El párroco de Santo Tomás de Villanueva repasa los 70 años de historia de la parroquia de Tomelloso, recuerda su vinculación con generaciones de vecinos y reflexiona sobre un futuro en el que ve necesaria una mayor colaboración entre las comunidades parroquiales
Setenta años dan para muchas historias. Bautizos, comuniones, bodas, despedidas y encuentros que forman parte de los recuerdos de varias generaciones de tomelloseros. La parroquia de Santo Tomás de Villanueva celebra este aniversario junto a los 50 años de su templo, una doble efeméride que invita a mirar al pasado, pero también a preguntarse cómo será la vida parroquial en las próximas décadas.
Su párroco, Eustaquio Camacho, reflexiona sobre esa trayectoria, el papel que ha desempeñado Santo Tomás en la vida de Tomelloso y los retos que afronta la Iglesia. Lo hace poniendo el acento en una idea que considera esencial: una parroquia es mucho más que el edificio en el que se celebran los sacramentos.
De hecho, una de las cuestiones que más le ha llamado la atención durante este aniversario es comprobar que muchos vecinos desconocen que Santo Tomás ya existía como parroquia veinte años antes de disponer de su actual iglesia.
«Yo creo que eso es una cosa, es una pregunta importante porque la mayoría de la gente considera que la parroquia empezó en el año 76 cuando se abrió el templo», señala Camacho.
Durante aquellas dos primeras décadas, la actividad parroquial se desarrollaba en la capilla del asilo de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados. Sin embargo, Santo Tomás ya tenía una vida independiente de la parroquia de la Asunción, con sus propios libros sacramentales, sacerdotes y organización pastoral.
Esa confusión sigue presente en los recuerdos de algunos vecinos. Camacho cuenta que hay personas que le aseguran que se casaron en el asilo y no en Santo Tomás, cuando en realidad aquella celebración ya pertenecía a la nueva parroquia.
La exposición fotográfica organizada con motivo del aniversario ha permitido recuperar parte de esa historia, incluidos los primeros libros sacramentales que documentan su actividad.

Una parroquia que forma parte de la vida de muchas familias
Para Eustaquio Camacho, uno de los aspectos más interesantes de estos setenta años es la relación sentimental que numerosas familias mantienen con Santo Tomás. La exposición fotográfica preparada para la celebración se ha convertido en una oportunidad para reencontrarse con personas, sacerdotes y actividades de otras épocas.
«Y que yo digo que es la memoria de las generaciones que han pasado por la parroquia», comenta sobre una muestra que considera más sentimental que artística.
En las fotografías aparecen recuerdos asociados a distintos sacerdotes, como don Antonio, don Tomás Lozano o don Luis Miguel. Hay quienes recuerdan al sacerdote que celebró su boda, quienes participaron en un coro infantil o quienes compartieron actividades con otros feligreses.
Camacho reconoce que los párrocos han servido muchas veces como referencia para identificar las distintas etapas, aunque insiste en que los verdaderos protagonistas son quienes han formado parte de la comunidad.
La vinculación con Santo Tomás va incluso más allá de la práctica religiosa. La parroquia ha sido un lugar de encuentro para padres que coincidían mientras sus hijos asistían a catequesis, jóvenes que participaban en actividades y adultos que se conocieron a través de los grupos parroquiales.
También ha acompañado algunos de los momentos más importantes de la vida de muchas familias. El párroco recuerda que todavía hay personas que regresan para ver los salones donde recibieron catequesis, el lugar donde se casaron o el templo donde despidieron a sus padres.
Son recuerdos que, a su juicio, explican por qué la parroquia forma parte de la historia personal de tantos vecinos.
A esa dimensión humana suma la labor social de la Iglesia, especialmente a través de Cáritas. Camacho destaca su papel en la acogida de personas inmigrantes en Tomelloso, así como las iniciativas solidarias y de colaboración con otros países.

Una comunidad organizada y el reto de acercarse a quienes están más lejos
Cuando Eustaquio Camacho llegó a Santo Tomás encontró una parroquia con una identidad definida y numerosos grupos en funcionamiento. Recuerda especialmente el trabajo de su antecesor, don Julio, al que atribuye buena parte de esa organización.
También recuerda una de las primeras conversaciones que mantuvieron, incluso antes de tomar posesión, cuando don Julio le mostró el estado del tejado del templo y le advirtió de que aquella obra quedaría en sus manos.
La intervención acabaría convirtiéndose en una de las tareas importantes de esta etapa, con unas obras de restauración del templo que, según explica, finalizaron hace tres años.
Sin embargo, su preocupación no se ha limitado al mantenimiento del edificio. Desde su llegada ha intentado reforzar los vínculos personales y abrir la parroquia a quienes mantienen una relación más distante con la Iglesia.
Entre las iniciativas desarrolladas menciona los encuentros Alpha, los retiros de Emaús y los grupos de matrimonios, que han permitido que algunas personas se acerquen de nuevo a la vida parroquial.
No obstante, reconoce que existe una dificultad que afecta también a otras parroquias: muchas familias mantienen una vinculación religiosa centrada principalmente en determinados sacramentos.
Pone como ejemplo a quienes inscriben a sus hijos en catequesis para preparar la primera comunión, pero dejan de participar una vez celebrada.
Para Camacho, el reto consiste en conseguir que esa relación no termine con una celebración concreta y que las familias puedan encontrar en la parroquia un espacio de participación más continuada.
También distingue entre sentirse identificado con una parroquia y formar realmente parte de su comunidad. En Tomelloso es habitual escuchar que alguien es de Santo Tomás o de la Asunción, aunque esa identificación no siempre implica una participación activa.
Además, observa que los vecinos se mueven con frecuencia entre las distintas iglesias de la localidad, eligiendo dónde asistir a misa o celebrar un sacramento según los horarios o sus circunstancias personales.
El futuro podría pasar por una mayor unión entre las parroquias de Tomelloso
Al mirar hacia los próximos diez o veinte años, Eustaquio Camacho reconoce que resulta difícil anticipar cómo será Santo Tomás. Sin embargo, apunta una posibilidad que considera importante para el conjunto de la Iglesia en Tomelloso: avanzar hacia un proyecto pastoral más compartido entre las distintas parroquias.
«Hay una cosa importante que será cómo si habrá una unidad pastoral en Tomelloso. Ya se ha hablado jurídicamente, pero no lo hemos avanzado», señala.
La propuesta permitiría mantener la identidad de cada parroquia y, al mismo tiempo, desarrollar iniciativas comunes para responder a necesidades que quizá resulten más difíciles de abordar individualmente.
Como ejemplo menciona los retiros de Emaús, en los que participan personas procedentes de diferentes parroquias de Tomelloso e incluso de localidades vecinas.
También considera especialmente importante trabajar conjuntamente con los jóvenes de entre veinte y treinta años, un grupo para el que cree necesario buscar nuevas formas de participación.
«Entonces, yo creo que, por un lado, quizá el futuro nos depare un proyecto más unitario y más compartido», reflexiona.
Camacho tampoco evita hablar de la secularización y de sus posibles consecuencias para las comunidades religiosas. Cree que las parroquias podrían contar con menos miembros en el futuro, aunque considera que eso no tiene por qué traducirse en una menor vitalidad.
«Yo creo que las comunidades parroquiales seguramente sean más pequeñas por la secularización que vemos en el ambiente, pero lo que tenemos que trabajar es para que sean más vivas», afirma.
Es una reflexión que conecta con el sentido que concede a este aniversario. Después de setenta años de historia, cincuenta de ellos con templo propio, Eustaquio Camacho considera que la principal tarea de Santo Tomás sigue siendo cuidar las relaciones entre quienes forman parte de ella.
Porque, como recuerda al hablar de los orígenes de la parroquia, antes que disponer de un edificio propio, lo verdaderamente importante fue comenzar a construir una comunidad.
