Las Tablas de Daimiel vuelven a mostrar este año una de sus caras más vivas. El censo de aves nidificantes realizado en el Parque Nacional deja un buen balance de reproducción, con máximos históricos para algunas especies y la recuperación de otras que llevaban varios años sin criar en este espacio protegido.
Uno de los datos más destacados corresponde al pato colorado. La estimación se sitúa entre 1.600 y 1.700 parejas reproductoras, por encima del resultado del pasado año y como mejor registro de toda la serie histórica iniciada en 1980.
El director del Parque Nacional, Carlos Ruiz de la Hermosa, ha explicado que el seguimiento divide el espacio protegido en siete sectores, que son censados mensualmente. La metodología limita las entradas en barco para evitar molestias excesivas a la fauna.
Los resultados, además, deben entenderse como «censos de mínimos», ya que el propio método de seguimiento y la intensidad mensual de los muestreos hacen que no siempre sea posible localizar todos los ejemplares presentes.
Entre las especies más habituales, el porrón europeo ha alcanzado al menos 400 parejas. Son menos que el año pasado, aunque el registro continúa entre los mejores de las dos últimas décadas. El ánade friso, por su parte, prácticamente ha duplicado su cifra anterior, con entre 220 y 240 parejas.
La focha común también ha protagonizado un «gran año de reproducción», con una estimación de entre 1.500 y 1.700 parejas.
Buenas cifras entre las especies amenazadas
El seguimiento de especies amenazadas deja igualmente algunos resultados significativos. El porrón pardo mantiene entre 28 y 32 parejas y se han observado unos 30 pollos distribuidos en seis polladas.
Especialmente destacado es el comportamiento de la malvasía, que alcanza al menos 60 parejas y 154 pollos en 48 polladas. Se trata del segundo mejor dato registrado desde 1980.
La cerceta pardilla cuenta con entre 12 y 15 parejas, aunque durante los censos no se han observado pollos. Este año tampoco se ha detectado ningún ejemplar de focha moruna.
Entre las garzas, la garza imperial prácticamente duplica el resultado del año pasado, con entre 100 y 110 parejas, uno de los mejores registros de la serie. La garceta grande marca directamente su máximo histórico, con entre 75 y 80 parejas.
También consolida su presencia la garcilla cangrejera, con entre 12 y 15 parejas, mientras que el martinete recupera una colonia importante en la isleta de los Gambetas, donde se han contabilizado unas 40 parejas.
En el parque se estima igualmente la presencia de entre 10 y 12 parejas de avetorillo. En el caso del avetoro se han producido un par de indicios de escucha, aunque no son suficientemente sólidos para confirmar su presencia.
El bigotudo vuelve a reproducirse en el parque

El balance deja otras noticias positivas más allá de las aves acuáticas. El bigotudo ha vuelto a reproducirse en Las Tablas de Daimiel después de varios años, con una estimación de entre diez y doce parejas y presencia de ejemplares juveniles.
También mejora el escribano palustre iberoriental, con 23 observaciones, cuatro más que el pasado año.
Las espátulas alcanzan igualmente su mejor dato de la serie histórica, con entre 17 y 20 parejas y alrededor de 30 pollos observados. En cuanto al somormujo lavanco, se han registrado entre 360 y 400 parejas, su segundo mejor resultado histórico.
No todas las especies han mejorado sus cifras. El zampullín cuellinegro baja hasta las 280-290 parejas respecto al año anterior y el fumarel cariblanco se sitúa entre 500 y 550. Los flamencos tampoco han criado este año en el parque.
Ruiz de la Hermosa resume los resultados como «un buen año de nidificantes» y destaca la importancia de mantener inundados los tablazos centrales por lo que supone para la biodiversidad de Las Tablas y, especialmente, para la conservación de las especies amenazadas.



