Antes de empezar a escribir esta crónica surgió una duda aparentemente sencilla: ¿folclore o folklore? ¿Con «c» o con «k»? La respuesta obligó a una consulta rápida. La Real Academia recomienda «folclore», pero el cartel anunciador del evento mantiene la grafía tradicional de Festival Folklórico del Mayo Manchego. Y quizá no haya mejor manera de explicar lo ocurrido este sábado en la Plaza de España de Tomelloso.
Tras el tradicional Canto de Mayos en la Parroquia de la Asunción de Nuestra Señora, la Plaza de España acogió la vigésimo tercera edición del Festival Folklórico del Mayo Manchego en honor a la Virgen de las Viñas, organizado por el Grupo Folklórico Virgen de las Viñas, que este año celebra su 61 aniversario. Una cita que volvió a reunir a cientos de personas alrededor de una manifestación cultural que, lejos de quedarse anclada en el pasado, continúa encontrando motivos para seguir mirando al futuro.
La cantera abre el camino
La noche comenzó con quienes representan el futuro de esta tradición: el grupo infantil del Grupo Folklórico Virgen de las Viñas.
Los más pequeños fueron los encargados de inaugurar el festival con la Jota del Tomillar, unas Seguidillas Manchegas y la Jota de Quintería, demostrando que el relevo generacional sigue vivo y que el trabajo de formación realizado por la agrupación continúa dando frutos.
Su presencia sobre el escenario tuvo un significado especial. En una época en la que muchas tradiciones populares compiten con nuevas formas de ocio y entretenimiento, ver a niños y adolescentes interpretar bailes que llevan décadas formando parte de la identidad manchega es una de las mejores noticias que puede recibir el folclore.
Porque estas manifestaciones culturales no sobreviven únicamente gracias a quienes las conservaron en el pasado. Necesitan que alguien las aprenda hoy para poder seguir existiendo mañana.
Semillas del Arte, tradición toledana con sello propio
La representación de Castilla-La Mancha llegó desde La Puebla de Montalbán de la mano de la Asociación Cultural Semillas del Arte, una de las agrupaciones de referencia del folclore regional.
Fundada en 1971, la formación toledana ofreció una actuación marcada por la elegancia y el respeto a la tradición, interpretando el Bolero de la Puebla, la Jota de la Huerta, la Jota del Convento y la Jota del Vaquerito.
Su puesta en escena, sus vistosos trajes y la cuidada ejecución de cada pieza conquistaron al público de la Plaza de España, que respondió con una prolongada ovación al término de su actuación.
El color y la riqueza del folklore murciano llegan desde Yecla
La segunda agrupación invitada fue el Grupo Folklórico Arabí, procedente de Yecla (Murcia), una formación fundada en 1990 y estrechamente vinculada a la recuperación de las tradiciones populares de su comarca.
Su paso por Tomelloso fue una auténtica exhibición de riqueza etnográfica y musical. Los murcianos interpretaron una selección de Fandangos Populares de Yecla, la Jota de Murcia, la Jota de Tres, el espectacular Fandango de Bodas, el Baile de los Garrotes y las tradicionales Enredadas de Yecla.
Uno de los momentos más llamativos de la noche llegó precisamente con el Fandango de Bodas, una pieza en la que la bailadora mantiene un vaso de vino sobre la cabeza durante la interpretación, una tradición ligada a las antiguas celebraciones matrimoniales de la localidad.
“Este baile se bailaba en las bodas y la novia lo bailaba con un vaso de vino en la cabeza”, explicaron desde la agrupación antes de arrancar una de las ovaciones más sonoras de la noche.
La actuación sirvió también para mostrar la riqueza de una tierra fronteriza entre Murcia, La Mancha y el Levante, donde las influencias culturales han dado lugar a un patrimonio propio y singular.
Sesenta y un años siendo embajadores de Tomelloso
La noche avanzaba hacia su tramo final cuando llegó el turno del Grupo Folklórico Virgen de las Viñas, anfitrión del festival y una de las entidades culturales más representativas de la ciudad.
Con 61 años de historia a sus espaldas, la agrupación volvió a demostrar por qué se ha convertido en una referencia dentro del folclore regional y en uno de los mejores embajadores culturales de Tomelloso.
Su actuación incluyó la Jota del Candil, la Jota del Lugar, las Seguidillas Manchegas de Tomelloso y, para cerrar la velada, la inconfundible Jota Rabiosa de Tomelloso, una pieza que forma parte del ADN cultural de la ciudad.
Detrás de cada baile y cada interpretación hay décadas de trabajo, investigación, recuperación de repertorios y formación de nuevas generaciones. Una labor silenciosa que permite que estas tradiciones sigan formando parte de la vida cultural tomellosera.
Cuando la lluvia quiso sumarse al espectáculo
Apenas faltaban unos veinte minutos para el final cuando el cielo comenzó a transformarse.
La noche, hasta entonces tranquila, empezó a llenarse de nubes amenazantes. A lo lejos se dejaron ver algunos relámpagos y una ligera llovizna comenzó a caer sobre la Plaza de España.
Parte del público optó por refugiarse bajo los soportales y los edificios cercanos. Otros decidieron permanecer en sus asientos.
Y sobre el escenario, los integrantes del Grupo Folklórico Virgen de las Viñas siguieron bailando.
La lluvia nunca llegó a convertirse en protagonista. Apenas un chispeo pasajero. Lo suficiente para dejar una de las imágenes más bonitas y simbólicas de la noche: músicos, bailadores y espectadores resistiendo juntos mientras las últimas jotas seguían sonando en el corazón de Tomelloso.
“Gracias por aguantar el chaparrón, nunca mejor dicho”, agradecieron al término de una actuación que el público quiso acompañar hasta el final.















