Hoy, 8 de marzo, conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, cuyo lema elegido por la ONU para este año es: ‘Por un mundo digital inclusivo: Innovación y tecnología para la igualdad de género’, título que nos recuerda que la brecha digital también tiene perspectiva de género.

En la lucha contra la desigualdad de género no existe avance más radical y transformador en nuestro país que el que se publica en el Boletín Oficial del Estado.

Los Gobiernos socialistas siempre hemos reivindicado nuestras señas de identidad con la igualdad y con las políticas públicas feministas cuando hemos asumido la responsabilidad de gobernar.

Así lo hicimos con la Ley Orgánica de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género en el 2004; con la reforma de la Ley del Divorcio, completando el derecho a un divorcio libre sin las restricciones legales anteriores y con la modificación del Código Civil, permitiendo el matrimonio entre personas del mismo sexo en el 2005; con la Ley Orgánica para la Igualdad efectiva de Mujeres y Hombres en el 2007; con el Pacto de Estado contra la Violencia de Género en el 2017 o la aprobación el año pasado del III Plan Estratégico para la Igualdad Efectiva de Mujeres y Hombres, con una inversión prevista de 21.319 millones de euros.

Para rubricar nuestro compromiso con la igualdad de género y el feminismo, en esta fecha emblemática de la lucha feminista, el Consejo de Ministros aprobó ayer la Ley de Representatividad paritaria entre hombres y mujeres en los centros de decisión, inédita en nuestro país, en virtud de la cual se garantizará por ley la composición paritaria en las candidaturas electorales -las llamadas listas cremallera-, así como en el Consejo de Ministros, en las juntas de gobierno de los consejos generales y consejos de administración de grandes empresas, en los colegios profesionales y en los jurados que otorgan premios o reconocimientos públicos.

Profundizar en el debate sobre la división de las medidas adoptadas con otras fuerzas progresistas, que no en el fin último que nos es común -la ampliación de derechos hasta conseguir la plena igualdad entre mujeres y hombres-, solo resulta provechoso para los detractores de los derechos ya alcanzados, los negacionistas de la desigualdad de género y de todos aquellos que defienden una injusta concepción patriarcal de la sociedad, optando por discriminar a la mitad de la población de nuestro país y marginar sus capacidades y sus talentos.

En este 8-M, más alto que nunca podemos afirmar que ni la ideología ultraderechista y negacionista, ni una derecha conservadora, van a ser capaces de desalentarnos en nuestro compromiso con el feminismo ni con la igualdad, porque no nos podrán excluir de donde los Gobiernos socialistas siempre hemos estado, que es al lado de las mujeres y de sus derechos.

El siglo XIX fue el siglo de la Revolución Industrial, el siglo XX, el de la Revolución Tecnológica, y el siglo XXI será, sin duda, el siglo de la Revolución Feminista por derecho y por justicia.

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