Ninguna se llama Roberta. Esa sigue siendo la mejor presentación posible para una banda que lleva quince años construyendo un nombre propio sin que nadie del grupo lo lleve.
Las Robertas son Mercedes Oller —guitarra y voz—, Fabrizio Durán —batería— y Russell Sánchez —guitarra—, y vienen de San José, Costa Rica. Ni de Manchester, ni de Londres, ni de Los Ángeles. Eso importa más de lo que parece.
Formadas en 2009, llevan cinco discos y dos EP trazando un mapa sonoro que bebe directamente del mejor rock alternativo de los noventa: My Bloody Valentine, Slowdive, Ride, Lush y Chapterhouse, por el lado británico del shoegaze; The Brian Jonestown Massacre y Primal Scream, por el lado más psicodélico; y The Charlatans, por el Manchester de finales de los ochenta.
Todo ello, filtrado por una sensibilidad pop que nunca les permite perder la melodía, que, a juicio de quien os escribe, es la parte más reconocible de la banda: melodías densas, pero frescas como un chapuzón en los picopatos.
Atmósferas densas, saturadas, construidas desde dentro hacia fuera. Y, sin embargo, siempre hay luz al fondo. Ese equilibrio es lo más difícil de conseguir y lo que Las Robertas llevan quince años dominando.
¿Alguien pensó en Pearl Jam? La pregunta tiene sentido porque lo que percibes al escucharlas —esa densidad luminosa, esa saturación que, en lugar de asfixiar, abre— conecta con esa tradición del rock de Seattle más que con el shoegaze británico puro. No es una influencia declarada, pero el parentesco está ahí: la dinámica de construir tensión y liberarla dentro de una misma canción, de bajar y subir la intensidad en el momento exacto, es algo que comparten con Smashing Pumpkins o Soundgarden tanto como con Slowdive.
El rock noventero norteamericano está en su ADN, aunque no aparezca en la lista de referencias. Lo notas porque lo notas.
All We Need Is Now —Kanine Records / Spinda Records, 26 de junio de 2026— es su quinto álbum y el primero editado en España por Spinda Records, lo que significa que, por fin, cuentan con una distribución seria a este lado del charco. Son nueve canciones grabadas en San José por Adrián Poveda y mezcladas en Buenos Aires por Estanislao López, con una portada diseñada por la artista costarricense Juliana Quesada que incluye una mariposa Morpho azul —esas criaturas que viven poco y aprovechan cada día como si fuera el último— y una edición en vinilo verde menta. Todo el concepto del disco está ya en esa imagen.
Porque All We Need Is Now habla exactamente de eso: de aprender a vivir en el presente, de soltar el resentimiento y el peso del pasado, de buscar una versión más consciente de uno mismo. Un disco de sanación, dicen ellos. Y lo dicen sin cursilerías, porque el sonido nunca pierde la garra.
Everything I Wanted to Be abre con esa combinación de guitarras intensas y batería que remite al Manchester de finales de los ochenta: pop y fuerza en una misma sacudida. Like a Flower es el momento shoegaze más melódico y delicado del disco. Running Free sorprende con un toque bailongo que no esperas. Chained Sadness se vuelve más oscura hacia el final, pero una sección rítmica muy animada la rescata. Y Live and Let Live, el corte más largo, con más de seis minutos, cierra el álbum como un epílogo que no quieres que termine.

Han tocado en Coachella, en Primavera Sound, en SXSW y en Rock al Parque. Han abierto para Pearl Jam y Warpaint. Llevan quince años haciéndolo en silencio, sin que los medios hablen demasiado de ellas, sin el ruido que a veces rodea a bandas mucho menos interesantes.
All We Need Is Now es el disco que puede cambiar eso. O no. Y da la sensación de que a Las Robertas les importa bastante poco en cualquiera de los dos casos.

