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El Carnaval son días de diversión y risas entre amigos y familiares, en Tomelloso o en cualquier otro lugar de España. La fijación en el resultado final del traje que observamos tiende a sorprendernos precisamente por la espectacularidad del disfraz a su finalización, pero pocos son los que se acuerdan del trabajo y la costosa labor que conlleva hacerlos.

En estos días madres y jóvenes trabajan a toda prisa por ultimar el personaje del que se disfrazarán, también las modistas o ‘arreglistas’, las cuales se encargan de un número de disfraces muy elevados para que peñas de carnaval y colegios lleguen a tiempo a sus desfiles. Entre estas modistas se encuentra Isabel Cañas.



«Yo ahora mismo estoy a tope calderas», nos comentaba Isabel mientras cosía uno de los disfraces que estaba arreglando. Con la inestimable ayuda de su hermana y algunas de sus amigas, Isabel llega a tiempo para arreglar todos los disfraces que tiene en su taller. «Tengo 33 trajes de la peña ‘Los Amigos’, 8 de ‘Los Harúspices’ y la mitad de los disfraces del colegio Santo Tomás, los cuales han comprado pero les están grandes, así que fíjate si tengo trabajo», todo eso más los arreglos de particulares. Un trabajo que no entiende de jornadas, «ayer me fui a las 11 de la noche y hoy he vuelto a las 7 de la mañana», nos explicaba Isabel.


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Comentaba Isabel que cada época tiene sus picos en cuanto a arreglar prendas y a costura se refiere. «En invierno gracias a Dios tengo mucho trabajo, ya que las chaquetas que se compran los muchachos que les están largas de las mangas, los pantalones, un montón de vestidos de fiesta, pues lo tienes que arreglar». También destacaba la época de Semana Santa y la ingente cantidad de túnicas que tiene que poner a punto.

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Ensalzaba también la gran labor que realizan las madres cediendo tiempo para arreglar los disfraces de sus hijos e hijas pero cuando no pueden, ella siempre está para arreglar tanto un roto como un descosido. Isabel lleva desde 2007 con su tienda y a los 10 años empezó a coser, «llegando a tener uno de los talleres de pantalones más grandes que había en Tomelloso».

TODA UNA VIDA EN LA COSTURA

Recuerda su taller, que estaba ubicado al lado del Teatro Municipal, con mucho cariño «llegamos a hacer 1.000 pantalones diarios, los desmontables del Coronel Tapioca», nos contaba Isabel que bromeaba, «toda la vida trabajando en 5.000 metros cuadrados y donde estoy ahora no tiene ni cinco». Venían de todas partes de España a arreglar pantalones a Tomelloso, «ten en cuenta que yo he trabajado mucho tiempo para el Corte Inglés haciendo los trajes de la Policía Nacional y la Guardia Civil», matizaba Isabel.


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«Tengo mucho trabajo, aunque hay que reconocer que también es ya que conozco mucha gente. Los arreglos desde que yo abrí no me han faltado», nos contaba Isabel. Por otra parte nos comentaba que muchas veces es complicado hacer los trajes de las peñas, ya que se lo tienen que explicar muy bien dado que en algunas ocasiones se ha tenido que guiar de bocetos elaborados a mano. «He hecho cuatro trajes en los que he tardado una semana, incluso los fines de semana trabajo en mi domicilio. Es un trabajo laborioso que lleva su tiempo», finalizaba Isabel.


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La experiencia siempre es un grado, sobretodo si se lleva desde que se tiene uso de razón trabajando en un oficio en concreto, pero más importante aún  es la ilusión por lo que se hace en el día a día, como hace Isabel. Un trabajo silencioso y no muy vistoso que luego lucimos con alegría y entusiasmo. Madres y modistas a los mandos de una máquina de costura. En esas manos, las de madres y modistas, es donde realmente comienza el Carnaval.

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