Se nos había invitado a los concejales de todos los grupos municipales.

Decidimos ir.

Se trataba de homenajear a las personas que colaboraron en la batalla más dura que se recuerda en este pueblo desde hace ya muchos años y recordar a las víctimas del Covid, homenaje que había organizado, en exclusiva, la sección socialista del ayuntamiento de Tomelloso.

No acudió mucha gente, sólo los invitados y los pocos que se enteraron…. Mal empezaba un homenaje en el que tantas familias fueron afectadas. Las echaba de menos, la verdad. Y más siendo al aire libre.

Salí de allí con esa sensación agria de quien asiste a una especie de performance para lavar conciencia e imagen.

La escultura me pareció, con todos los respetos por la artista… indescriptible.

«Grullas por Tomelloso».

¿Grullas, qué grullas? Somos halcones, somos águilas, ¡águilas imperiales!.

Humildemente, decir que no sé apenas de arte escultórico, pero sí sé y reconozco cuándo algo me emociona y me llega al alma, y, simplemente, esta vez no pasó.

Me llamó la atención que la Plataforma de afectados y familiares por Covid-19 de CLM no hubiera ni querido presentarse a este homenaje.

Ciertamente, a mi y a mucha gente también nos hubiera parecido más emotivo plantar un olivo, como pedían ellos, de esos que todos juntos vemos crecer, que se vuelven centenarios y transmiten recuerdos, vida y emoción y leer uno por uno el nombre de todos los fallecidos en Tomelloso durante aquellos meses infaustos. Y sé que me dirán algunos que ya está planteado en el cementerio, pero, ¿acaso se ha enterado alguien? ¿Acaso hay homenajes de primera y de segunda?

De nuevo se volvió a recordar a los sanitarios y se les volvió a llamar «héroes» (maldito palabro que les ha hecho tanto daño), a la vez que se repetía con orgullo cómo el ayuntamiento repartió por el Hospital mascarillas caseras, inservibles para proteger a los sanitarios que estaban en primera línea, y que la dirección del Hospital tuvo a bien administrar por los distintos Servicios, a pesar de las críticas constantes de muchos profesionales, muchos de los cuales enfermaron.

Lo que a mi me parece una desgracia y el colmo del cinismo.

Qué mala es la ignorancia y la prepotencia de esos políticos que no han sabido gestionar y no han sabido aceptar ni un consejo, que se negaban a poner un crespón negro cuando el pueblo entero lo clamaba, que no daban ni dan las cifras reales de fallecidos por el Covid en esa primera ola. Y qué extraño es ver a una alcaldesa intentando ahora hacer pucheros en un homenaje a destiempo cuando todavía resuenan en las cabeza sus bailes y sus cantos en unos malditos videos que se quedarán para siempre en el imaginario colectivo de los tomelloseros, y que corrieron por la redes, como puñales en el corazón, en los momentos de más muertes y más dolor.

Gracias a Dios, la labor del pueblo de Tomelloso fue encomiable, y es lo que realmente ayudó en algo, la entrega de empresas, agricultores, asociaciones y anónimos ciudadanos que se volcaron con pasión y valentía en una batalla donde no había capitán.

Porque el pueblo, suele valer más, mucho más, que sus representantes. Y así ha quedado demostrado exactamente en este Tomelloso valiente y sufridor, que, herido grave y medio recompuesto, ve hoy cómo con unos hierros al cielo y unas buenas palabras se cierra el infausto capítulo que aquí se vivió.

Muchos tomelloseros ni entienden ni se han sentido tocados en el alma por este homenaje.

Tal vez el mejor homenaje que se les pudiera hacer a esos que se marcharon y a los que nos hemos quedado, fuera la lucha por un Hospital de verdad, completo, con capacidad real para atender a nuestros ciudadanos si alguna vez, Dios no lo quiera, nos volvemos a encontrar cara a cara con las puertas del infierno.

Ana María Valero Lite

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