El Auditorio del Museo López Torres ha acogido este domingo uno de esos actos en los que el protocolo acaba cediendo terreno a los recuerdos, a las familias, a los amigos y a esa emoción difícil de contener cuando alguien vuelve al lugar del que, en realidad, nunca terminó de marcharse. El acto institucional de reconocimiento a los Tomelloseros Ausentes ha distinguido este año a Fausti Moreno Perona y José Luis Bódalo Rodríguez, dos trayectorias muy diferentes unidas por una misma raíz y por una manera especialmente intensa de llevar Tomelloso consigo.
La ceremonia, presentada por la concejala de Cultura, Inés Losa, comenzó precisamente hablando de regresar. De regresar a las calles conocidas, a los nombres, a los recuerdos y a los afectos. Porque esa es, en buena medida, la esencia de esta distinción: reconocer a quienes hicieron su vida lejos de Tomelloso sin romper jamás ese “hilo invisible” que sigue uniéndolos a su pueblo.
“Habéis vuelto, aunque nunca os marchasteis”, resumió Losa antes de recordarles algo todavía más sencillo: “esta sigue siendo vuestra casa”.
La música acompañó desde el principio una mañana especialmente emotiva, con Mariela Blanco al piano y Natalia López a la flauta, encargadas de poner sonido a un homenaje que tuvo precisamente en la música una de sus grandes protagonistas.
Fausti Moreno, “la vecina de la sal” de la música de Tomelloso

Hablar de Fausti Moreno fue hablar, inevitablemente, de música. Pero también de familia, amistad, generosidad y servicio a los demás.
Inés Losa recordó una expresión que la propia homenajeada le había regalado durante las conversaciones previas al acto. Fausti se había definido como “la vecina de la sal del auditorio”.
La imagen terminó convirtiéndose en una de las mejores definiciones de su trayectoria. Esa vecina a cuya puerta se llama cuando falta algo y que siempre encuentra la manera de ayudar.
Durante décadas ocurrió exactamente así.
“Fausti, faltan unos atriles”. Allí estaba Fausti.
“Fausti, ¿tendrás esta partitura?”. Allí estaba Fausti.
“Fausti, necesitamos unas sillas para el escenario”. Allí estaba Fausti.
Porque, como explicó Losa, ser la vecina de la sal no consiste únicamente en tener aquello que otro necesita. Consiste, sobre todo, en estar.
Antes de la intervención de su padrino se proyectaron numerosos mensajes de personas queridas que no habían podido acudir. Amigos, compañeros y familiares recordaron su pasión por la música, su trabajo durante tantos años al frente de La Lira, su dedicación a la Asociación Promúsica Guillermo González y una personalidad marcada por la disponibilidad permanente para ayudar.
Entre los mensajes hubo incluso unos versos escritos expresamente para ella:
“Do, re, mi, fa, sol, la, si…
Así se hablaba en La Lira,
así lo recuerdo yo.
No te ausentes demasiado,
no te alejes, por favor”.
Miguel Huertas: una vida reconstruida desde la amistad

Su padrino, Miguel Huertas Torres, realizó uno de los retratos más completos y personales de la mañana.
Comenzó recordando, con humor, que para recibir este reconocimiento había que cumplir dos requisitos: haberse marchado de Tomelloso y, además, “portarse bien por ahí”. Pero inmediatamente señaló que, si Fausti acumulaba méritos para ser reconocida como ausente, todavía más había conseguido durante todos los años en los que estuvo presente en Tomelloso.
Huertas reconstruyó más de medio siglo de amistad.
Recordó incluso el día en que conoció a Fausti: el de su boda con Pablo López Sánchez, en la parroquia de la Asunción. Ella vestía de blanco y los invitados fueron después andando hasta el Casino de San Fernando.
A partir de ahí fue recorriendo tres dimensiones esenciales de su vida: esposa, madre y empresaria.
De su matrimonio con Pablo destacó una relación de cincuenta años llena de encuentros familiares, comidas, viajes y amistades compartidas. De su condición de madre recordó hasta qué punto vivió la marcha de sus tres hijos a la Escolanía del Valle de los Caídos. Primero Julián, después Javier y finalmente Pablo. Cada domingo, Fausti recorría la distancia necesaria para volver a estar junto a ellos.
Aquel vacío doméstico acabaría siendo, paradójicamente, una de las semillas de una nueva etapa.
Huertas recordó cómo comenzaron los estudios musicales de sus hijos y cómo algo aparentemente tan pequeño como la dificultad para encontrar repuestos para un clarinete contribuyó al nacimiento de La Lira.
Fausti comenzó sin experiencia comercial en ese mundo y terminó convirtiéndose en una referencia para músicos, bandas, conservatorios y aficionados de toda la comarca y de buena parte de España.
“De un negocio absolutamente desconocido pasó a ser consejera de profesionales, artistas y aficionados”, explicó su padrino.
La tienda fue mucho más que una tienda.
Era punto de encuentro, lugar de conversación, almacén improvisado para necesidades musicales urgentes y, durante años, auténtica sede de hecho de buena parte de la actividad musical de Tomelloso.
Huertas recordó también que la Asociación de Empresarios reconoció a Fausti como Empresaria del Año en 1992, y repasó después su papel decisivo en la creación y funcionamiento de la Asociación Promúsica Guillermo González.
Aunque inicialmente dudó de su capacidad para presidirla, en realidad, apuntó su padrino, ella llevaba mucho tiempo siendo “casi el centro” de todo: hablaba con los artistas, negociaba actuaciones, los recibía, prestaba atriles, banquetas, sillas, partituras e incluso instrumentos cuando era necesario.
“No se creía capaz, pero resolvía todo”, resumió.
Miguel Huertas terminó su intervención con una anécdota que provocó las risas del auditorio. Ya instalada en Madrid, Fausti comenzó a hacer gimnasia y una monitora le comentó que, pese a no haber practicado deporte anteriormente, conservaba una buena musculatura.
Su respuesta fue absolutamente suya:
“Ea, será de tanto acarrear pianos”.
Fausti y el significado de “tomellosear”

Tras recibir el reconocimiento de manos del alcalde, Javier Navarro, Fausti tomó la palabra visiblemente emocionada.
Lo primero fue agradecer a Miguel Huertas el recorrido que acababa de hacer por su vida.
“Nos conocemos tanto que hemos hecho un calco de los últimos cincuenta años”, le dijo, asegurando que guardaría sus palabras para siempre en el corazón.
Después llegó uno de los momentos más íntimos de toda la ceremonia.
Fausti explicó que, diez años atrás, su amiga Mari Ortiz Setién había dicho en este mismo escenario que se marchó de Tomelloso por amor.
Ella, confesó, se había ausentado “por todo lo contrario”.
Hace seis años, la enfermedad de su marido obligó al matrimonio a trasladarse a Madrid para recibir tratamiento. Pablo falleció posteriormente y Fausti puso cifras a una ausencia que sigue contando día a día:
“Desde hace cuatro años y medio me falta la mitad de mi latido”.
Reconoció que regresar a Tomelloso continúa siendo doloroso.
Le duele entrar en casa. Le duele recorrer las calles. En cada rincón aparece la ausencia de quien compartió con ella toda una vida.
Y, sin embargo, vuelve.
Vuelve una y otra vez.
Fue entonces cuando explicó uno de los conceptos más hermosos de la mañana: qué significa “tomellosear”.
“Necesito tomellosear, que es ese verbo tan nuestro que solo entendemos a fondo, de verdad, cuando estamos fuera. Esa necesidad imperiosa de respirar este aire, de hablar con nuestra gente y de volver a sentirnos en casa”.
Tomellosear, en sus palabras, dejó de ser simplemente una expresión local para convertirse en una forma de pertenencia. La necesidad física y emocional de regresar al paisaje, a las voces y a los afectos que construyeron una vida.
Fausti recordó que nació y creció en Tomelloso y que hasta hace apenas seis años todas sus jornadas transcurrieron en estas calles.
Sus padres fueron tomelloseros. Sus abuelos y bisabuelos también. Gracias a una investigación genealógica realizada por su sobrina Eloísa sabe ahora que lleva en sus venas siete generaciones de tomelloseros, “arraigadas a esta tierra de vino y de esfuerzo”.
Sus recuerdos infantiles regresaron entonces a los alrededores del propio Museo López Torres: los antiguos cines de verano, el parque de bomberos que ocupaba el edificio, el colegio de niñas de doña Pilar Valentín en la calle Lepanto y una glorieta convertida entonces en territorio de juegos.
También evocó la tienda y taller de bicicletas y motocicletas de su padre y la posterior trayectoria de su hermano Pepe, vinculado al ciclismo manchego y a las Rutas del Vino.
La historia de La Lira
Buena parte de su intervención estuvo dedicada a reconstruir la historia de La Lira, inseparable ya de la memoria musical de Tomelloso.
Todo comenzó en 1982.
Su hijo Javier estudiaba clarinete y romper una caña suponía un verdadero problema porque en Tomelloso no había dónde comprar recambios.
Después de uno de aquellos pequeños dramas domésticos, el niño soltó enfadado:
“De mayor voy a poner una tienda de música”.
Aquella frase llevó a sus padres a hacerse una pregunta: ¿cuántas familias de Tomelloso se encontrarían exactamente en la misma situación?
De aquella necesidad nació La Lira.
La tienda estaba en la planta baja de su propia vivienda y negocio y familia se mezclaban continuamente. Los clientes podían aparecer a cualquier hora buscando una cuerda, aceite para una trompeta o cualquier pieza necesaria para seguir tocando.
Fausti recordó especialmente una Semana Santa en la que, a las tres y media de la madrugada, un penitente llamó desesperado porque se habían roto las baquetas de su tambor en plena procesión.
Fausti abrió la tienda.
Y el penitente pudo regresar a la Procesión del Silencio.
Desde aquel establecimiento vio crecer a bandas, agrupaciones musicales, rondallas, grupos de rock, coros y danzas. Llegó a suministrar instrumentos a conservatorios, escuelas y colegios de distintos lugares de España.
Entre ellos estaba el Colegio Nuestra Señora de los Rosales, donde estudiaban entonces Leonor y Sofía.
Cada vez que mandaba allí un paquete, recordó con una sonrisa, pensaba:
“¿Estará tocando una de mis flautas una infanta de España?”
Promúsica y los grandes nombres que llegaron a Tomelloso
Fausti recordó también con especial orgullo la actividad de la Asociación Promúsica Guillermo González.
La iniciativa surgió del entorno del Conservatorio y de un grupo de personas empeñadas en conseguir que Tomelloso pudiera disfrutar de intérpretes de primer nivel.
En 1997 tomó forma oficialmente la asociación.
Eligieron el nombre del prestigioso pianista Guillermo González, amigo de la familia y estrechamente vinculado a Tomelloso. El propio músico les había aconsejado que pusieran a la asociación el nombre de un artista vivo y ellos decidieron proponérselo directamente.
El primer concierto se celebró en junio de 1997 precisamente en el Auditorio López Torres.
Después llegaron artistas de enorme prestigio. Fausti citó, entre otros, a Joaquín Soriano, Ara Malikian, María Rosa Calvo Manzano, diferentes agrupaciones de cámara y al propio Guillermo González.
La asociación disponía además de un secreto infalible: después de cada concierto invitaban a cenar a los músicos.
No podían pagar grandes cachés, pero conseguían algo quizás todavía más importante: que los artistas se sintieran queridos y desearan regresar a Tomelloso.
Aquella actividad recibió reconocimientos como el Viñador del año 2000 y otros premios vinculados a la cultura y los espectáculos.
Fausti recordó con cariño a las diferentes juntas directivas y lamentó que finalmente, en 2021, la edad y la salud obligaran a aquella generación a dar un paso al lado.
Una familia que habla el idioma de la música
La música, explicó Fausti, terminó impregnándolo absolutamente todo.
Sus tres hijos han estado vinculados a ella y su hijo Pablo se dedicó profesionalmente a este mundo como profesor de conservatorio y músico de orquesta.
La semilla llegó también a los siete nietos.
De ahí que las reuniones navideñas de la familia puedan terminar con diez o doce instrumentos sonando al mismo tiempo.
Para ilustrar hasta qué punto la música se ha convertido en el idioma común de los suyos, contó una escena vivida durante un viaje familiar a Marruecos.
Se perdieron en las montañas del Atlas. Después de tres horas, con cansancio, calor y los nervios a flor de piel, uno de sus hijos dio una nota.
Los catorce comenzaron a cantar a tres voces.
Y la tensión desapareció.
“Donde hay música no puede haber cosa mala”, recordó Fausti parafraseando al Quijote.
Su despedida condensó toda su intervención:
“Hoy, aunque no vivo aquí y me falta la mitad de mi latido, mi corazón sigue y seguirá estando siempre en Tomelloso”.
Todavía quedaba una última sorpresa. Entre el público se encontraba el propio Guillermo González, cuya presencia terminó de redondear una parte del acto cargada de emoción.
José Luis Bódalo, una vida de servicio a miles de kilómetros de casa
Llegó después el turno de José Luis Bódalo Rodríguez.
Inés Losa reconoció que no lo conocía personalmente hasta la preparación de este acto, pero explicó que hubo un episodio de su trayectoria que le había impresionado especialmente: su actuación durante el terremoto de Haití de 2010.
En aquellos días de devastación, cuando tuvo la posibilidad de regresar a España, José Luis decidió quedarse.
“Yo me quedo hasta terminar mi misión”, recordó Losa que había declarado entonces.
La concejala destacó esa vocación de servicio, una constante en una carrera desarrollada en distintos destinos internacionales y vinculada siempre a la protección de los demás.
Antes de la intervención de su padrino se proyectó un mensaje desde la Policía Nacional, en el que se puso en valor su profesionalidad, su amistad y una vida dedicada al servicio.
Miguel Ángel Moraleda: “Donde fuiste, triunfaste, y quien te conoció te quiso”

El encargado de apadrinar a José Luis fue Miguel Ángel Moraleda, amigo desde la infancia.
Y su discurso aportó una mirada distinta: la del amigo que conoció al homenajeado mucho antes de que existieran los destinos internacionales, las misiones de seguridad o los reconocimientos profesionales.
Recordó las bicicletas de la infancia —la de José Luis era verde—, el paso de ambos por el colegio de los Padres Carmelitas, los viajes, las bodas, los nacimientos, las pérdidas y una amistad que ha atravesado décadas.
Moraleda explicó que el reconocimiento de Tomellosero Ausente “no habla solamente de distancia”, sino de raíces, recuerdos y de un vínculo con la tierra capaz de resistir cualquier cantidad de kilómetros.
Y, en el caso de José Luis, esos kilómetros han sido muchos.
Recordó sus destinos en Cuba, Irak, Rusia, América y otros numerosos puntos del mundo, lugares en los que, dijo, siempre aparecía una misma declaración:
“Aquí estoy yo, que soy de Tomelloso”.
Su padrino reveló además dos elementos que José Luis ha llevado con frecuencia consigo por el mundo: harina para preparar gachas y una botella de vino de Tomelloso.
“No son una anécdota —vino a decir—, forman parte de su esencia”.
Moraleda dibujó a su amigo como una persona “entrañable y afectuosa”, de corazón noble, generosa, servicial y siempre dispuesta a ayudar.
“Trabajador incansable, de los que nunca conocieron la pereza”, señaló antes de pronunciar una de las frases más rotundas de su intervención:
“Donde fuiste, triunfaste, y quien te conoció te quiso”.
Hubo también espacio para Esther, esposa de José Luis, a quien el padrino agradeció su compañía y “su santa paciencia”, y para recordar hasta qué punto aquella amistad había influido incluso en las decisiones vitales del propio Moraleda.
Fue José Luis quien un día le avisó de que necesitaban ingenieros de Caminos en la Junta. Treinta años después, Moraleda continúa trabajando allí.
Y también fue José Luis quien estuvo detrás de otras circunstancias personales que terminaron cruzándose con su propia historia familiar.
Para explicar por qué aquel homenaje tenía tanto sentido, el padrino formuló una idea que atravesó toda la ceremonia:
“Uno puede marcharse de Tomelloso, pero Tomelloso nunca termina de marcharse de uno”.
José Luis Bódalo: qué significa ser tomellosero

Tras recibir su reconocimiento, José Luis comenzó su discurso dando las gracias al Ayuntamiento, autoridades, amigos, esposa, hijos y hermanos.
Pero reservó un recuerdo especialmente emocionado para sus padres.
Aunque ya no estaban físicamente allí, aseguró sentirlos muy presentes.
“Todo lo que soy se lo debo en gran medida a ellos”, afirmó.
Para Bódalo, recibir la distinción de Tomellosero Ausente supone uno de los mayores honores posibles porque “no existe reconocimiento más valioso que el que te concede tu propio pueblo”.
Y comenzó entonces un viaje hacia atrás.
Las calles de la infancia.
Los juegos hasta el anochecer.
Las tardes de verano.
Los mayores sentados a las puertas de las casas.
La Feria.
La Romería.
La verbena del barrio del Carmen.
Y sus años en el colegio de los Padres Carmelitas, el “Colegio de los Curas”, donde recordó haber aprendido esfuerzo, disciplina, compañerismo, responsabilidad, honestidad y respeto.
Después llegó la Policía Nacional.
Su primer destino fue Toledo y comenzó así una carrera que se prolongaría durante 45 años y que lo llevaría a vivir y trabajar en más de 60 países.
Conoció culturas distintas, escenarios de enorme belleza y otros devastados por la pobreza, los conflictos armados o catástrofes naturales.
Pero había una respuesta que no cambiaba nunca.
Cuando alguien le preguntaba de dónde era, respondía:
“Soy de Tomelloso”.
Y junto al nombre del pueblo viajaba también una manera de vivir.
Bódalo recordó que, después de recorrer medio mundo, pocas cosas siguen gustándole tanto como una sartén de gachas acompañada de un vino de Tomelloso.
Las preparó en numerosos países para personas que nunca habían oído hablar de su localidad.
Alrededor de aquellas gachas surgían conversaciones, amistades y preguntas sobre el pueblo manchego del que procedía.
“Porque la gastronomía también cuenta historias”, explicó.
Y aquellas gachas llevaban siempre consigo un pequeño pedazo de Tomelloso.
Fue entonces cuando José Luis Bódalo formuló una de las declaraciones centrales del acto: qué significa realmente ser tomellosero.
“Ser tomellosero no depende del lugar donde uno vive. Ser tomellosero es valorar el trabajo, perseverar ante las dificultades, respetar la palabra dada, ayudar a los demás y mantener nuestras costumbres vivas y nuestras tradiciones”.
Una definición construida no sobre el lugar de residencia, sino sobre una serie de valores.
Trabajo.
Perseverancia.
Palabra.
Solidaridad.
Costumbres.
Tradición.
Bódalo insistió en que no entendía el reconocimiento únicamente como un premio personal, sino también como un homenaje a sus padres, familiares, maestros, amigos de infancia y vecinos que contribuyeron a convertirlo en la persona que es.
Después de tantos países y tantos kilómetros, señaló, había aprendido una lección:
“Se puede llegar muy lejos sin olvidar nunca de dónde se viene”.
La última frase de su discurso provocó una de las mayores ovaciones de la mañana:
“He vivido en más de sesenta países, pero nunca me he ido de Tomelloso. Mi pasaporte tiene muchos sellos, pero mi corazón solo tiene una dirección: Tomelloso”.
Y terminó con un rotundo:
“¡Viva Tomelloso!”
Javier Navarro: dos caminos diferentes, una misma forma de pertenecer
Cerró las intervenciones el alcalde de Tomelloso, Javier Navarro, quien definió el reconocimiento a los Tomelloseros Ausentes como uno de los actos “más sentidos, entrañables y cargados de emoción” del calendario institucional de la Feria y Fiestas.
Navarro destacó que Fausti Moreno y José Luis Bódalo representan “dos vidas ejemplares, dos caminos muy distintos en la forma pero absolutamente idénticos en el fondo”.
De Fausti aseguró que hablar de ella supone hablar de “la banda sonora de nuestra ciudad”.
La Lira, añadió, no fue simplemente un establecimiento donde se vendían instrumentos. Allí se “abrían ventanas a la cultura” y se sembraron vocaciones musicales durante generaciones.
Su trabajo en Promúsica permitió además que Tomelloso disfrutara durante décadas de una programación musical extraordinaria.
“Reconocerte hoy no es premiar una ausencia”, le dijo el alcalde, sino constatar institucionalmente que nunca se ha marchado del todo y que su huella sigue presente en el pueblo.
De José Luis Bódalo destacó una “hoja de servicio impecable”, desde los años de lucha antiterrorista hasta sus responsabilidades en misiones internacionales en lugares como Afganistán, Irak o Haití, sin olvidar actuaciones como el rescate de una persona en las vías del Metro de Madrid.
Navarro lo definió como ejemplo de esfuerzo, compromiso y trabajo bien hecho.
Los dos, afirmó, han demostrado que la distancia física es únicamente “una circunstancia geográfica”.
“La verdadera pertenencia no se mide por el lugar donde uno duerme, sino por el lugar al que se anhela volver”.
Dos ausentes que nunca se fueron

El acto concluyó con el Himno de Tomelloso, interpretado con todos los asistentes puestos en pie, y con la tradicional fotografía de familia.
Para entonces había quedado claro que la palabra “ausente”, al menos en una mañana como esta, tiene algo de contradicción.
Porque Fausti Moreno vuelve continuamente para “tomellosear”, para respirar su aire, hablar con los suyos y reconocerse de nuevo en unas calles que contienen prácticamente toda su vida.
Y porque José Luis Bódalo ha podido recorrer más de sesenta países sin dejar de responder, cada vez que alguien preguntaba por su procedencia, que él era de Tomelloso.
Una encontró en la música una manera de servir a su pueblo.
El otro hizo del servicio a los demás una profesión llevada hasta algunos de los lugares más difíciles del planeta.
Y los dos regresaron este domingo al López Torres para recibir el abrazo de una ciudad que quiso recordarles algo que ellos, en realidad, nunca habían olvidado: se puede vivir lejos de Tomelloso; lo que resulta mucho más difícil es conseguir que Tomelloso viva lejos de uno.


























