El olor a churros recién hechos se mezclaba este viernes con ese ambiente de fiesta que empieza a reconocerse mucho antes de que suene la primera canción. En el Barrio del Pilar, las sillas volvían a ocupar las puertas de las casas, los vecinos se saludaban de un lado a otro de la calle y la noche de octubre, algo fresca, invitaba a quedarse un rato más. Había algo de feria en el ambiente. De esas ferias pequeñas, sin grandes pretensiones, en las que lo importante no está tanto en lo que sucede sobre el escenario como en quienes se reúnen a su alrededor.
Entre todos ellos estaba Víctor Manuel Ferrandis. Había recorrido aquellas calles cientos de veces, pero este viernes le esperaba algo diferente. Le tocaba ponerse delante de sus vecinos para pronunciar el pregón de unas fiestas que conocía desde niño. Y estaba nervioso. Se le notaba. También emocionado. Quizá porque resulta más sencillo hablar delante de desconocidos que hacerlo ante un barrio que conoce buena parte de tu historia.
«Hemos jugado, nos hemos enamorado, nos hemos desenamorado, lo hemos pasado bien», recordaba poco antes de comenzar. Lo decía con naturalidad, como quien repasa una vida en voz alta. Y en aquella frase, casi sin proponérselo, acababa de resumir buena parte de lo que significa crecer en un barrio como el Pilar.




Una infancia entre familias numerosas y calles compartidas
Los padres de Víctor llegaron de fuera y encontraron en el Barrio del Pilar un lugar donde comenzar una nueva vida. Él nació en Tomelloso y creció en aquella barriada, junto a sus tres hermanos, en unos años en los que las familias numerosas eran habituales y la vida transcurría, en buena medida, de puertas para afuera.
«Éramos cuatro, nosotros éramos de las familias que menos tenían. Había mucha gente que eran ocho, nueve, muchos», explicaba entre recuerdos.
Cuatro hermanos parecían pocos en un barrio acostumbrado a familias de ocho o nueve hijos. Eran otros tiempos, otras formas de convivencia, con las calles convertidas en lugares de juego y encuentro. Víctor hablaba de aquello sin nostalgia exagerada, con la satisfacción de quien guarda buenos recuerdos de su infancia.
«Mis padres vinieron de fuera e hicimos aquí una vida nueva», señalaba. Una vida que, como tantas otras, terminó echando raíces en el Barrio del Pilar.
Años después, aquel niño se convertiría en la tercera generación al frente de Miel Ferrandis, una empresa familiar fundada por su abuelo en 1917 y reconocida en 2023 con el galardón Viñador en el ámbito de Agricultura. Un negocio que ha mantenido su vinculación con Tomelloso durante más de un siglo y que forma parte de la historia de una familia acostumbrada a trabajar sin perder de vista sus orígenes.
Pero el reconocimiento de este viernes tenía poco que ver con la miel, las colmenas o los premios. Esta vez era su propio barrio el que lo había elegido para hablar en nombre de todos.
«Da mucho gusto que en tu barrio, donde siempre nos hemos criado y hemos estado disfrutando, te nombren pregonero. Estoy encantado, muy feliz», reconocía antes de subir al escenario.
La emoción y los nervios lo acompañaron durante el pregón. Y al terminar llegaron los aplausos. Los de sus vecinos, los de un barrio que lo había visto crecer y que ahora lo escuchaba convertido en protagonista de su noche inaugural.




Javier Navarro: «Tomelloso siempre es vino, pero Tomelloso también es miel»
El alcalde de Tomelloso, Javier Navarro, también quiso compartir sus recuerdos de infancia durante la inauguración. Y lo hizo desde una vinculación personal con el Barrio del Pilar que, según reconoció, siempre ha sentido como propia.
«Muy contento de poder estar hoy en mi barrio, aunque siempre de pequeño me decían que yo era de otro barrio, pero siempre el sentimiento de pertenencia ha sido del Barrio del Pilar», comentaba con humor.
Navarro felicitó a Víctor Ferrandis y destacó tanto su trayectoria profesional como el arraigo de su familia. «Estamos muy orgullosos de toda su familia por el sentimiento de pertenencia que tienen, porque siempre han estado orgullosos de sus raíces», afirmó.
El alcalde aprovechó también para reivindicar la importancia de los productos locales y de quienes, desde distintos sectores, contribuyen a dar prestigio al nombre de Tomelloso.
«Tomelloso siempre es vino, pero Tomelloso también es miel», expresó, en referencia a la actividad de la familia Ferrandis.
Sin embargo, buena parte de su intervención estuvo dedicada a algo mucho más cotidiano: la costumbre de compartir. Esa forma de entender las fiestas en la que las mesas salen a la calle, cada familia prepara algo y los vecinos terminan reuniéndose alrededor de una misma comida.
«Lo más bonito que tiene este barrio es el compartir», aseguró Navarro, destacando que durante estos días se encuentran personas que se cruzan a diario, pero que no siempre tienen ocasión de sentarse juntas.
Y esa es, precisamente, una de las imágenes que mejor definen las fiestas del Pilar. La de unos vecinos que durante cuatro días convierten la calle en una prolongación de sus propias casas.




Una asociación que trabaja para devolver protagonismo a las fiestas
La inauguración también permitió reconocer el trabajo de la Asociación de Vecinos del Barrio del Pilar, cuya junta directiva continúa esforzándose por reforzar estas celebraciones y devolverles, poco a poco, una mayor presencia dentro del calendario festivo de Tomelloso.
No es una tarea sencilla. Organizar cuatro días de actividades, coordinar actuaciones, preparar comidas populares y mantener vivas las tradiciones requiere tiempo y dedicación. Un trabajo que muchas veces se realiza de manera discreta, pero que termina notándose cuando las calles vuelven a llenarse de vecinos.
Este viernes ya podían verse algunos de esos pequeños cambios. Una churrería instalada al comienzo de la barriada y, algo más adelante, un puesto de crepes y gofres contribuían a crear ese ambiente de feria que invita a pasear, detenerse y disfrutar de la noche.
Javier Navarro quiso agradecer expresamente el trabajo de la junta directiva y de su presidente, recordando que la asociación desarrolla una labor que va mucho más allá de la organización de las fiestas.
El alcalde destacó su papel a la hora de trasladar al Ayuntamiento las necesidades del vecindario, mencionando actuaciones como la renovación del caucho de la zona de juegos infantiles el pasado año o las mejoras realizadas en la red de abastecimiento dos años atrás.
Para Navarro, mantener asociaciones vecinales activas es fundamental para que exista una comunicación permanente entre los vecinos y la administración municipal.
Y mientras esa labor continúa durante todo el año, las fiestas ofrecen una oportunidad para disfrutar también de sus resultados: un barrio que se reúne, que participa y que sigue encontrando motivos para celebrar.

Cuatro días de tradición, convivencia y calles llenas de vida
Tras el pregón de Víctor Ferrandis, la noche inaugural continuaba con el festival folclórico a cargo de El Bombo y Manantial del Vino, dando paso a una programación que se prolongará hasta el lunes 12 de octubre, festividad de la Virgen del Pilar.
El sábado estará especialmente dedicado a la convivencia vecinal, con las tradicionales comidas de gachas, migas, pisto y asados preparados por los propios vecinos. Por la tarde habrá juegos, un bingo solidario y la actuación de Jesús Lara, antes de que las lumbres y una sardinada vuelvan a reunir a los asistentes alrededor del fuego.
El domingo comenzará con un desayuno de hermandad y continuará con la Charanga Los Trota, nuevas comidas populares, actividades infantiles y la actuación de la Asociación de Flamenco Daniel Castellanos. Al caer la noche regresarán las lumbres, una de las costumbres más características de estas celebraciones.
El lunes llegará el momento de mayor significado religioso, con la misa de campaña en honor a la Virgen del Pilar y la posterior procesión por las calles del barrio, acompañada por autoridades, madrinas y padrinos de la Feria y Fiestas 2026 y la Banda de Música Santa Cecilia. Las actividades infantiles y la actuación del Grupo Musical Estrella Allegro pondrán el broche final a cuatro jornadas de fiesta.


