Fotografiar un lince ibérico en libertad requiere paciencia, conocimiento del entorno y, sobre todo, constancia. Raquel Sánchez, profesora de Tomelloso y aficionada a la fotografía de naturaleza, lo sabe bien después de dedicar siete meses a buscar este emblemático felino hasta conseguir sus primeras imágenes en La Mancha.
Su pasión por la fotografía comenzó cuando era pequeña, rodeada de animales en casa, y se consolidó a los 15 años, cuando adquirió su primera cámara. Después de experimentar con diferentes modalidades fotográficas, encontró en la naturaleza la combinación perfecta de sus dos grandes aficiones: la fotografía y las actividades al aire libre.
Sus primeras salidas estuvieron centradas en especies habituales de los montes de la zona, como ciervos, cabras, liebres y zorros. Sin embargo, el lince ibérico terminó convirtiéndose en un objetivo especial, especialmente por la historia de recuperación de una especie que estuvo al borde de la extinción.
«Quería comprobar hasta qué punto era factible ver a este animal, primero observarlo y después fotografiarlo», explica.
Siete meses de búsqueda y aprendizaje
El camino hasta conseguir las fotografías comenzó en la Sierra de Andújar, donde Raquel se desplazó en varias ocasiones siguiendo referencias sobre la presencia de linces. Aunque llegó a observar una pareja, no consiguió fotografiarla.
Aquel encuentro se produjo al final de una jornada de búsqueda que había preparado durante semanas. Después de recorrer diferentes zonas sin éxito, cuando regresaba a casa en coche, dos linces se cruzaron en su camino. La fotógrafa pudo grabarlos con el móvil, pero no consiguió las imágenes que buscaba.
La experiencia, sin embargo, le dejó un recuerdo imborrable. En aquel momento coincidió, además, con otros dos fotógrafos franceses que también habían viajado para intentar observar al felino. Los tres compartieron la emoción de aquel encuentro inesperado y lograron tomar una fotografía testimonial entre los matorrales.

Tras aquella experiencia, Raquel continuó investigando y recorriendo distintos puntos de La Mancha. Se informó sobre las zonas en las que se habían realizado sueltas, buscó lugares de acceso público y aprendió a reconocer los rastros que deja la especie.
Entre las señales que utiliza para identificar su presencia destacan las llamadas letrinas, acumulaciones de excrementos que los linces emplean para marcar su territorio. Su tamaño y frecuencia pueden ofrecer pistas sobre la presencia habitual del animal en una zona.
«Fueron siete meses de muchas salidas. Hubo lugares donde terminé descubriendo que el lince solo estaba de paso, pero cada experiencia me enseñó algo», señala.
Toda esa información recopilada terminó conduciéndola al lugar adecuado. Finalmente, en La Mancha, consiguió fotografiar al felino en libertad y culminar un reto que llevaba meses persiguiendo.
La emoción de encontrarse con el lince
El momento de observar al animal de cerca es, para Raquel, una mezcla de adrenalina y emoción difícil de controlar. La historia de conservación de esta especie hace que el encuentro tenga un significado especial.
«Es adrenalina pura. Intentas que el animal no se dé cuenta de que estás ahí y, de la emoción, empiezas a temblar», relata.
La fotógrafa destaca que uno de los principios fundamentales de la fotografía de fauna es evitar interferir en el comportamiento de los animales. Por ello, insiste en la importancia de permanecer en silencio, reducir los movimientos y procurar no alterar su actividad.
También advierte de que el éxito no está garantizado, por mucho que se planifique una salida. La fauna salvaje se mueve libremente y puede no aparecer, incluso cuando existen indicios claros de su presencia.
Por eso, considera que la paciencia es imprescindible para quienes quieran iniciarse en esta disciplina. En su caso, calcula que solo una pequeña parte de sus numerosas salidas al campo termina con las fotografías que busca.
Una afición que también conciencia sobre la naturaleza
La fotografía ha permitido a Raquel ampliar sus conocimientos sobre el medio natural y comprender mejor cómo disfrutar de él de forma responsable. Esa experiencia también está detrás de Terra Montis, su proyecto de divulgación, con el que busca informar sobre el respeto al entorno y los derechos de las personas que transitan por la naturaleza.
En este marco, ha elaborado una guía sobre legislación y caminos públicos que ofrece gratuitamente a través de su cuenta de Instagram. El documento nació inicialmente como una herramienta personal para conocer la normativa y las posibilidades de acceso a determinados espacios, pero decidió compartirlo para que pudiera resultar útil a otras personas.
La fotógrafa considera especialmente importante defender los caminos públicos, cuya conservación depende también de que la ciudadanía los conozca y los utilice de manera responsable.
«Es una pena que se estén perdiendo tantos caminos públicos en este país. Animo a la gente a informarse sobre los que existen en su municipio y a recorrerlos, porque es una manera de contribuir a que no se pierdan», subraya.


Nuevos retos con la fauna ibérica
Conseguir sus primeras fotografías del lince no significa que Raquel dé por terminado el reto. Al contrario, quiere seguir aprendiendo sobre esta especie y documentar otros aspectos de su vida cotidiana.
Su objetivo no se limita a conseguir un retrato atractivo del animal, sino también a captar comportamientos y escenas que permitan conocerlo mejor, como sus hábitos o la relación entre una madre y sus cachorros.
Además, aspira a ampliar progresivamente su catálogo de especies, con especial interés por la fauna ibérica y, en particular, por la que habita en Castilla-La Mancha.
Después de siete meses de búsqueda, su experiencia se resume en una palabra: «Constancia». Una afición que le ha permitido cumplir uno de sus grandes objetivos fotográficos y que, al mismo tiempo, refuerza su compromiso con la divulgación ambiental y la conservación del patrimonio natural.


