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El cine vuelve… y quizá dice más de nosotros que de Spider-Man

Mientras el streaming domina el ocio doméstico, una imagen inesperada en Tomelloso recuerda que todavía hay historias que solo cobran sentido cuando se viven en una sala de cine.

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Antes de escribir estas líneas he vuelto a mirar una foto que hice ayer. No aparece ningún actor. Ni un cartel de una superproducción. Ni siquiera la fachada del cine. Lo que se ve es un aparcamiento lleno un miércoles por la tarde, Día del Espectador. Una imagen sencilla que, hace apenas unas semanas, habría parecido poco probable. Y, sin embargo, ahí está. Coches ocupando las plazas porque cientos de personas habían decidido hacer algo que cada vez hacemos menos: ir al cine.

Quizá esa fotografía hable menos del estreno de la nueva película de Spider-Man que de nosotros mismos.

Durante años nos acostumbramos a pensar que las salas tenían los días contados. La comodidad del sofá, las plataformas de streaming, los televisores cada vez más grandes, la calidad de imagen y sonido… Todo parecía empujar en la misma dirección. ¿Para qué salir de casa si podemos verlo todo cuando queramos?

Y, sin embargo, hay cosas que la tele del salón todavía no sabe hacer.

Tomelloso lo sabe bien. Muchos todavía recuerdan el viejo Cine Torres, aquellas sesiones en las que una película era todo un acontecimiento. Después llegaron los multicines, la bolera, una nueva forma de entender el ocio. Más tarde llegaron los años difíciles. La crisis, el descenso de espectadores, el cierre de las salas y la obligación de desplazarse hasta Alcázar de San Juan para ver un estreno. Durante un tiempo parecía que el cine había desaparecido de la vida cotidiana del pueblo.

Pero volvió.

No fue por casualidad. Detrás hubo una apuesta y un esfuerzo constante por mantener abiertas unas salas que hoy forman parte del paisaje cultural de Tomelloso. A veces olvidamos que mantener vivo un cine en una ciudad media no es sencillo. Y quizá por eso conviene detenerse un momento cuando un miércoles cualquiera el aparcamiento vuelve a llenarse.

Porque el cine tiene algo que ninguna plataforma puede ofrecer: convierte una película en una experiencia compartida.

No recordamos únicamente las historias. Recordamos cómo las vivimos.

Quienes crecimos yendo al cine todavía podemos cerrar los ojos y regresar a aquellas sesiones interminables de El Señor de los Anillos, cuando incluso había un intermedio para estirar las piernas, ir a por más palomitas o comentar, todavía con la emoción en el cuerpo, lo que acabábamos de ver.

Más tarde llegaron otros momentos. Una sala entera levantándose casi al unísono durante una escena de Star Wars. El estallido colectivo de aplausos y emoción en Vengadores: Endgame cuando la historia alcanzaba uno de esos instantes que ya forman parte de la memoria del cine comercial. No importaba que los asistentes no se conocieran. Durante unos segundos todos reaccionaban como si fueran un único espectador.

Eso no ocurre delante del televisor de casa.

Y no pasa nada. El streaming no es el enemigo. Al contrario. Nunca habíamos tenido tantas películas y series al alcance de la mano. Podemos descubrir obras magníficas sin movernos del salón y eso es una conquista cultural que merece celebrarse.

Pero también es verdad que hemos cambiado nuestra forma de mirar.

Ahora pausamos una película para responder un mensaje, adelantamos una escena, cambiamos de título si los primeros minutos no nos convencen o dejamos una historia para otro día. En el cine sucede justo lo contrario. Las luces se apagan, el teléfono deja de importar y durante dos horas aceptamos el ritmo que nos propone otra persona.

Quizá por eso sigue siendo un lugar especial.

También porque el cine nos enseña algo que cada vez practicamos menos: esperar.

Las grandes sagas tardan años en regresar. Entre una película y otra comentamos teorías, vemos avances, imaginamos qué ocurrirá después. La espera forma parte del viaje. Frente a una cultura donde todo debe estar disponible de inmediato, el cine sigue recordándonos que algunas historias necesitan tiempo para crecer y que parte de la ilusión consiste precisamente en no tenerlo todo al instante.

En Tomelloso, además, el cine ha ido encontrando una segunda vida. Ya no es solo un lugar donde se proyectan estrenos. También abre sus puertas para iniciativas culturales de la ciudad. Hace apenas unas semanas acogía un festival de cortometrajes locales. En otras ocasiones ha servido de escenario para presentar proyectos de asociaciones tomelloseras, como el anuncio de la lotería de la Peña Carnavalera Los Canuthi’s, además de otros actos que convierten la sala en un punto de encuentro para vecinos de todas las edades.

Eso también es hacer comunidad.

Por eso la fotografía del aparcamiento lleno dice mucho más de lo que parece. No habla únicamente del éxito de una película. Habla de una ciudad que, al menos por una tarde, decidió salir de casa para compartir una historia con desconocidos. Habla de familias, de parejas, de grupos de amigos y de aficionados que eligieron apagar el móvil, dejar el sofá vacío y recuperar un pequeño ritual que parecía estar perdiéndose.

Hay lugares que solo existen mientras alguien decide utilizarlos. Ocurre con el comercio local, con los teatros, con las librerías… y también con los cines.

Ojalá dentro de unos meses volvamos a pasar un día cualquiera por delante del cine y tengamos que buscar sitio para aparcar. No será solo porque otra película haya llenado una sala. Será porque Tomelloso habrá demostrado, una vez más, que todavía hay historias que merecen vivirse juntos.

El cine vuelve… y quizá dice más de nosotros que de Spider-Man

Miguel Muñoz
Miguel Muñozhttps://entomelloso.com
Creativo, por que lo de artista está ya mu visto. Me apasiona contar historias. Soy fotógrafo y videógrafo en Ciudad Real. A veces escribo.
Ferretería Perona

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