A D. Miguel Palacios Valero, poeta, político, médico y gran persona, que siempre me habló de la importancia de “los otros” y que se atrevió, en sus tiempos políticos, a homenajear a los “otros” que habían dejado huella en Tomelloso.

Tomelloso marca el paso, crea ritmo, dirige trayectorias de avance en muchos ámbitos de la vida social, económica y cultural. Este gran pueblo manchego por situación, pero de buen resultado ecléctico de culturas venidas, a largo de los tiempos, en  búsqueda de tierra prometida, es vanguardia, casi idealismo quijotesco, desde un realismo que bien podría salir del ser y pensar de Sancho Panza.

La marca Tomelloso dignifica, da confianza, supone seguridad. Tomelloso es buena carta de presentación por su querer y su hacer. Querer es poder y aquí se puede porque se quiere.

El ADN de los tomelloseros quizás tenga su origen en los muchos pesares y pensares que suponen el recorrido de largas besanas, en ese diálogo consigo mismo que de principio a fin y de fin a comienzo de cada uno de los surcos han supuesto continuo discurrir, constante reflexión de cómo avanzar más para que la propia familia tuviese un poco más que lo que cada uno tuvo en su abrir los ojos a la luz de la vida.

Ese es el mejor concepto de progreso, esa la idea más pura de avance de los pueblos, del desarrollo colectivo. En la medida que cada uno pone energía y proyectos, en tanto el ilusionante sueño de cada noche es el ímpetu que cada mañana, más bien todas las madrugadas, enerva ánimo y cuerpo para salir en búsqueda de los medios precisos y que la ensoñación se haga feliz realización. En tanto el referente del progreso individual y familiar esté vivo, el progreso colectivo no estará desesperanzado.

Ahí reside el gran capital de la marca Tomelloso. Quizás estemos impregnados del paisaje abierto, los horizontes distantes, ni el cielo ni la tierra tiene fin al alcance hasta donde la mirada alcanza. Puede ser que la luz de La Mancha también influya, no se sabe, pero el duende de querer dar vida a la vida está en el alma de tomelloseros y tomelloseras con tal deslumbrante luminosidad que contagia y arrastra.

Nuestro paisaje no tiene ni altas cumbres ni estrechos pasos, aquí todo es abierto al infinito, amplio, ancho, tan ancho y tan amplio que es difícil de abrazar y, sin embargo, la gente de esta tierra seca se ha abrazado a ese paisaje fértil, imposible de acotar. Cuando abrazarse cuesta trabajo, despegarse es tarea imposible.

Asidos fuertemente a lo difícil han logrado lo imposible. De guarnicionero a exportador de lonas; de pequeño trabajador del metal a empresa clave en estructuras diseñadas por arquitectos singulares; de la “tinajilla” de vino en la cueva de casa, fruto de la “viñeja” heredada o comprada con los dineros de la profanación del día festivo, a ser madre de los mejores brandis propios y de Jerez y excepcional colaborador, en cantidad y calidad, al buen nombre de los renombrados vinos de La Mancha.

Quizás por mucho andar en los campos con la barbilla muy pegada a ras de tierra se ha desarrollado, por contraposición, el más elevado sentido espiritual y su traslación al arte.

Cavilar y mirar al cielo mientras se anda “arriñonado” por el trabajo, no deben ser mala simbiosis para sentir hacia lo alto desde la bajura de la tierra. Eladio y Antonio López, esencia de reflejo del paisaje y manifestación del sentir del paisanaje, son excelentes padrinos de esa marca tomellosera.

Las administraciones y los políticos… sí, claro que apuntalan el progreso; los números uno, paridos en Tomelloso, de cada disciplina de la tecnología, el arte, la producción, sí, lógicamente son buen apellido para el nombre de Tomelloso; pero los CUM LAUDE, me atrevo incluso a decir los summa cum laude, son todos los demás, LOS OTROS, todos los que calladamente piensan en más y mejor para sus hijos, sienten en transmitir más honor y honradez para su estirpe, se afanan en crecer y ayudar a crecer para que todos nos desarrollemos.

Si no fuese así, si ese espíritu no formase parte de la herencia genética del tomellosero, todo lo demás no hubiera sido posible. Si hay que donar sangre, se dona y siendo los primeros, si hay que ser punteros en solidaridad con los diferentes o con quienes la vida les aparta del umbral de lo básico para el día a día, se consigue sobradamente.

A ellos, a los que como única placa con su nombre quizás sólo tengan el “in memoriam” en el Campo Santo, a todos aquellos que la hidalguía de su apellido brota de sudores y manos encallecidas, de su faenar de pensamientos y pasos firmes en tierra. A ellos se les debe dar el mejor  protagonismo en la MARCA TOMELLOSO.

Al hombre y a la mujer de este pueblo todas las lindes se les quedan estrechas, los trajes hechos no les sirven más que para reventarles las costuras, las normas no les suponen autoridad si encorsetan avance o si adulteran la ética del ser sin oprimir que otros sean, pues la libertad es el otro gran componente de su ser.

Tomelloso, Julio de 2013




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