Salones Epilogo

Una gran llanura cruzada por dos brazos del río Guadiana que riegan unas 800 fanegas de tierra y fertilizan varias huertas pobladas de frondosas alamedas, se presentan a la vista del viajero como un oasis en medio de la dilatada, escueta y seca llanura que la rodea” así define a Argamasilla en 1914 Inocente Hervás y Buendía, en su diccionario Histórico Geográfico de la provincia de Ciudad Real.

La Vega del Guadiana

La historia de Argamasilla de Alba nos recuerda que han sido muchas las crecidas extraordinarias del Guadiana desde el siglo XVI que obligaron incluso a cambiar, en varias ocasiones, la ubicación del pueblo. Además, las inundaciones fueron las responsables de las tercianas y cuartanas, enfermedades que sufrió durante siglos la población de estas tierras y que mermaron sensiblemente el número de vecinos.


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Hartos de esta situación, los habitantes de Argamasilla crearon, con materiales locales, una rudimentaria infraestructura de contención y desvío del agua. El profesor Marín Magaz cuenta en su libro “El hombre y el agua de las lagunas de Ruidera” que lo que conocemos como “la viga” era una improvisada presa, hecha de madera y ramas, precedida de un terraplén de tierras denominado “el cordón”, que ya existía en 1917, según informes de la época.

El invento de los argamasilleros desviaba las aguas a través de una vaguada natural del terreno que existía entre Tomelloso y Argamasilla, denominada “corriente”, e iban a parar a la cañada  de “Los Serranos”.

Zona de “La Corriente”

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Pero si hay un desbordamiento del río Guadiana que es hoy aún recordado este es el ocurrido en marzo de 1947, conocido como “la venía”. En ese año, la gran crecida inundó cientos de hectáreas y puso en un brete a los hombres y mujeres de nuestra comarca que se vieron obligados a actuar en un corto espacio de tiempo para frenar la entrada del agua en la localidad.

Inundaciones a primeros de siglo

Esta imagen muestra perfectamente cómo eran las inundaciones en las primeras décadas del siglo XX. “Los suelos de Argamasilla han sido fértiles gracias al Guadiana, pero Argamasilla ha tenido innumerables inundaciones y catástrofes debidas al agua” asegura José Serrano, quien nos ha cedido amablemente esta fotografía que su familia conserva con cariño.


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Tras varios años de sequía, el año 1947 fue un año muy húmedo. En invierno se produjeron importantes lluvias y nevadas. El agua rompió las barreras de La Laguna del Rey y la rampa tobácea de la Laguna Tomilla, dando lugar a la hoya denominada “la plaza de toros”. “Ese año la lluvia llegó en febrero y no dejó de llover hasta la época de siega” relata José Vicente Salazar.

José Vicente Salazar, Jose Serrano y Apolonio Ordoñez

La inundación de 1947 llegó a Argamasilla de Alba por el cauce del Alto Guadiana, rebosando el atajadero y anegando las tierras de labor de la zona de la vega del río. “Las parcelas eran pequeñas, de 4, 5 o 6 celemines, de media fanega. Se cultivaba sobre todo judías y patatas, también habichuelas. Era una zona muy buena de regadío. Venía mucha gente de Alcázar, Criptana y Tomelloso a comprar nuestras patatas y judías” cuenta con orgullo Apolonio Ordoñez.



Ante la llegada de agua en banda, los vecinos de Argamasilla se dispusieron a activar su mecanismo de protección, por un lado, girar “la viga” para desviar la corriente de agua fuera del municipio y, por otro, reconstruir el denominado “cordón”. “La guardia civil, por orden del alcalde Sr. Carretón y del jefe de agua, Vicente Serrano, reclutó a todos los vecinos del pueblo en poco tiempo. Daba igual si eran hombres o muchachos jóvenes, todos valían para arrimar tierra. Se necesita mucho personal para reconstruir el cordón. En esos días, todo el que pudiera llevar una azada y una espuertilla era bienvenido” recuerda Apolonio, quien, con sus amigos, consiguió librarse del reclutamiento por su corta edad.



Antonio Moya Serrano recuerda que “esa presa hecha de madera y ramas por los vecinos en el cauce del Malecón, a la altura de lo que hoy es la Alavesa, tuvo un papel esencial en aquella lucha por la supervivencia. Y cercano a “la viga”, entre el canal del Gran Prior y el Malecón, se reconstruyó el terraplén para sujetar el agua que llegaba por el antiguo cauce del Guadiana y anegaba la vega”.

“El cordón tenía unos dos metros de altura y se reconstruyó con arena, piedras, cantos y también palos y ramas. Arrancaba en la exclusa de los Clementes e iba desde el Canal del Gran Prior hasta la Alavesa, donde se desviaba el agua. No era muy largo, de medio kilómetro más o menos, eso sí, en pendiente, lo suficiente para desviar el agua hacia Tomelloso” recuerda José Antonio Torres.

José Antonio Torres Arenas (derecha)

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José Antonio Torres Arenas es el más mayor de los vecinos con los que hemos hablado para elaborar este artículo. Tiene ahora 90 años, pero el paso del tiempo no le impide recordar con entusiasmo cómo fue la construcción del cordón. “Yo tenía menos de 18 años, todavía no había ido a la mili. El cordón se reconstruyó a base de espuertas de tierra que se pisaban y pisaban. Estuvimos muchos días, vecinos de todos los oficios, unos trescientos, sin descanso, y sin cobrar nada. Nuestra única recompensa era conseguir sujetar el agua para que no entrara en nuestro pueblo”.

Situación de “El Cordón”

La actuación de los vecinos ante las constantes inundaciones generaron un sentimiento solidario de actuación conjunta frente a este hecho común. La viga y el cordón eran infraestructuras rudimentarias que lo único que pretendían era evitar que el agua entrara en el pueblo, pero, sin embargo, esta manera de actuar no era del agrado de las autoridades de Tomelloso. “El jefe de aguas, Vicente Serrano, tuvo una acalorada discusión con el alcalde de Tomelloso, Abelardo Contento, que quería quitar la viga que sujetaba el agua. Sacaron hasta unas coplas de aquel fuerte encontronazo” relata José Vicente.

Vestigios de “El Cordón” en La Alavesa
Vestigios de “El Cordón” en la margen izquierda del canal del Guadiana

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José Antonio recuerda que esa tarde llegaron a la presa de Argamasilla, el Gobernador, el teniente coronel de la Guardia Civil y el alcalde de Tomelloso. “Todos pensábamos que iba a haber follón y estábamos preparados para “dar palos” si hubiera sido necesario. Pero, la amenaza de Vicente Serrano -que les dijo a todos: “quien se atreva a quitar la viga se va a quedar ahí atravesado”- sirvió para parar el conflicto, porque, en aquellos años, como recuerda José Vicente, “había poca diplomacia y las discusiones solían terminar así”.

La venía de 1947 puso de manifiesto la demanda de soluciones definitivas. Los políticos de Argamasilla junto con los habitantes del pueblo realizaron una queja formal al Ministerio del Interior manifestando que no podían soportar más esas inundaciones. Los tiempos difíciles de las riadas y crecidas pasaron al olvido con la finalización de las obras de la Presa de Peñarroya, en el año 1959. Esta presa artificial en el río Guadiana, que abastece a Argamasilla de Alba y Tomelloso, forma parte del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera. Su construcción se inició en 1935 pero las obras fueron abandonadas debido a la Guerra Civil. En 1953 fue aprobado el proyecto de terminación de las mismas y el 23 de mayo de 1959 (como recoge la portada del diario ABC) fue inaugurado por el ministro de Obras Públicas. Al final, la ingeniería trajo una solución óptima para la comarca y sus vecinos. El Pantano de Peñarroya vino a solventar los problemas de agua potable, el riego de miles de hectáreas de labor, y, por supuesto, a proporcionar tranquilidad a la población del Alto Guadiana.

José Alberto Crespo
Anabel Sánchez Rebollo
Jesús Benito Lara
María del Pilar Crespo

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