Maternidad o la historia de un barrio que se construyó con nombre propio

El pregón de Miguel Ángel Aguado reivindica la historia del centro educativo como alma de un vecindario que encuentra en sus tradiciones, sus vecinos y su tejido asociativo la fuerza para seguir creciendo

Hay barrios que se construyen con ladrillos. Y hay barrios que se levantan con personas.

Anoche, en el inicio de las fiestas del Barrio Maternidad, quedó claro que este rincón de Tomelloso pertenece a los segundos. Porque más allá de la música, del zurra compartido, de las terreras y picadores o de la programación festiva, el verdadero protagonista de la noche fue un sentimiento colectivo: el orgullo de pertenencia.

Y pocas veces se ha explicado mejor que en el pregón pronunciado por Miguel Ángel Aguado, director del Colegio Maternidad, quien convirtió su intervención en un recorrido emocionante por la historia de un centro educativo que, como él mismo resumió, comparte «el mismo corazón» que el barrio. «Cuando yo nombro aquí colegio, estoy nombrando barrio, y cuando nombro barrio, estoy nombrando colegio», afirmó ante un público que escuchó en silencio una historia que en realidad era la de cientos de familias. Porque el Colegio Maternidad no es únicamente un edificio. Es memoria. Es encuentro. Es identidad. Es el lugar donde generaciones enteras han aprendido, han crecido y han tejido relaciones que después continúan en las calles del barrio.

Aguado repasó algunos de los hitos que han marcado la evolución del centro durante los últimos 25 años: la celebración de su centenario, el cambio de nombre para adoptar oficialmente la denominación con la que siempre lo conocieron los tomelloseros, la construcción del ansiado gimnasio o la consolidación de proyectos europeos Erasmus que han llevado el nombre de Maternidad a catorce países. Pero más allá de los datos, el pregonero puso el foco en algo mucho más importante: la capacidad de un colegio para convertirse en motor social.

«Actualmente el colegio, desde las siete y media de la mañana hasta las diez de la noche, está en funcionamiento», recordó. Una actividad constante que ha permitido que el barrio siga siendo un espacio vivo, dinámico y abierto. No fue casualidad que los mayores aplausos llegaran cuando habló de las personas. De los maestros. De las familias. De las AMPAS. Y especialmente de Ramón González.

Su nombre apareció una y otra vez durante la noche como una de esas figuras que trascienden cargos y responsabilidades para convertirse en patrimonio sentimental de una comunidad. Aguado lo definió como una referencia personal y profesional. Antonio Ligero fue más allá.

El presidente de la Asociación de Vecinos aprovechó el acto para lanzar dos propuestas que encontraron inmediatamente el respaldo del público. La primera, que el Centro de Barrio lleve oficialmente el nombre de Ramón González. La segunda, que el edificio de la antigua maternidad quede señalizado y reconocido como parte fundamental de la historia de Tomelloso.

No fueron peticiones improvisadas. Fueron reivindicaciones nacidas de la memoria colectiva. Y los aplausos que las acompañaron dejaron claro que el barrio las siente como propias. Porque si hubo una figura que sobrevoló toda la noche, además de la del pregonero, fue la de Antonio Ligero. Su nombre apareció en boca de todos.

En la de Miguel Ángel Aguado, que le agradeció su trabajo constante por mantener vivas las tradiciones. En la del alcalde, Javier Navarro, que destacó la labor de la asociación vecinal no solo durante las fiestas, sino durante los 365 días del año. Y también en los corrillos posteriores al acto, donde muchos vecinos coincidían en señalar una realidad evidente: pocas personas conocen, recorren y sienten su barrio como él.

Ligero lleva años empeñado en algo que parece sencillo pero que resulta cada vez más difícil: conseguir que la gente salga de casa y se encuentre. Lo hace con estas fiestas. Lo hace recuperando tradiciones como el manteo del pelele. Lo hace colaborando con otras asociaciones. Lo hace prestando ayuda cuando cualquier colectivo o causa social lo necesita. Lo hace, en definitiva, generando comunidad. Y quizá por eso Maternidad conserva algo que muchas veces se echa de menos en otros lugares: vecinos que se conocen por su nombre. Vecinos que participan. Vecinos que sienten que forman parte de algo más grande que una simple calle o una dirección postal.

Durante su intervención, Javier Navarro agradeció precisamente esa función de las asociaciones vecinales como «eje de comunicación entre los vecinos y el Ayuntamiento», destacando el trabajo que realiza la junta directiva encabezada por Ligero.

Y es que los barrios son mucho más que una delimitación urbana. Son pequeñas ciudades dentro de la ciudad. Lugares donde se construye la convivencia cotidiana. Donde los niños juegan, los mayores conversan, las familias se ayudan y las tradiciones encuentran refugio.

Por eso resultó tan simbólico que el pregón girara alrededor de un colegio. Porque los colegios, igual que los barrios, hablan de futuro. Y porque ambos cumplen una misión parecida: reunir personas diferentes alrededor de un proyecto común. Anoche, mientras los aplausos cerraban el acto inaugural y el Barrio Maternidad se preparaba para un nuevo fin de semana de convivencia y celebración, quedó la sensación de que allí sucede algo especial.

Que detrás de cada actividad hay muchas horas de trabajo invisible. Que detrás de cada tradición hay personas empeñadas en conservarla. Y que detrás de cada barrio vivo siempre suele haber alguien tirando del carro. En Maternidad ese alguien tiene nombre y apellidos.

Antonio Ligero.

Y viendo la respuesta de sus vecinos, uno no puede evitar pensar que, probablemente, si cada barrio tuviera su propio Antonio Ligero, Tomelloso sería todavía mejor de lo que ya es.

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