Tomelloso celebra 75 ediciones de su Fiesta de las Letras con la mirada puesta en su historia y «hambre de horizonte»

La gala, presentada por Alberto Palacios y Julia Olmedo, recorrió los orígenes de los Juegos Florales, entregó los premios artísticos y literarios de 2026 y tuvo a Dionisio Cañas como mantenedor, casi cuatro décadas después de ocupar por primera vez ese papel

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Unas mujeres hablan de polos, turrón, cartillas de racionamiento, hambre y libros. Estamos en 1944 y en Tomelloso corre el rumor de que va a celebrarse algo extraño para aquellos años: una fiesta en la que se premiará a quien mejor escriba. «Una fiesta para las letras», dicen sobre el escenario.

Así comenzó la 75ª edición de la Fiesta de las Letras de Tomelloso. No con una sucesión de nombres y premios, sino regresando al principio. A una época difícil, todavía marcada por la posguerra, para recordar la aparente contradicción que acompañó al nacimiento de aquellos primeros Juegos Florales: un pueblo acostumbrado a pelear la tierra que también quería escribir, pintar y crear.

«Porque aquí hay gente que trabaja de sol a sol y luego escribe versos. Y pinta. Y piensa. Porque una cosa no quita la otra», defendía aquella escena inicial antes de conducir al público hasta el Teatro Cervantes de 1944.

Desde ahí arrancó un viaje de más de ocho décadas de historia —75 ediciones, con algunos años sin celebración— conducido por Alberto Palacios y Julia Olmedo, con María Perales interpretando varias piezas a la guitarra y con el escenario convertido por momentos en teatro, archivo, museo y memoria colectiva.

La gala recordó aquel germen de 1944, la evolución posterior de los Juegos Florales y los distintos espacios por los que ha pasado la celebración, desde los desaparecidos teatros Cervantes y Principal hasta el actual Teatro Marcelo Grande. También recuperó la voz de José Luis Albiñana, que a sus 97 años conserva el recuerdo de aquella primera fiesta.

Por el escenario desfilaron igualmente algunos de los nombres que han dado dimensión a la cultura tomellosera durante estas décadas: Francisco García Pavón, Eladio Cabañero, Félix Grande, Juan Torres Grueso, Antonio López Torres o Antonio López García. El 40 aniversario del Museo Antonio López Torres y el 90 cumpleaños de Antonio López García ocuparon, precisamente, una parte importante de una gala construida sobre la relación de Tomelloso con la literatura y las artes.

De la fotografía a la pintura, el humor y las letras

La noche fue también la de los certámenes artísticos y literarios Ciudad de Tomelloso 2026.

En fotografía fueron reconocidos Manuel Chacón Martín, por «La Mirada Indiscreta», y María del Pilar Valdepeñas Díaz, por «Azafrán». También fueron seleccionadas para el fondo de adquisición las obras «Desierto», de Javier Arcenillas Pérez, y «Valencia y Blanco y Negro 2», de Ángel Ros Díez, cuyos autores disculparon su ausencia.

Chacón dejó una de las reflexiones de la noche sobre el oficio de mirar. Después de hablar de sus viajes con la cámara, recordó que una buena fotografía no exige necesariamente atravesar medio mundo: «Simplemente en cualquier sitio se puede tomar. Lo único que hay que hacer es mantener la mirada curiosa».

Valdepeñas, fotógrafa desde hace 25 años, contó su regreso a las aulas de la Escuela de Arte de Tomelloso para cerrar una etapa que había dejado pendiente. «He vuelto a clase y he vuelto a disfrutar de la fotografía que me hizo elegir esta profesión», explicó.

En dibujo, Ana Escribano Navarro recibió el premio Francisco Carretero por «Invasor», mientras que el tomellosero Raúl Gallardo Lorenzo fue distinguido por «Mapa Humano». Este último convirtió su intervención en una defensa del arte como una forma de volver a mirar a los demás.

«El arte nos arranca de las pantallas para mirarnos directamente a los ojos», afirmó antes de recordar que llegó a Tomelloso hace 27 años para trabajar como profesor de dibujo artístico en la Escuela de Arte Antonio López. «Hoy, con este premio, me siento como un tomellosero más».

El Fondo Antonio López García incorporó «El pozo», de Fernando de Besa Molina, y «Fragmentos de lo efímero», de Mónica Dixon Gutiérrez. De Besa definió a Antonio López como «el pintor universal de la Mancha» y explicó el componente autobiográfico de su obra, mientras Dixon habló de su investigación sobre la luz, las sombras y los espacios vacíos.

El segundo Certamen de Humor Gráfico José Luis Cabañas concedió su segundo premio a Manuel Arriaga por «El mejor amigo». El primer premio fue para Eduardo Pérez Bamonde, por «Terrazal», que no pudo asistir.

Una despedida desde el Museo Antonio López Torres

Uno de los momentos más personales llegó con María Teresa Lozano López, ganadora del XXX Certamen de Artículo Periodístico Juan Torres Grueso por «La arquitectura brutalista y sostenible de Higueras en el Museo Antonio López Torres».

Su texto nace de cuatro décadas de historia del museo y de una mirada que no se detiene únicamente en la obra de Antonio López Torres, sino también en el edificio diseñado por Fernando Higueras.

La intervención tuvo además carácter de despedida. Lozano anunció que el 2 de septiembre será su último día de trabajo antes de jubilarse.

«Guardo el mejor recuerdo de haber trabajado en este espacio», dijo desde el escenario antes de dejar una petición directa: «No se olviden de él, hay mucho por hacer».

La gala recuperó también recuerdos de quienes hicieron crecer la Fiesta de las Letras desde dentro. También se recordaron aquellas jornadas en las que trabajadores municipales tenían apenas unas horas para transformar un escenario vacío en el espacio que debía acoger la gran cita literaria de la feria.

Era otra manera de contar estos 75 años: no solo desde quienes recibieron premios o pronunciaron discursos, sino desde quienes colocaron decorados, movieron muebles, abrieron tiendas fuera de hora o resolvieron problemas para que cada edición pudiera comenzar.

La literatura y la certeza de que «siempre hay alguien al otro lado»

En los certámenes literarios, Luis Félix Reynosa Huertas consiguió el Premio Local de Narraciones Félix Grande por «El Ignorado».

Reynosa habló de la soledad que acompaña a la escritura y de las dudas de quien no sabe si aquello que está creando encontrará algún lector.

Los premios, aseguró, ofrecen «la certeza de que siempre hay alguien al otro lado. Siempre hay alguien que está dispuesto a leer, a emocionarse y a disfrutar con lo que tú escribes».

El XXVIII Premio de Novela Policíaca Francisco García Pavón quedó desierto.

En poesía, Pilar Merino Martínez obtuvo el Premio Local Ángel López Martínez por «Ardor», aunque no pudo asistir por problemas de salud. Francisco José Barón Catalinas recibió el José Antonio Torres por «Dos poemas de amor en la piscina» y convirtió el escenario en una piscina nocturna al recitar «Desnudos en el agua».

El Premio de Poesía Eladio Cabañero, dotado con 5.000 euros, edición de la obra y diploma, fue para Donilia Galán Díez por «Bebiendo vino sobre un mar de espigas». Su intervención, desenfadada y llena de referencias a su llegada a Tomelloso, acabó resumiéndose en dos palabras: «Gracias, Tomelloso».

El teatro entra en la Fiesta de las Letras

Esta edición dejó además una novedad: la incorporación del primer Certamen de Textos Teatrales Ciudad de Tomelloso.

Antes de descubrir el fallo, tres actrices interpretaron un fragmento de «Lastres», una comedia en la que tres mujeres de épocas diferentes —la posguerra, la Transición y la actualidad— coinciden en una relojería a través de una paradoja temporal.

Su autor, Tomás Afán Muñoz, de Jaén, recibió el primer premio, dotado con 2.000 euros y diploma.

«La dramaturgia contemporánea en castellano está muy necesitada de apoyos como este», señaló. La obra, cuyo título completo es «Lastres, perdidas en el tiempo», reúne a tres mujeres que terminarán descubriendo que pertenecen a una misma familia: son madre, hija y nieta.

Afán avanzó también que el texto llegará próximamente a los escenarios, con un estreno previsto en el Teatro Fundición de Sevilla y una posterior gira.

Dionisio Cañas vuelve como mantenedor casi 40 años después

Y después de los premios llegó Dionisio Cañas.

El poeta tomellosero regresó como mantenedor después de haber desempeñado ya esa función en 1987. Lo hizo con un discurso titulado «Hambre de horizonte. El amor del lugar», aunque antes dejó una petición dirigida a los dos principales partidos políticos locales: recuperar el proyecto de una nueva biblioteca para Tomelloso.

«Es urgente si queremos seguir siendo las Atenas de la Mancha en el siglo XXI que se construya esa biblioteca», afirmó.

Después habló del tiempo, de la escritura, de los libros, de la inteligencia artificial, de la brecha digital, de las redes sociales y, sobre todo, del amor.

Cañas describió el momento de su vida como una «entreluz», palabra que utilizó para nombrar ese espacio que no es completamente día ni noche, principio ni final. Desde ahí reflexionó sobre cómo todo lo que se dice empieza inmediatamente a convertirse en pasado y sobre la capacidad de la escritura para sobrevivir a quien escribe.

«Cuando escribimos, paradójicamente, creamos pasado y futuro a la vez», resumió.

También se detuvo en un cambio que considera irreversible: la entrada de la inteligencia artificial y de las nuevas tecnologías en la conservación y transmisión del conocimiento. Frente a los nativos digitales, se incluyó con humor entre una generación de «analfabetos digitales», aunque reivindicó algo que la experiencia todavía puede enseñar.

«No pierdas el tiempo odiando», repitió en uno de los pasajes más directos de su intervención.

Su discurso pasó del amor individual al amor social y terminó llegando al territorio.

Porque el Tomelloso del que habló Cañas no cabe, para él, dentro de un término municipal. Se extiende por las tierras que trabajan los agricultores, por las viñas, los melonares, los cultivos, los caminos y los pueblos vecinos. Es el paisaje que contempla desde el bombo en el que pasa los veranos y al que regresó después de haber vivido durante 32 años en Nueva York.

«Ahora amplío este amor, lo expando y puedo decir con la misma alegría que necesito este horizonte, que tengo hambre de él y que estoy enamorado de la Mancha».

Era el final de su discurso y, de alguna manera, también el regreso al comienzo de la gala.

A aquellas mujeres de 1944 que se preguntaban qué sentido tenía celebrar una fiesta de las letras en un pueblo de agricultores. A quienes defendían que unas manos agrietadas por la tierra podían sostener también un libro, un pincel o un poema.

Setenta y cinco ediciones después, Tomelloso volvió a hacerlo.

Jesús Benito
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Jesús Benito Lara es comunicador y director de enTomelloso.com y SomosCLM.com. Cuenta con una amplia trayectoria en comunicación digital, creación de contenidos y producción audiovisual. Apasionado por la tecnología y la innovación, trabaja para ofrecer información cercana, rigurosa y útil, además de impulsar proyectos de comunicación para empresas e instituciones.

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