Coincidiendo con el Día Internacional del Pistacho, Ángela Perales, gerente de la cooperativa tomellosera Pistalife, analiza la evolución de un proyecto que nació en 2022 de la mano de agricultores de la zona con una idea clara: procesar y dar valor al pistacho sin sacarlo del territorio.
“Pistalife nació allá por 2022 como un proyecto de agricultores de Tomelloso y alrededores que no querían llevar el pistacho lejos y que creían que era un proyecto ilusionante, ambicioso y sobre todo factible para desarrollarlo aquí”, explica.
Un crecimiento aún por completar
En apenas tres años, la cooperativa ha ido incorporando socios, maquinaria y nuevas líneas de trabajo. Sin embargo, el verdadero crecimiento está todavía por llegar. “Ahora mismo tenemos únicamente el 50% de nuestras parcelas en producción”, señala Perales, recordando que muchas plantaciones aún son jóvenes y no han alcanzado su plena capacidad productiva.
El auge del pistacho ha provocado que muchos agricultores hayan decidido sumarse al proyecto antes de que la capacidad se complete. “Muchos socios han querido no quedarse fuera y han decidido entrar porque saben que, en un punto u otro, las puertas se cerrarán por capacidad, como está ocurriendo en otras cooperativas de la zona”.

Internacionalización y mercado local
Pistalife forma parte de una cooperativa de segundo grado, lo que marca su estrategia comercial. “Dos terceras partes de nuestra producción se venden a nivel internacional”, indica Perales, por lo que el impacto directo en el mercado nacional es relativo.
No obstante, sí perciben un cambio claro en el entorno más cercano. “A nivel local es brutal. Donde antes era extraño que te llamara un restaurante, ahora es muy habitual. Te dicen: voy a sacar un postre, un plato nuevo… y necesito pistacho”. La incorporación del fruto a helados, cremas, repostería y cocina creativa ha ampliado su presencia más allá del consumo tradicional como aperitivo.
Calidad y clima manchego
Para Perales, el pistacho español —y especialmente el manchego— tiene elementos diferenciales claros. “Respecto al iraní o al americano, tiene muchos más controles sanitarios. Es un mercado en el que, en cuanto a calidad y saludabilidad, es muy complicado competir”.
A ello se suma el factor climático. “Tenemos inviernos muy fríos, veranos muy calurosos y una zona muy seca. Es el clima perfecto para que el pistacho crezca bien y el fruto madure correctamente”. Ese contraste térmico se traduce, según explica, en un producto con “un sabor mucho más potente y un color mucho más verde”.
Una cooperativa centrada en el agricultor
Si algo diferencia a Pistalife, subraya Perales, es su modelo cooperativo. “Nosotros no partimos de vender un producto. Yo cuido a mis agricultores y después vendo mi producto”.
La prioridad es que los socios estén cómodos y obtengan rentabilidad. “No voy únicamente a conseguir una cifra de resultados. Voy a que mis agricultores saquen rentabilidad de lo que hacemos en la cooperativa”. Además, al ser una entidad joven, destaca su dinamismo y cercanía: “Conozco personalmente a todos mis socios y tengo una relación muy estrecha con ellos”.
El gran reto: la capacidad productiva
El principal desafío del sector, reconoce, es el rápido crecimiento. “Cada año hay más pistacho en el mercado y también más que procesar. La maquinaria que te valía hace dos años ya no te vale ahora y no te va a valer dentro de otros dos”.
Planificar la capacidad de procesado y la colocación del producto en el mercado es clave para evitar cuellos de botella. “El reto y el problema es el mismo: la capacidad productiva”, resume.
La campaña de recogida exige una organización milimétrica. “Es como la vendimia: tienes un mes y medio en el que recoges todo el producto”. En su caso, el pistacho se recolecta principalmente con paraguas invertido para evitar daños y entrada de impurezas en la procesadora.
Además, el margen de actuación es muy reducido. “Lo ideal es recogerlo y procesarlo en 24 horas, pero nosotros nos marcamos como máximo 12. Si no, la piel se mancha y pueden desarrollarse contaminantes que afecten a la calidad”. Cualquier fallo en esa primera fase puede generar “un problema en cadena muy serio”.
Un proyecto con vocación de futuro
Con la mitad de sus plantaciones aún por entrar en producción y una estructura en expansión, Pistalife afronta el futuro con optimismo. “Es un sector apasionante”, afirma Perales, convencida de que el pistacho seguirá ganando presencia tanto en los mercados internacionales como en la gastronomía local.





