Hay recuerdos que empiezan con unas tijeras, una espuerta y una viña todavía fresca a primera hora de la mañana. Otros tienen el sabor del almuerzo bajo la escasa sombra de una caseta de motor o el traqueteo de un carro cargado camino de la bodega. La vendimia de Tomelloso está hecha de trabajo, pero también de muchas pequeñas historias familiares que este domingo volvieron a encontrarse en la Bodega Perales.
La XIII Fiesta de la Vendimia Tradicional reunió allí carros, mulas, vendimiadores, música, baile y una pisada de uva como las de antes. El acto, presentado por Jesús Benito, director de enTomelloso, volvió a mirar hacia las raíces agrícolas de la ciudad para recuperar escenas que durante décadas formaron parte de la vida cotidiana de muchas familias.
La celebración tuvo además un nombre propio. Vicente López González recibió el reconocimiento como Vendimiador del Año 2026, después de una vida ligada a la agricultura y a algunas de las tradiciones más reconocibles de la ciudad.
La mañana había comenzado antes de llegar a la bodega. El desfile partió desde la rotonda de El Obrero y llevó hasta la celebración a los grupos folklóricos El Bombo, Virgen de las Viñas y Manantial del Vino, junto a las madrinas y padrino, representantes municipales y los carros y mulas de la Asociación Cultural Carreros Virgen de las Viñas y la Asociación Cultural Carreros de Tomelloso.
Por unas horas, el paisaje volvió a parecerse al que muchos tomelloseros todavía conservan en la memoria.
Porque hubo un tiempo en que vendimiar significaba madrugar, preparar los arreos, enganchar las mulas y llenar carros. También hubo jóvenes que se echaron al campo para ayudar en casa, pagarse los estudios o conseguir sus primeros ahorros; trabajadores que dedicaban los fines de semana a recoger sus pequeñas viñas; y nietos que acompañaban a padres, abuelos o tíos y aprendían —o simplemente intentaban no estorbar demasiado— entre cepas.
Ese componente familiar recorrió buena parte de una fiesta que no pretende reconstruir una fotografía perfecta del pasado, sino mantener vivas escenas y recuerdos que forman parte de la identidad agrícola de Tomelloso.
La uva vuelve a pisarse
Uno de los momentos que mejor condensó ese viaje hacia otra vendimia llegó con la pisada tradicional de la uva.
Ángel Morales y Zoílo González, de la Asociación de Amigos del Museo del Carro, fueron los encargados de recuperar una labor anterior a las modernas instalaciones que hoy permiten transformar la uva en las bodegas.
Los racimos utilizados habían sido recogidos previamente por integrantes de la Asociación Moral Teatro en una viña de Bodegas y Viñedos VERUM.
La escena, sencilla en apariencia, resumía buena parte del sentido de la jornada: volver a mostrar cómo se trabajaba antes de que tractores, maquinaria y tecnología cambiaran por completo una de las campañas agrícolas que más profundamente ha marcado a la ciudad.
Y precisamente alguien que ha vivido esa transformación desde dentro fue el gran protagonista de la mañana.
Vicente López, toda una vida mirando al campo

Vicente López González empezó muy pronto.
Durante el acto se recordó que comenzó a trabajar en el campo siendo todavía un niño y que, a lo largo de su vida, ha conocido una agricultura muy distinta a la actual: desde las yuntas de mulas hasta los tractores modernos y las nuevas formas de cultivar.
Él mismo reconstruyó algunos de esos primeros años al recibir el reconocimiento. Recordó que comenzó vendimiando siendo pequeño, pasó después por la pisada y, ya en la adolescencia, empezó a trabajar con el tractor que había comprado su padre.
“Siempre he tenido mucha ilusión por el campo y más que nada por las viñas”, explicó ante quienes le acompañaban.
Su trayectoria no se ha limitado a la viña. Durante su intervención recordó también otros cultivos a los que se ha dedicado a lo largo de los años, dentro de una vida profesional que él mismo presentó como semejante a la de tantos agricultores de Tomelloso.
Ese vínculo con la agricultura le llevó igualmente a participar durante años en ASAJA, desde donde estuvo implicado en la defensa del sector.
Pero entender a Vicente López únicamente desde el campo dejaría fuera una parte importante de su historia.
Su nombre está también unido a la Virgen de las Viñas, a cuya Hermandad permaneció vinculado durante años y de la que fue nombrado mayoral, además de a celebraciones como la Romería, San Antón, San Isidro o la Cabalgata de Reyes. Sus carrozas engalanadas durante la Romería forman también parte de esos recuerdos compartidos por muchos vecinos.
Y para explicar esa otra dimensión de Vicente, la familiar, tomó la palabra su hija, Ángela López.
“Vicente es el eje de nuestra familia”, afirmó.
Ángela retrató a su padre como un hombre profundamente ligado a Tomelloso, al campo y a sus costumbres, pero también como alguien cuya manera de enfrentarse a las dificultades ha terminado convirtiéndose en una enseñanza para sus hijos.
“Mi padre, agricultor por vocación, no por obligación, tuvo muy clara su profesión desde muy pequeño”, contó.
También recordó cómo vive pendiente de cada cultivo, viendo crecer las plantas, pensando en cómo mejorar la explotación y mirando al cielo con la esperanza de que el tiempo permita sacar adelante una buena cosecha.
El reconocimiento llegaba, además, pocos días después de un problema de salud que había hecho surgir dudas sobre su presencia en la celebración. Su hija aseguró que quienes le conocen tenían claro que no querría perderse la cita.
“Cuando uno quiere de verdad encuentra la manera”, resumió.
“Hoy Tomelloso te da las gracias”

El alcalde, Javier Navarro, fue el encargado de entregar junto a la distinción la tradicional blusa que identifica desde ahora a Vicente López como Vendimiador del Año.
Navarro situó su figura dentro de una generación de agricultores que ha construido buena parte de la identidad de Tomelloso a través del trabajo y destacó también su participación en las tradiciones de la ciudad.
“Vicente no solo vive nuestras tradiciones, las sostiene, las impulsa y aporta lo mejor de él”, señaló durante su intervención.
El alcalde vinculó además el reconocimiento con toda una forma de entender la agricultura: madrugar, trabajar cada cepa, soportar las inclemencias y saber esperar a que llegue el momento de recoger el fruto.
“Hoy Tomelloso te da las gracias de corazón”, le dijo.
Vicente, por su parte, quiso que una parte importante de ese agradecimiento llegara hasta su propia casa. En sus palabras tuvo un recuerdo especial para su mujer, Carmen, por los años compartidos junto al trabajo en el campo, y para sus cuatro hijos.
Tras la entrega y la fotografía de familia, la música volvió a ocupar la Bodega Perales. El Bombo, Virgen de las Viñas y Manantial del Vino realizaron una segunda ronda de actuaciones y el Grupo Infantil Virgen de las Viñas puso sobre el escenario precisamente aquello de lo que depende cualquier tradición: que haya otra generación dispuesta a aprenderla.
La fiesta terminó alrededor de una zurra popular servida por la Asociación Moral Teatro, después de una mañana en la que Tomelloso volvió a sacar los carros, las mulas, las blusas y los pañuelos.
Pero la vendimia tradicional que se recordó este domingo era algo más que todo eso. Estaba también en los almuerzos en mitad del campo, en los primeros jornales, en los abuelos que enseñaron a sus nietos y en aquellas jornadas agotadoras que, varias décadas después, muchos siguen contando con una sonrisa.
Y este año, entre todas esas historias, quedó escrita también la de Vicente López González, Vendimiador del Año 2026.



















































































































































































