Emilia Pardo Bazán —la escritora— fue toda su vida una adelantada a su tiempo: incómoda, difícil de clasificar, imposible de ignorar. Emilia, Pardo y Bazán —la banda— viene con el mismo espíritu. El nombre no es casualidad. Es una declaración de intenciones.
El quinteto de Talavera de la Reina nació en de 2018 en la puerta de un cine, que ya es un origen con mucho simbolismo para un grupo que hace canciones tan cinematográficas. Sergio Sanguino (voz y letras), Paula García (bajo y coros), Ada Martínez (batería y coros), Pepe Sánchez (guitarra y teclados) y Carmen Giménez (teclados y coros) llevan tres discos construyendo un universo propio que no encaja en ninguna etiqueta cómoda. Pop-rock alternativo, guitarras distorsionadas, ecos de rock noventero, electrónica cuando les da la gana y —esto es lo que los hace únicos— un compás que de vez en cuando te suena a un fandango o una seguidilla sin que puedas explicar bien por qué. La raíz folclórica está ahí, soterrada, sin que nadie la anuncie.
Sus letras retratan un universo de relaciones personales, sentimentales las más de las veces, que suelen terminar en fracaso. Tratan de forma directa y natural el sexo, el alcohol o las drogas sin miedo a caer en ningún cliché, sin moraleja al final, sin red de seguridad. Lo cotidiano elevado a poesía sin que se note el esfuerzo. Eso es lo más difícil.
"Títulos largos para canciones cortas. Esa es la máxima de Mushroom Pillow, el sello que los edita. Y también, sin quererlo, la mejor descripción posible de lo que hace esta banda: mucho dentro de poco."
Acaban de publicar su tercer álbum, «Qué ha sido de los planes que hicimos anoche cuando estábamos borrachos» (Mushroom Pillow, 15 de mayo de 2026), producido por Guille Mostaza y grabado casi en directo en El Álamo. El título lo pronuncia Gary Oldman en «Parthenope», la última película de Paolo Sorrentino, y es de esas frases que te persiguen más de una mañana de resaca. La propia banda lo explica mejor que nadie: «Hagamos lo de siempre, pero hagámoslo como nunca.»
Diez canciones engarzadas como los eslabones de una pulsera, donde las estrofas y sus melodías se entrelazan formando un trabajo completo y accesible desde la primera escucha, pero que deja sus huecos para ir descubriéndolos en posteriores —y sucesivas— escuchas. Las canciones fueron compuestas en un tiempo breve, con cierta continuidad, lo que confiere al álbum un aire de una sola canción que transita de un sitio a otro. Un disco de claroscuros que se parece, dicen ellos, «bastante a la vida.»
Y luego está el atrevimiento. En «La Vera (Ghost)» samplea el «Unchained Melody» de los Righteous Brothers, la BSO de Ghost, sin pedir permiso ni disculpas. Lo cogen, lo tuercen, lo hacen suyo. Y funciona porque en Emilia, Pardo y Bazán nada suena a capricho: todo tiene un porqué emocional.

Por destacar algunos cortes: «San Juan», «La Vera (Ghost)», «Culito» o «Mariposas» son los que más han enganchado a quien os escribe. Pero lo que de verdad diferencia a este disco —y a esta banda— es la capacidad de Sergio Sanguino para escribir estrofas que te clavan algo sin que sepas exactamente cómo. «No es que esté llorando, se me ha metido un recuerdo en los ojos.» «No sé ser yo sin ser nosotros.» Eso es de «Tú tan rubia y yo tan tonto». O el arranque de «Culito»: «Alguien que entienda que no soy solo un culito / que me escriba: nene, te necesito.» Directos, personales, sin rima forzada, sin pose. Letras que describen sin explicar, que trasladan sin subrayar.
Tres discos en cinco años. Una voz propia, inconfundible. Una banda que hace música desde la periferia —geográfica y estilística— sin miedo a equivocarse y sin necesidad de agradar a nadie que no sean ellos mismos. Si aún no los conoces, este es el momento. Si ya los conocías, sabes perfectamente de lo que estamos hablando.
PRÓXIMAS CITAS
El Vid Festival, Daimiel , sábado 6 de junio a las 17:00 horas en el recinto ferial.
