Hace 25 años que Cristina González de la Cruz inauguró su farmacia, y hemos querido celebrar con ella esta efeméride, y conocer un poco más sobre el día a día de una farmacia cualquiera, y la experiencia de todos estos años de Cristina, una persona muy conocida y querida en Tomelloso.

¿Qué día exacto inauguraste la farmacia? 

La farmacia la inauguró mi padre el 7 de Abril de 1965 en la Calle General Mola 17, hoy Calle Nueva; posteriormente, cuando yo me incorporé a la farmacia la trasladamos a mi querida Avenida Antonio Huertas, 141 un 25 de marzo de 1996, hace 25 años.

¿Qué recuerdas de esos primeros días?

Desde el minuto uno me sentí muy arropada y querida por todos los vecinos, aunque al principio tenían cierta reticencia al verme joven… y me decían: “¡Hermosa, a ver si te vas a confundir!…” pero poco a poco me gané su confianza y me siento totalmente de este barrio.

En la Avenida, la farmacia más próxima a la nuestra se encontraba a 800 metros de distancia, con lo cual los vecinos estaban muy contentos con la apertura de la botica y me lo transmitían desde que empezamos la obra.

Recuerdo como si fuera ayer los dos primeros clientes que entraron en la farmacia aquel 25 de Marzo para darme la bienvenida y desearme mucha suerte. Faustino y Francisco, fueron dos clientes muy queridos y entrañables.

La estética de esa primera farmacia, si no recuerdo mal, era un poco vintage, y me llamaba la atención el nombre de «Botica», no sé si en un homenaje a aquellos antiguos boticarios, una profesión que además suele ser heredada en muchos casos ¿Cuál fue el motivo de ello?

Efectivamente la estética que le dimos a la antigua botica fue una típica fachada manchega, con un zócalo rústico, pintada de blanco y con el nombre de BOTICA de forja en la fachada (que aún conservamos en el interior de la misma).

Siempre me ha gustado el nombre de BOTICA. Recuerdo la rebotica de mi padre llena de matraces, frascos, morteros, pinzas… a mí me encantaba. Siempre les oía decir a mis abuelos y a mis padres… “Ve a la botica” o “papá está en la Botica”, por no hablar del famoso dicho… “Hay de todo como en botica” y como lo recuerdo con mucho cariño, me decanté por llamarla así.

Mi padre nunca me impuso el estudiar la carrera de farmacia, pero yo quería una carrera de Ciencias de la Salud y además me encanta el contacto con la gente. Esas dos circunstancias hicieron que me decidiese a estudiar farmacia, lo cual fue un gran acierto.

Es una carrera muy diversa, tanto en las asignaturas que se imparten como la metodología, además todas las asignaturas se complementan con clases prácticas. Lo principal en la farmacia es el medicamento y nunca dejamos de estudiar y formarnos.

Me gustaría que recordaras algunas anécdotas de estos 25 años, porque seguro que tienes que tener muchas.

Para ejercer de farmacéutico se necesita además ser psicólogo, poliglota, tener mucha paciencia, sentido del humor y empatía.

Anécdotas hay para escribir un libro pero siempre se quedan algunas más grabadas en la mente, como aquel día que llegó una clienta y me dijo:

“Cristina, me han sacado azúcar” y yo le contesté… “pues ahora más que nunca debe cuidar su alimentación y caminar diariamente” a lo que ella me respondió: “Nooooooo, ¡¡¡SI ME HAN SACADO AZÚCAR DE LA BUENA!!! ¡No la de pincharme!, así que no tengo que hacer nada de eso que me dices”.

También es muy gracioso los nombres con los que bautizan a los medicamentos, como por ejemplo;

Spiderman – Espidifen

Pastillas que cuezen – Comprimidos efervescentes

Las de la sangre- Adiro

Las coloraejas del dolor– Nolotil

Heno de Pravia- Sal de fruta Eno

También nos han pedido medicamentos antiguos como “un frasco del tío del bigote” (Linimento Sloan), que por cierto guardo uno en nuestra exposición de medicamentos y utensilios antiguos de la farmacia.

Ó aquellos que te dicen… dame mis pastillas, las blancas chiquitina, o, búscame ahí y dame lo que me toque, etc.

También, en alguna ocasión te dicen alguna palabra no muy agradable porque se enfadan al no dispensarle un medicamento que necesita receta y no la tienen.

En la farmacia hacemos de todo, le hemos instalado a algún cliente el WhatsApp, leemos cartas del banco, llamamos al técnico de la lavadora, a compañías de teléfono, en alguna ocasión al llevar algún pedido a domicilio… nos ha tocado sacar la basura…

Realmente son anécdotas graciosas y simpáticas para recordar. Prácticamente desde el principio has tenido las mismas personas trabajando junto a ti, y me he fijado que es algo común en muchas farmacias, supongo que en vuestro trabajo, más que en otros incluso, es necesaria esa confianza y complicidad. Cuéntame sobre ello.

En una farmacia se pasan muchas horas juntos, días, meses, años… en un espacio muy pequeño.

En mi caso, mi equipo, es como una familia, con solo mirarnos a la cara ya sabemos si nos pasa algo…

Conocemos nuestras inquietudes, nuestras preocupaciones… y celebramos los acontecimientos buenos y nos acompañamos en los que no lo son.

Para mí son lo mejor de la farmacia y cuento con ellos para todo.

Tenemos un grupo de WhatsApp muy activo con el que nos comunicamos cuando no estamos en la farmacia, los fines de semana, vacaciones y muchas veces por la noche…

Cada uno tiene una virtud que yo intento enfocar en un área de nuestro trabajo diario y todos tienen varias en común: son muy buena gente, trabajadores y con sentido del humor.

Compartimos un proyecto y todos trabajamos para conseguirlo, lo disfrutamos e intentamos dar lo mejor de nosotros mismos.

Gracias a mi equipo, podemos dar cada día un servicio pleno.

Compartimos esfuerzos, responsabilidades, motivación y nos ayudamos entre nosotros.

Me gusta conversar con ellos y hacer una fusión con las ideas de todos. Es vital la comunicación permanente.

No cabe duda de que Cristina González ha sabido inculcar a todo su equipo esa filosofía del “Boticario de cabecera”, y le deseamos tanto a ella como a todo su equipo que sigan otros 25 o 50 años más siendo esa cara amable que alegra la vida a los enfermos.

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