spot_img

Los primeros trillizos de Tomelloso: la historia que todavía emociona a todo un pueblo

María del Pilar y José Andrés recuerdan, junto a la memoria de Mercedes, cómo un nacimiento extraordinario cambió durante unos días la vida de todo un pueblo

Comparte

Síguenos en Google

En Tomelloso todavía hay quien recuerda aquel invierno en el que todo el mundo hablaba de tres bebés. Era 14 de febrero, hacía frío y una familia humilde y trabajadora acababa de recibir un regalo inesperado. Los médicos esperaban dos criaturas. Llegaron tres.

Los primeros trillizos inscritos en la historia del Registro Civil de Tomelloso acababan de nacer.

Hoy, más de seis décadas después, María del Pilar y José Andrés vuelven a contar aquella historia delante de una cámara. Lo hacen despacio, con la tranquilidad de quien ya ha aprendido que el tiempo convierte los recuerdos en pequeñas fotografías. Algunas arrancan una sonrisa. Otras siguen pesando.

Entre ambas está siempre Mercedes. La tercera de los trillizos. La hermana que murió con apenas diez años y cuya ausencia nunca consiguió romper ese vínculo invisible que sigue uniendo a los otros dos.

La entrevista completa se puede ver en vídeo, pero basta escuchar unos minutos para comprender que esta no es solo la historia de unos trillizos. Es también la historia de cómo un pueblo vivía los acontecimientos extraordinarios cuando todos se conocían y cualquier alegría —o cualquier dolor— acababa siendo un poco de todos.

Porque antes de las redes sociales estaban las puertas abiertas. Y las bicicletas. Y las vecinas. Y los periódicos doblados con cuidado para que el tiempo no los rompiera.

El niño que nadie esperaba

José Andrés sonríe cuando recuerda lo primero que le contaron sus padres.

«Sabían que venían dos. Lo mío fue una sorpresa totalmente.»

Hasta el último momento los médicos pensaban que el embarazo era gemelar. Él apareció cuando nadie lo esperaba.

Su padre tuvo que salir de madrugada, en bicicleta y con el frío de febrero, buscando ropa para aquel niño que nadie había previsto.

Entonces no había ecografías capaces de despejar todas las dudas ni hospitales como los de hoy. Había intuiciones, médicos que hablaban de «un rincón en el parque» y familias que afrontaban la vida con lo que tenían.

Cuando todo Tomelloso quiso conocer a tres bebés

La noticia corrió como corrían entonces las noticias: de boca en boca.

Los periódicos nacionales recogieron aquel parto triple que coincidió el mismo día con otro nacimiento de trillizos en Madrid. Durante unas horas, Tomelloso compartió titulares con la capital.

Pero lo verdaderamente importante ocurrió aquí.

La gente acudía a la casa simplemente para comprobar que aquellos tres niños existían.

«Venía gente sin conocernos solo para vernos. Incluso preguntaban si teníamos todos los dedos.», recuerda José Andrés entre risas.

Hoy la anécdota provoca una carcajada. Entonces era la mezcla de curiosidad e inocencia con la que un pueblo entero vivía algo que nunca había visto.

Las ayudas tampoco tardaron en llegar. Nestlé suministró durante un año la leche para los pequeños. Les facilitaron una vivienda en el barrio del Pilar y hasta el entonces gobernador civil acudió al bautizo. Eran otros tiempos, pero también otra forma de entender la solidaridad.

Una casa donde nunca faltaba ruido

Mientras José Andrés habla, María del Pilar completa las historias que solo los hermanos conocen.

Su madre cosía la ropa para que los tres vistieran igual.

Su padre madrugaba para lavar las gasas y preparar todo antes de ir a trabajar.

No existían los pañales desechables ni las comodidades actuales. Había trabajo, mucho trabajo.

Y había seis hijos en casa.

«Cuando nos daban la papilla a los tres tenía que ser un espectáculo.», resume José Andrés.

En aquellas casas humildes cabían muchas personas y pocas cosas. Los hermanos compartían habitación, juegos y colegio. Empezaron juntos en Maternidad y crecieron acostumbrados a ser tres. Hasta que dejaron de serlo.

Mercedes

Los recuerdos cambian de ritmo cuando aparece su nombre. No hace falta preguntar demasiado.

Mercedes nació con una enfermedad cardíaca que obligó a largas estancias en el hospital. Mientras sus hermanos seguían el curso escolar, ella faltaba cada vez más a clase.

María del Pilar conserva dibujos que hizo siendo niña.

José Andrés recuerda cómo su padre se acercaba por las noches para escucharla respirar.

Ninguno necesita explicar mucho más.

La operación se realizó en el Hospital La Paz de Madrid. Los médicos hicieron cuanto pudieron, pero el corazón de Mercedes no consiguió seguir creciendo con ella.

Tenía diez años.

En ese momento la conversación deja de ser una entrevista para convertirse en memoria compartida. Hablan del silencio en casa. De las persianas bajadas. Del luto negro que vistió su madre durante mucho tiempo. De la televisión apagada. Y de un pueblo entero acompañando a la familia.

«Me acuerdo perfectamente de toda la gente que había. Ahí te dabas cuenta de cuánto querían a mi familia.», recuerda José Andrés.

No buscan conmover. Simplemente cuentan lo que pasó. Y precisamente por eso emociona.

Dos hermanos. Tres vidas.

Cuando se les pregunta si aún existe algo especial entre ellos, los dos sonríen casi al mismo tiempo.

No saben explicarlo.

Hablan de intuiciones.

De llamadas que llegan justo cuando el otro las estaba pensando.

De una complicidad que sus propias familias siguen observando.

«Somos más hermanos.», resume María del Pilar.

La frase parece imposible.

Pero basta escucharla para entenderla.

Quizá porque nunca dejaron de ser tres.

Quizá porque las personas importantes no desaparecen del todo mientras alguien siga pronunciando su nombre.

La memoria de un pueblo

Las historias extraordinarias no siempre ocurren en grandes ciudades. A veces nacen en una habitación sencilla, en una familia trabajadora, en una bicicleta que sale de madrugada buscando ropa para un niño inesperado. Con el paso de los años, aquel parto dejó de ser una noticia para convertirse en un recuerdo compartido por Tomelloso.

Hoy María del Pilar y José Andrés lo reviven con serenidad y sin adornos. Hablan de sus padres con admiración, de su hermana con ternura y de su infancia con esa mezcla de alegría y melancolía que solo concede el tiempo.

Porque hay recuerdos que no envejecen. Simplemente aprenden a convivir con nosotros.

Y entre los muchos nombres que ha escrito la historia de Tomelloso, el de aquellos primeros trillizos sigue ocupando un lugar que pertenece tanto a una familia como a la memoria de todo un pueblo.

Miguel Muñoz
Miguel Muñozhttps://entomelloso.com
Creativo, por que lo de artista está ya mu visto. Me apasiona contar historias. Soy fotógrafo y videógrafo en Ciudad Real. A veces escribo.

+ Noticias