento José Ángel, la primera romería cristiana: María caminando, llevando en su seno la esperanza del mundo.
Allí, en el paraje de Pinilla, en ese Santuario que parece abrazar el paisaje manchego, nos espera Ella: la Santísima Virgen de las Viñas. Madre serena, mirada limpia, presencia constante. Allí donde el cielo se abre sobre los campos y la tierra huele a viña y a esfuerzo, Ella nos reúne.
Y cuando nos reúne, no es solo para acogernos bajo su mirada, sino para recordarnos, una vez más, cuál debe ser el camino. Un camino que no ha cambiado con el tiempo y que sigue siendo tan sencillo y tan verdadero como en aquellas bodas de Caná, cuando dijo: “Haced lo que Él os diga”. En estas pocas palabras se resume su Misión: María siempre nos conduce hacia su Hijo.
Por eso nuestra Romería es profundamente religiosa. No caminamos solo para celebrar. Caminamos para rezar. Para dar gracias. Para pedir consuelo. Para renovar nuestra fe.
Cuántas veces hemos llegado a su Santuario con preocupaciones que nos pesaban en el alma. Cuántas veces hemos salido de allí más ligeros, más serenos, más esperanzados. Porque María tiene esa manera silenciosa de sostenernos.
En esta tierra de esfuerzo y vendimia, la advocación de nuestra Patrona lo dice todo: ¡la Virgen de las Viñas! En Tomelloso conocemos muy bien las viñas y sabemos que aquí las viñas no sólo se trabajan sino que también nos enseñan.
Nos enseñan que nada importante nace deprisa y que todo necesita cuidado, constancia y tiempo. Que hay que preparar la tierra, podar, confiar en la lluvia… y saber esperar sin desesperar.
Y, sin embargo, el mundo en el que vivimos actualmente va en dirección contraria. Ahora todo queremos que sea inmediato. Buscamos respuestas rápidas y soluciones al instante. Pretendemos tener resultados sin que haya habido un proceso previo. Vamos deprisa… demasiado deprisa. Y cuando algo se retrasa, nos inquietamos.
Nos pasa en el trabajo, en nuestras casas… y también en la fe.
Pero aquí, en nuestro pueblo, basta mirar la viña para entender que las cosas importantes no funcionan así, porque todo lleva su tiempo. Aquí nadie vendimia al día siguiente de plantar. Aquí nadie recoge en invierno lo que solo puede llegar en septiembre.
Y quizá por eso María, nuestra Virgen de las Viñas, se nos hace tan cercana; porque Ella también supo vivir así, sin prisas y confiando en cada momento, guardando silencios que no entendía, esperando sin exigir y confiando incluso sin tener todas las respuestas.
Mientras nosotros buscamos resultados inmediatos, Ella nos recuerda algo mucho más profundo: que la fe no consiste en correr… sino en confiar.
Todos los que estamos aquí sabemos bien lo que significa sacar adelante un negocio sin certezas, o esperar una noticia que no llega, o confiar en que las cosas mejorarán en casa, o ver cómo un hijo busca su camino, o, simplemente, esperar la llamada del médico.
Sabemos lo que es vivir con el corazón en vilo… y seguir adelante.
Y sí… a veces ese tiempo pesa. Se hace largo. Cuesta.
Pero es ahí donde María nos sostiene.
Porque nos recuerda que esperar no es perder el tiempo. Que Dios también trabaja en lo que no vemos. Que, como la viña, también nuestra vida está dando fruto… aunque todavía no lo veamos.
En medio de tanto ruido, tanta preocupación y tanta prisa, Ella no deja de susurrarnos algo muy sencillo: “No tengáis prisa. Confiad. Yo estoy aquí.”
Pero no solo nos cuesta esperar, a veces también tenemos muchas dificultades para entendernos entre nosotros.
Vivimos tiempos en los que las diferencias, que siempre han existido, parecen hacerse más grandes. Tiempos en los que nos resulta muy complicado escuchar al otro y, a veces, contestamos de mala forma antes de entender bien lo que nos ha querido decir.
Amigos y amigas…tenemos que ser capaces de bajar el tono y abrir más nuestro corazón. No tenemos por qué ser todos iguales y pensar de la misma manera. Si queremos progresar y seguir siendo el gran pueblo que somos, necesitamos rescatar esa paciencia que a veces perdemos y recordar que, por encima de cualquier diferencia, lo que nos une siempre será más fuerte que aquello que intenta separarnos.
Paciencia, espera, confianza, respeto, esfuerzo… ideas y conceptos de los que os estoy hablando y que me sirven de enlace perfecto con otra parte importante a la que quiero hacer referencia en este pregón. Porque si hay algún sitio donde se vive y se comparte con intensidad todo esto es en casa, en la familia. Por ello, quiero compartir con vosotros alguna reflexión sobre mi familia.
Junto a mi mujer, intentamos cada día educar a nuestra hija en lo que nosotros hemos recibido: la fe sencilla, el respeto por nuestras tradiciones y el respeto profundo por los demás. No siempre acertamos, pero lo intentamos con todo el corazón.
Porque si algo deseamos mi mujer y yo es que ella crezca sabiendo que la Virgen de las Viñas no es solo la Patrona de un pueblo, sino que es una Madre que camina con nosotros. Que la Romería no sea para ella solo un recuerdo bonito, sino una raíz firme sobre la que cimentar su vida.
Y quizá ese sea el mayor legado que podemos dejar a nuestros hijos: valores que no pasan, fe que nos da fuerzas y amor por lo que somos.
Esto mismo aprendí yo de mis padres: que la devoción a la Virgen de las Viñas más que proclamarse, hay que vivirla. Mi padre, miembro durante años de la Hermandad, me enseñó con su ejemplo que la fe verdadera en la Virgen no necesita ruido, que se demuestra en el trabajo constante, en el compromiso fiel y en estar siempre cuando hace falta, sin buscar reconocimiento.
Pero es que, además, en mi casa esa devoción viene de más lejos. Viene también de mi abuelo, que ya vivía a la Virgen de las Viñas con esa misma sencillez y entrega.
La vida, en definitiva, me ha regalado el poder crecer en un hogar donde he aprendido, de forma natural y sin imposiciones, que la Virgen de las Viñas va más allá de una costumbre y se convierte en una compañía fundamental en nuestro paso por este mundo.
Papá, hoy este pregón también es el tuyo. Como lo es, de alguna manera, de todos los que nos enseñasteis que la fe se construye día a día, con gestos sencillos y con una fidelidad que no se ve, pero que lo sostiene todo.
Y permitidme que hoy, sin nombrarlos, tenga también muy presentes a tantos hombres y mujeres de Tomelloso que ya no están, pero que dedicaron su vida a este pueblo, a sus tradiciones y a su Virgen. Personas que entendieron que un pueblo no se mantiene solo con proyectos y obras, sino con valores, con identidad y con raíces profundas.
Estoy seguro de que, desde donde estén, hoy contemplan con alegría cómo Tomelloso sigue caminando hacia Pinilla, cómo la Virgen de las Viñas sigue convocando a miles de personas bajo su manto, y cómo esta Romería sigue viva en el corazón de todos nosotros.
Queridos amigos y amigas, María nos dejó en el Evangelio el Magníficat: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Y eso es lo que hacemos, en el fondo, en nuestra Romería: decir juntos que Dios ha estado grande con nosotros, que seguimos adelante a pesar de las dificultades y que Él sigue muy presente hoy en nuestras vidas.
Y precisamente en esa presencia de Dios en lo cotidiano, en lo sencillo, es donde yo he aprendido algunas de las lecciones más importantes de mi vida.
Llevo 28 años trabajando con personas con discapacidad y, a lo largo de todo este tiempo, he aprendido algo muy sencillo, pero profundamente importante: la grandeza de una sociedad se mide en cómo mira, cómo trata y cómo cuida a quienes más lo necesitan.
He aprendido que cada persona, sin excepción, tiene una dignidad infinita. Que todos tenemos algo que aportar. Que todos necesitamos ser acogidos, comprendidos y queridos.
Y al mirar nuestra Romería veo todo esto reflejado; porque es un espacio donde todos tenemos sitio y nadie queda fuera. En la Romería no hay diferencias que nos distancien, solo caminos que convergen, porque frente a nuestra Madre desaparecen las distinciones: ahí todos somos iguales, todos somos sus hijos.
Ojalá sepamos vivir también así el resto del año: construyendo un pueblo donde nadie se quede atrás, donde la fragilidad no sea un límite, sino una llamada a ser mejores, más humanos, más solidarios.
Porque, en el fondo, una Romería verdadera también se mide en eso: en cómo miramos al que camina a nuestro lado.
Y ahora permitidme también que me dirija de manera muy especial a quienes sois presente y futuro de esta Romería, a los jóvenes de Tomelloso. ¡Es imposible en Romería no fijarse en vosotros! En esos tractores y remolques llenos de vida, engalanados con ramas de verde, en esa alegría que se desborda durante todo el día en el recinto de Pinilla. En la música, en los bailes, en las risas compartidas.
Porque todo eso también forma parte de nuestra Romería. Esa alegría vuestra es necesaria. Es hermosa. Es signo de un pueblo que está vivo.
Pero hay un momento el Domingo de Romería en el que todo cobra un sentido más profundo y es cuando la Virgen sale del Santuario y comienza el camino hacia Tomelloso. Cuando esos mismos tractores, esas mismas canciones y esas mismas voces se ponen en marcha detrás de Ella.
Y ahí está lo importante.
Porque, casi sin daros cuenta, estáis haciendo algo muy grande: estáis acompañando a una Madre. Estáis caminando juntos, como pueblo, detrás de quien nos une, nos cuida y nos guía.
Ojalá sepáis descubrir que ese camino no es solo la alegría y el bullicio durante esos cinco kilómetros que separan Pinilla de Tomelloso. Que sepáis que ese camino es una forma de vivir. Que también en la vida, entre la música, la amistad, la fiesta y los sueños, merece la pena preguntarse hacia dónde caminamos y a quién seguimos.
Ojalá nunca perdáis la alegría, pero tampoco el rumbo y que seáis conscientes que la alegría más grande no está en la fiesta que pasa, sino en la fe que permanece.
Concluyo este Pregón con esta oración dirigida a nuestra Madre de las Viñas:
Que nuestro Santuario sea siempre casa abierta. Que nuestra fiesta nunca eclipse nuestra fe. Que la alegría no nos haga perder la reverencia.
Madre Santísima de las Viñas, Señora de Pinilla, Reina humilde de nuestros campos y de nuestras casas:
Hoy tu pueblo se pone a tus pies.
Míranos, Madre. Mira a este pueblo trabajador, sencillo y creyente. Mira nuestras manos, acostumbradas al esfuerzo. Mira nuestros corazones, necesitados de esperanza.
Como en Caná, intercede por nosotros cuando falte el vino de la alegría. Como en la Visitación, enséñanos a ponernos en camino para servir. Como al pie de la Cruz, danos fortaleza en la hora del dolor.
Cubre con tu manto a nuestros mayores. Protege a nuestros niños y jóvenes. Sostén a los enfermos y a quienes viven momentos de dificultad. Ilumina a quienes tienen la responsabilidad de gobernar y servir. Y no permitas que nunca se apague en Tomelloso la llama de la fe.
Haz que cada Romería sea un encuentro verdadero con tu Hijo. Que cada paso hacia tu Santuario sea un paso hacia Dios. Que cada aplauso, cada canto y cada alegría nazcan de un corazón agradecido.
Madre nuestra, si alguna vez flaqueamos, levántanos. Si nos alejamos, llámanos. Si dudamos, fortalécenos.
Y cuando termine el camino de nuestra vida, condúcenos de tu mano hasta la Casa del Padre.
Porque somos tuyos. Porque confiamos en Ti. Porque eres y serás siempre la Madre de las Viñas y la Madre de Tomelloso.
Que cuando el Domingo de Romería volvamos por la noche a nuestras casas, algo haya cambiado dentro de nosotros. Que no regresemos iguales.
Que llevemos a nuestras familias más paciencia. A nuestro trabajo más honestidad. A nuestras calles más respeto y un poco más de capacidad para entendernos.
Porque si la Romería no transforma el corazón… se queda en paisaje. Y nosotros no somos un paisaje.
Somos un pueblo. Un pueblo creyente que camina. Un pueblo que, año tras año, vuelve a Pinilla… porque sabe que allí le espera su Madre.
Y por eso, cuando dentro de unos días volvamos a hacer el camino, cuando el polvo se levante bajo nuestros pasos, cuando suenen las campanillas y la Virgen de las Viñas salga a nuestro encuentro,
recordad esto: no caminamos solos.
Caminamos con Ella. Caminamos como pueblo. Caminamos con fe.
Y mientras haya un tomellosero o una tomellosera dispuesto a hacer ese camino, mientras haya una familia que enseñe a sus hijos a mirar a la Virgen, mientras haya un corazón que rece en silencio al pasar por su Santuario,
la Romería seguirá viva. Tomelloso seguirá en pie. Y la Virgen de las Viñas seguirá reinando en nuestros campos… y en nuestras vidas.
Con el corazón lleno y la fe renovada, digo alto y claro
Escaparse entre semana al Parque Natural de las Lagunas de Ruidera se ha convertido en una experiencia cada vez más valorada por quienes buscan tranquilidad y contacto directo con la naturaleza. Lejos de las aglomeraciones habituales de fines de semana y festivos, visitantes destacan estos días la posibilidad de recorrer el entorno “casi en soledad”, en un momento en el que el enclave presenta además un aspecto especialmente esplendoroso.
El incremento del nivel del agua ha transformado notablemente el paisaje. La laguna Redondilla se encuentra “a rebosar” y el resto del conjunto muestra una imagen de gran vitalidad, con cascadas en pleno funcionamiento que recorren el paraje generando un sonido constante que, según los visitantes, resulta “tan impresionante como relajante”.
El recorrido por la carretera CM-3115, que atraviesa buena parte del parque, permite enlazar algunos de los puntos más emblemáticos, desde el Hundimiento hasta el conocido Baño de las Mulas. A lo largo de este trayecto, la sensación general es que “siempre se queda corto el tiempo”, invitando a explorar más rincones de este espacio natural protegido.
Sin embargo, junto a la belleza del entorno, también se lanza un mensaje claro dirigido a quienes acuden a disfrutar de él. “Si pasas por aquí, que solo queden tus huellas”, reclaman, insistiendo en la importancia de recoger los residuos y respetar el entorno para garantizar su conservación.
Un motorista de 49 años ha fallecido este sábado tras sufrir una salida de vía en el término municipal de Higueruela (Albacete), según han informado fuentes del Servicio de Emergencias 112 de Castilla-La Mancha.
El aviso del siniestro se recibió a las 18.52 horas en el kilómetro 9 de la carretera AB-215. Hasta el lugar se desplazaron los servicios sanitarios, que no pudieron hacer nada por salvar la vida del conductor.
Desde el 112 han señalado que “los servicios sanitarios solo han podido confirmar el fallecimiento del motorista”, sin que hayan trascendido más datos sobre las circunstancias del accidente.
El auditorio del Museo López Torres se llenó este sábado hasta colgar el cartel de aforo completo para acoger el pregón con el que Tomelloso ha abierto oficialmente la Romería 2026 en honor a la Virgen de las Viñas. Fue una noche de emoción contenida, de sentimiento compartido y de reafirmación colectiva de una de las celebraciones más queridas de la ciudad, en un acto al que asistieron miembros de la Hermandad, el alcalde Javier Navarro, integrantes de la corporación municipal, además de familiares y amigos del pregonero y del mayoral.
Conducido por Pedro García, miembro de la Hermandad de la Virgen de las Viñas, el acto arrancó con una bienvenida que situó el sentido de la cita: el pistoletazo de salida de “la fiesta más importante para nuestra hermandad y para todo el pueblo de Tomelloso”. García explicó además el adelanto en la fecha del pregón, una decisión tomada tras lo ocurrido el año pasado, cuando la coincidencia con San Marcos dejó la ermita de Pinilla sin presencia suficiente de la junta directiva. “Creemos firmemente que con este adelanto de la fecha del pregón, cualquiera que acuda desde ahora a Pinilla los viernes de romería sentirá que tiene siempre a alguien de esta Junta Directiva a su disposición”, señaló.
La primera parte del acto estuvo marcada por la presentación del pregonero, Bernabé Blanco Lara, a quien Pedro García definió desde su dimensión profesional, personal y religiosa. Destacó su trabajo al frente de AFAS, su implicación con la inclusión de las personas con discapacidad y también su labor como catequista. Pero, sobre todo, dibujó el perfil de un hombre profundamente vinculado a Tomelloso. “Es un gran honor y un placer presentar como pregonero de la Romería 2026 a don Bernabé Blanco Lara”, anunció antes de dar paso a una de las intervenciones más celebradas de la noche.
Bernabé Blanco subió al atril desde la emoción y también desde la humildad. “Me siento profundamente sorprendido y profundamente agradecido”, confesó al comienzo de un pregón en el que renunció a cualquier artificio para hablar “desde el corazón”. Su intervención fue una reflexión serena y muy personal sobre el sentido profundo de la romería, sobre la fe heredada y sobre la identidad de un pueblo que cada último domingo de abril se pone en camino hacia Pinilla.
Blanco quiso detenerse en el valor espiritual y popular de la romería, en esa convivencia tan tomellosera entre el recogimiento y la fiesta. “En Pinilla cabe todo, el silencio y el jaleo, la oración y el botellín en la tasca, el recogimiento y la música del remolque de al lado”, dijo, en una de las frases que mejor resumieron el tono del pregón. Lejos de ver una contradicción, el pregonero presentó esa convivencia como una seña de identidad: “La fe también hay que celebrarla”.
A lo largo de su intervención fue tejiendo una idea central: la devoción a la Virgen de las Viñas como escuela de paciencia, de espera y de confianza. Apoyándose en la imagen de la viña y en la cultura del esfuerzo tan presente en Tomelloso, recordó que “nada importante nace deprisa y que todo necesita cuidado, constancia y tiempo”. Frente a la inmediatez de la vida actual, defendió una fe sin prisas, arraigada y madura. “La fe no consiste en correr, sino en confiar”, afirmó.
Hubo también espacio para una mirada social y humana, muy ligada a su propia trayectoria vital y profesional. Tras recordar sus 28 años trabajando con personas con discapacidad, dejó una de las reflexiones de mayor calado de la noche: “La grandeza de una sociedad se mide en cómo mira, cómo trata y cómo cuida a quienes más lo necesitan”. Y desde ahí enlazó con la romería como lugar de encuentro y de igualdad: “Frente a nuestra madre desaparecen las distinciones. Ahí todos somos iguales, todos somos sus hijos”.
El pregón ganó aún más temperatura emocional cuando Bernabé Blanco habló de su familia. Evocó la fe sencilla recibida de sus padres, la devoción vivida en casa y la transmisión de esos valores a su hija. “Papá, hoy este pregón también es tuyo”, dijo en uno de los momentos más sentidos de la velada. También dirigió palabras a los jóvenes, a quienes animó a vivir la alegría de la romería sin perder de vista su sentido más profundo: “Ojalá nunca perdáis la alegría, pero tampoco el rumbo”.
La parte final de su discurso se convirtió en una oración a la Virgen de las Viñas, una súplica por el pueblo, por las familias, por los enfermos, por los gobernantes y por quienes atraviesan dificultades. Cerró su intervención apelando a la capacidad transformadora de la romería: “Si la romería no transforma el corazón, se queda en paisaje y nosotros no somos paisaje, somos un pueblo”. Y culminó, como no podía ser de otro modo, con un encendido “¡Viva la Virgen de las Viñas!”, respondido con fuerza por el auditorio.
Tras el pregón llegó otro de los momentos centrales del acto con la presentación del mayoral de la Romería 2026, José María González Mezcua. De nuevo fue Pedro García quien tomó la palabra para subrayar su trayectoria de servicio y entrega a la Hermandad, su vinculación al campo y su disponibilidad constante en cuantos actos ha sido requerido. Lo definió como “un hombre enormemente entregado a esta hermandad” y destacó su participación en concursos, tareas organizativas y su permanente cercanía a la Virgen.
Ya investido como mayoral, José María González Mezcua agradeció el nombramiento visiblemente emocionado. “Es para mí un inmenso honor y una emoción difícil de expresar haber sido elegido Mayoral de nuestra Romería 2026”, comenzó diciendo. Su intervención tuvo un tono íntimo, de gratitud y memoria, con un recuerdo constante a la fe aprendida en el hogar. “Si hoy estoy aquí es en gran parte gracias a la devoción que vi desde niño”, señaló, evocando especialmente a sus padres y la semilla de fe que plantaron en él.
El nuevo mayoral agradeció el trabajo de la actual junta directiva y puso en valor a quienes cuidan cada día de la Virgen y de su ermita. Tuvo palabras expresas para Félix Godoy y las servidoras de la Virgen, por esa labor callada y constante “de forma totalmente desinteresada”. También recordó a personas ya fallecidas muy ligadas a su trayectoria en la Hermandad, como Loren y Román, en una intervención atravesada por el cariño y el sentimiento de pertenencia.
En la recta final del acto intervino Alejandro Ramírez, presidente de la Hermandad Virgen de las Viñas, que fue el encargado de cerrar la parte de intervenciones. Comenzó felicitando tanto a Bernabé Blanco como a José María González Mezcua por sus respectivos nombramientos, destacando del pregonero “este magnífico pregón lleno de sentimiento” y subrayando del mayoral su entrega constante y su profunda devoción a la patrona.
Ramírez puso además el acento en el momento que vive la romería, recordando el trabajo que se está realizando para lograr su declaración de Interés Turístico Nacional, aunque quiso ir más allá al insistir en que el verdadero sentido de la celebración debe seguir estando en la fe. En este sentido, recuperó una idea trasladada por el consiliario días atrás, apelando a que Tomelloso aspire también a una “verdadera declaración de interés turístico espiritual”.
La noche incorporó después un giro musical con la actuación del grupo Hakuna de Bolaños de Calatrava, presentado como pregonero musical de 2026. Antes de su intervención, Pedro García destacó su forma de vivir la fe “con entusiasmo” y su capacidad para reunir oración, música, formación y comunidad.
Entre canción y canción, varios de sus integrantes compartieron vivencias personales y explicaron el sentido de algunos temas. Uno de ellos recordó cómo un instante en Pinilla marcó su vida: “En un segundo te puede cambiar la vida”, dijo antes de relatar que allí decidió ser monaguillo. Otro subrayó que, incluso en los momentos de oscuridad, “el Señor te ama con locura, te ama inmensamente”. La música de Hakuna, muy aplaudida por el público, acabó de redondear una velada en la que la fe se expresó también en forma de canción.
Con el público puesto en pie para entonar el himno a la Virgen de las Viñas, el acto concluyó entre vítores y aplausos, con Pedro García deseando a todos una “magnífica romería” y con el auditorio respondiendo al unísono. Así, entre palabras cargadas de emoción, recuerdos familiares, testimonios de fe y música compartida, Tomelloso abrió la puerta de su semana grande mirando ya a Pinilla y a ese camino que, un año más, volverá a reunir a todo un pueblo tras su patrona.
Un menor de tres años ha sido rescatado tras caer a un pozo de quince metros de profundidad en la localidad toledana de Turleque, según han confirmado a Europa Press fuentes del 112 de Castilla-La Mancha.
El aviso al servicio de emergencias se recibió a las 13:32 horas en una finca situada en la calle Cristo del municipio. Hasta el lugar se desplazaron efectivos de la Guardia Civil y bomberos de Villacañas, que participaron en el operativo de rescate.
Una vez atendido en el lugar, el menor fue trasladado en una UVI al Hospital Universitario de Toledo.
Por el momento no han trascendido más detalles sobre su estado de salud ni sobre las circunstancias en las que se produjo el suceso.
Más de 200 alumnos del Colegio Embajadores de Tomelloso han participado esta semana en una iniciativa educativa promovida por la Asociación de Amigos de las Cuevas, con el objetivo de acercar a las nuevas generaciones uno de los elementos más representativos del patrimonio local: las cuevas subterráneas.
La actividad, desarrollada a lo largo de varias jornadas, ha permitido a estudiantes de distintos cursos adentrarse en estos espacios excavados bajo tierra, estrechamente ligados a la tradición vitivinícola del municipio. Durante las visitas, los alumnos han conocido cómo estas cuevas fueron fundamentales para la elaboración y conservación del vino, así como su papel en el desarrollo económico y social de Tomelloso.
El recorrido ha estado guiado por el presidente de la asociación, Jesús Andújar, quien ha explicado a los jóvenes tanto el proceso de construcción como la importancia histórica de estos espacios. “Es fundamental que las nuevas generaciones conozcan y valoren este patrimonio único”, trasladó Andújar durante las visitas, subrayando la singularidad de las cuevas dentro del conjunto de Castilla-La Mancha.
Desde la Asociación de Amigos de las Cuevas destacan que este tipo de iniciativas no solo buscan divulgar la historia local, sino también fomentar la concienciación sobre la necesidad de conservar este legado. “Queremos que los jóvenes entiendan que estas cuevas forman parte de su identidad y que su պահպանación es responsabilidad de todos”, añadió el presidente.
La propuesta tendrá continuidad en las próximas semanas con la participación de otros centros educativos de la localidad, dentro de una estrategia más amplia para consolidar las cuevas como uno de los principales atractivos culturales y turísticos de Tomelloso.