Los nombres propios de la Fiesta de las Letras de Tomelloso

Nueve creadores, nueve legados y una misma historia cultural escrita desde Tomelloso.

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Hay nombres que, a fuerza de repetirse cada año, terminan formando parte del paisaje. Se pronuncian al presentar un premio, aparecen impresos en las bases de un certamen, se escuchan durante una gala y, poco a poco, corremos el riesgo de olvidar que detrás de cada uno hubo una vida, una vocación, una obra y, en muchos casos, una relación muy estrecha con Tomelloso.

Eso ocurre en la Fiesta de las Letras, donde los nombres de sus premios componen algo parecido a un árbol genealógico de la cultura tomellosera. Es muy probable que una gran mayoría de tomelloseros menores de 40 años desconozca los orígenes de estos títulos, por eso es importante preservarlos en la memoria colectiva. Francisco García Pavón, Eladio Cabañero, José Antonio Torres, Ángel López Martínez, Félix Grande, Juan Torres Grueso, Antonio López García, Francisco Carretero y José Luis Cabañas no forman una simple lista de homenajeados. Leídos uno detrás de otro, cuentan casi un siglo de literatura, pintura, periodismo, poesía y humor gráfico.

Estos ilustres personajes estaban muy enraizados en su tierra, no solo de forma emocional, sino también porque su obra emanaba directamente de su cultura social y geográfica. Por eso estos nombres cuentan además algo más profundo: la historia de una ciudad que hizo compatible el trabajo de la tierra con los libros, las viñas con la poesía, las cuevas y las chimeneas con los pinceles, los periódicos, las tertulias y las bibliotecas.

Porque para entender verdaderamente la Fiesta de las Letras quizá haya que empezar por una pregunta muy sencilla: ¿quiénes son las personas que dan nombre a sus premios?

Francisco García Pavón, el hombre que convirtió Tomelloso en territorio literario

Los nombres propios de la Fiesta de las Letras de Tomelloso

Si hubiera que buscar una figura capaz de explicar por sí sola buena parte de la relación entre Tomelloso y la literatura del siglo XX, resultaría difícil no comenzar por Francisco García Pavón.

Nació en Tomelloso en 1919 y murió en Madrid en 1989. Fue profesor, crítico teatral, ensayista, narrador y hombre de una curiosidad cultural extraordinaria, pero para millones de lectores su nombre quedó unido para siempre al de Manuel González, Plinio, el jefe de la Guardia Municipal tomellosera convertido en investigador de crímenes y misterios.

Con Plinio ocurrió algo maravilloso: Tomelloso dejó de ser solamente un lugar de La Mancha para convertirse también en un territorio literario. Sus calles, sus comercios, sus gentes, sus maneras de hablar y hasta esa particular filosofía cotidiana de los pueblos manchegos entraron en la novela policíaca española. García Pavón consiguió que un lector de Madrid, Barcelona o cualquier otro punto del país pudiera recorrer imaginariamente Tomelloso siguiendo las pesquisas de aquel guardia municipal acompañado por el inolvidable don Lotario.

No es casualidad, por tanto, que hoy exista un Premio de Novela Policíaca Francisco García Pavón.

Pero su relación con la Fiesta de las Letras fue todavía más profunda. García Pavón estuvo entre quienes contribuyeron decisivamente a levantar y consolidar el certamen durante sus primeros años. Desde la Biblioteca Municipal y desde el ambiente cultural de aquel Tomelloso de mediados del siglo XX participó en una aventura que pretendía algo casi insólito: convertir durante unos días a una localidad agrícola manchega en punto de encuentro para escritores y artistas.

Cuando marchó definitivamente a Madrid en 1956 tampoco rompió aquel vínculo. Sus relaciones con el mundo editorial, el teatro y los círculos literarios de la capital sirvieron para proyectar el nombre del certamen.

Podría decirse que García Pavón llevó Tomelloso a la literatura española y, al mismo tiempo, ayudó a traer la literatura española hasta Tomelloso. Fue, además, uno de los narradores más singulares de la literatura española del siglo XX.

Eladio Cabañero, poesía nacida de la tierra

Los nombres propios de la Fiesta de las Letras de Tomelloso

Hay biografías que parecen escritas para explicar el espíritu de un lugar. La de Eladio Cabañero es una de ellas.

Nació en Tomelloso en 1930 y, antes de convertirse en uno de los poetas destacados de su generación, conoció el trabajo del campo y la albañilería. Fue esencialmente autodidacta. Leyó, escribió y fue construyendo una voz poética mientras alrededor se extendía ese horizonte manchego donde la tierra parece no terminar nunca.

En 1956 marchó a Madrid. Trabajó durante años en la Biblioteca Nacional, pasó por la editorial Taurus y llegó a ser redactor jefe de publicaciones tan relevantes como La Estafeta Literaria y Nueva Estafeta. Su trayectoria terminó llevando muy lejos a aquel muchacho de Tomelloso. Publicó libros como Desde el sol y la anchura, Una señal de amor, Recordatorio o Marisa Sabia y otros poemas, y recibió reconocimientos como un accésit del Premio Adonais, el Premio Nacional de Literatura y el Premio de la Crítica.

Pero nunca desapareció del todo aquella primera geografía.

En su poesía permanece la tierra, la memoria, el trabajo, la condición humana. Tal vez por eso su nombre encaja de una manera especialmente hermosa en el gran premio de poesía de la Fiesta: el Premio Eladio Cabañero.

También él estuvo ligado a los primeros pasos del certamen. Fue uno de sus impulsores desde los orígenes y Tomelloso terminó concediéndole la Medalla de Oro y dedicándole, en el año 2000, la 50.ª edición de la Fiesta de las Letras.

Su historia, al igual que la de algunos de nuestros protagonistas, demuestra que ciertos tópicos sobre la creación artística se pueden romper, y de hecho se rompen más a menudo de lo que creemos, porque en el caso de Eladio Cabañero la poesía también podía nacer entre jornales, polvo, ladrillos y surcos.

José Antonio Torres, el hombre escondido detrás del premio más veterano

Casi siempre, en el certamen, aparece un pequeño misterio año tras año. El Premio de Poesía José Antonio Torres es considerado por el propio Ayuntamiento como el premio decano del certamen. Su nombre lleva décadas pronunciándose dentro de la Fiesta de las Letras y, sin embargo, hoy resulta sorprendentemente difícil responder a una pregunta elemental: ¿quién fue exactamente José Antonio Torres?

Mientras de García Pavón, Cabañero, Grande o Torres Grueso conservamos biografías bastante bien documentadas, José Antonio Torres permanece casi escondido entre los papeles de aquella generación. No obstante, hay algunas huellas, y algunas son extraordinariamente sugerentes.

En el folleto Tomelloso en su Feria de 1954, dirigido por Francisco García Pavón, aparece un texto suyo titulado “Katia”. Lo acompañaban ilustraciones de dos artistas cuyos nombres acabarían siendo enormes: Antonio López Torres y Antonio López García.

También aparece vinculado a los jurados de la Fiesta durante aquellos años cincuenta, compartiendo espacio cultural con García Pavón, Juan Torres Grueso o Eladio Cabañero. Es decir, José Antonio Torres estaba allí y formaba parte de aquel pequeño ecosistema de escritores, artistas y agitadores culturales que ayudaron a construir una de las etapas más fascinantes de la cultura tomellosera.

Quizá por eso su caso merece algo distinto a rellenar apresuradamente una ficha biográfica. Merece que volvamos a los archivos, que abramos programas antiguos, releamos periódicos, busquemos fotografías y preguntemos.

Porque también eso forma parte del patrimonio: rescatar del olvido a quienes un día fueron suficientemente importantes como para dejar su nombre unido para siempre a un premio literario y, sobre todo, volver a leer su obra.

Ángel López Martínez, la voz que el tiempo fue apagando

Al igual que en el caso anterior, Ángel López Martínez merece que volvamos a revisar una obra injustamente desconocida.

Nació en Tomelloso en 1936 y murió prematuramente en Valladolid en 1978. Hermano del también escritor José López Martínez, desarrolló buena parte de su vida adulta en Madrid, colaborando con revistas españolas e hispanoamericanas y también con el diario Lanza.

Participó en círculos literarios como el grupo Síntesis o el grupo Juan Alcaide de la Casa de La Mancha en Madrid. En 1976 publicó Ciudad del hombre, uno de los títulos fundamentales para acercarse a su obra.

Su poesía mira hacia la tierra natal, pero también hacia la infancia de posguerra, la soledad, la memoria y ese desasosiego que acompaña tantas veces a la poesía verdaderamente íntima.

Murió joven y, con el tiempo, su figura fue quedando en una zona de penumbra. Precisamente por eso tiene especial sentido que el Premio Local de Poesía Ángel López Martínez mantenga vivo su nombre. Antes de convertirse en el nombre de un premio, Ángel López Martínez fue un poeta que intentó comprender el mundo escribiendo.

Félix Grande, de lector en la biblioteca a maestro de las letras

Los nombres propios de la Fiesta de las Letras de Tomelloso

La vida de Félix Grande contiene una de las historias más bonitas vinculadas con la Fiesta. Por circunstancias de la Guerra Civil, nació en Mérida en 1937, pero su familia era de Tomelloso y aquí transcurrieron su infancia, adolescencia y primera juventud.

Al igual que en el caso de Eladio Cabañero, antes de vivir de la literatura hizo casi de todo: fue pastor, dependiente, oficinista y carpintero. Y mientras trabajaba, leía.

La Biblioteca Municipal de Tomelloso fue uno de los lugares decisivos de aquella formación. Allí se cruzó con dos nombres fundamentales: Francisco García Pavón y Eladio Cabañero, que fueron la espoleta que impulsó a aquel joven curioso y desesperadamente hambriento de conocimientos.

La historia posterior es conocida. Félix Grande ganó el Premio Adonais con Las piedras, obtuvo el Premio Casa de las Américas por Blanco Spirituals, recibió el Premio Nacional de Poesía y culminó una trayectoria extraordinaria con el Premio Nacional de las Letras Españolas en 2004.

Fue además uno de los grandes escritores y estudiosos del flamenco, un territorio cultural que abordó con la misma pasión con la que escribió poesía y narrativa. Está considerado uno de sus grandes estudiosos y divulgadores.

Pero hay un detalle especialmente hermoso cuando se contempla su vida desde Tomelloso. Félix Grande conoció la Fiesta de las Letras desde abajo: fue concursante y fue premiado, consiguiendo la Flor Natural en 1961.

Años después regresó convertido en una de las figuras más importantes de las letras españolas para ejercer como mantenedor de aquella misma Fiesta en 1981, año en que precisamente nació el Premio Local de Narraciones Félix Grande. Y en 1988 volvió nuevamente a ejercer como mantenedor.

Juan Torres Grueso, escribir desde Tomelloso y para Tomelloso

Los nombres propios de la Fiesta de las Letras de Tomelloso

Juan Torres Grueso nació en Tomelloso en 1912 y fue muchas cosas a la vez: agricultor, poeta, periodista, hombre vinculado a la vida pública y, durante un periodo, alcalde de la ciudad. Su formación, como ocurrió con varios de los nombres de esta historia, fue en buena medida autodidacta.

En 1955 publicó Tierra Seca, título que ya parece contener en dos palabras una geografía entera. Su amistad con el poeta José García Nieto resultó fundamental para aquella publicación.

Pero Torres Grueso no se limitó a la poesía. Escribió abundantemente en prensa, colaboró con Lanza y La Voz de Albacete y, posteriormente, con cabeceras nacionales como Arriba, Blanco y Negro y ABC. Parte de aquella obra periodística quedó recogida en Estampas de mi tiempo.

También promovió las célebres reuniones literarias de La Colgada, en Ruidera, uno de esos episodios que ayudan a imaginar la intensidad cultural de una generación para la que escribir, conversar y debatir sobre literatura eran casi formas de vida.

Entre 1967 y 1969 fue alcalde de Tomelloso. Desde 1997, el certamen de artículos periodísticos de la Fiesta lleva su nombre.

Y vuelve a repetirse el hilo conductor: Juan Torres Grueso no es una figura añadida posteriormente al relato, sino que formó parte de él. Junto a García Pavón y Eladio Cabañero contribuyó a impulsar y promocionar la Fiesta.

Francisco Carretero, pintar La Mancha después de haberla trabajado

Los nombres propios de la Fiesta de las Letras de Tomelloso

Mucho antes de que Tomelloso exportara algunos de sus grandes nombres de la pintura contemporánea, Francisco Carretero Cepeda había aprendido a mirar el paisaje manchego de una manera diferente.

Nació en 1879 en una familia modesta de agricultores y, como muchos otros de esta lista, fue esencialmente autodidacta. Durante buena parte de su vida compaginó la pintura con la agricultura, el comercio y la actividad municipal, llegando incluso a ejercer como alcalde de Tomelloso en diferentes periodos.

Tal vez por eso sus paisajes tienen algo que no siempre puede aprenderse en una academia. Carretero no observaba únicamente la tierra: la conocía. Conocía sus colores, sus estaciones, su luz abrasadora, su superficie, las viñas, los caminos y esa transformación constante que experimenta el campo manchego a lo largo del año.

Pero fue más allá, intentando buscar una forma de contarlo que trascendiera el naturalismo y enlazara con un lenguaje de raíz expresionista. Ese lenguaje fue desarrollándolo especialmente después de la Guerra Civil, con una pincelada cada vez más personal, un color poderoso y una gran libertad, conectando desde su pequeño reducto manchego con algunas de las búsquedas plásticas de las vanguardias europeas.

Recibió, entre otros reconocimientos, el Premio Montevideo de la Bienal Hispanoamericana de Artes de 1954 y fue nombrado Hijo Predilecto de Tomelloso en 1952.

Murió en 1962 dejando parte de su obra a su ciudad.

Hoy el Premio de Dibujo Francisco Carretero mantiene viva su memoria. Y existe una pequeña imagen que parece reunir todo este relato: en aquel Tomelloso en su Feria de 1954 dirigido por García Pavón, un dibujo de Francisco Carretero ilustraba un relato de María Beneyto.

Antonio López García, de Tomelloso al gran realismo contemporáneo

Hay nombres que necesitan poca presentación. Antonio López García, nacido en Tomelloso en 1936, pertenece desde hace décadas a la primera línea del arte español contemporáneo.

Pero antes de los grandes museos, los premios y el reconocimiento internacional estuvo Tomelloso. Aquí comenzó a dibujar guiado por su tío, Antonio López Torres. En 1949 marchó a Madrid para preparar su ingreso en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde estudió entre 1950 y 1955.

Después regresó, y ese regreso importa.

En Tomelloso preparó su primera exposición individual, inaugurada en el Ateneo de Madrid en 1957. Durante aquellos años vivió entre el pueblo y la capital, mientras casas, habitaciones, personas, objetos cotidianos y paisajes cercanos fueron entrando en una obra que, en sus primeras etapas, incorporó también elementos simbólicos y surrealistas antes de avanzar hacia ese realismo minucioso y profundamente personal que terminaría alcanzando una dimensión universal.

Llegarían después el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1985, el ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Premio Velázquez de las Artes Plásticas en 2006, entre muchos otros reconocimientos.

Pero en la Fiesta de las Letras ocurre algo singular: Antonio López no pertenece únicamente a la memoria, sino que sigue formando parte del presente.

El Fondo de Adquisición que lleva su nombre permite incorporar nuevas obras al patrimonio municipal y el propio artista continúa vinculado a los certámenes como miembro del jurado de pintura y dibujo.

De todos los nombres que recorren esta historia es el único que puede contemplar todavía cómo nuevas generaciones de artistas concurren a un premio que lleva su nombre.

Hay algo profundamente hermoso en ello.

José Luis Cabañas, cuando la cultura también aprende a reírse

Los nombres propios de la Fiesta de las Letras de Tomelloso

La incorporación más reciente a esta particular genealogía cultural es José Luis Cabañas Onsurbe.

Nació en Tomelloso en 1947 y murió en 2019. Diseñador, ilustrador y humorista gráfico, desarrolló una amplísima carrera ligada a la prensa, la publicidad y el mundo editorial. Sus trabajos aparecieron en publicaciones como La Codorniz, Blanco y Negro, ABC, El País, Cambio 16, Tiempo, El Jueves o Le Figaro Magazine.

En La Codorniz coincidió, curiosamente, con otro tomellosero de esta historia: Francisco García Pavón.

El dibujo de Cabañas podía provocar una sonrisa, pero rara vez era inocente. Su humor dirigía la mirada hacia la política, las libertades, los problemas sociales o el medio ambiente. Como ocurre con el mejor humor gráfico, debajo del chiste había casi siempre una pregunta.

Siempre reconoció también la influencia que en él ejerció el gran Antonio Mingote.

En 2025, la Fiesta de las Letras incorporó el Certamen José Luis Cabañas de Humor Gráfico. Ese gesto amplía además el significado de la propia Fiesta. Las letras ya no están solas: a su alrededor conviven pintura, dibujo, periodismo y ahora también esa forma tan particular de contar la realidad que consiste en condensar una idea completa en unas pocas líneas de tinta.

Su legado está siendo inventariado y digitalizado para que tenga presencia permanente en la que será la Casa de las Artes y las Letras de nuestra ciudad.

Cabañas representa así el extremo más contemporáneo de una historia que comenzó muchas décadas antes.

Nueve nombres, pero una sola historia

Vistos por separado son nueve biografías, pero vistos juntos son otra cosa: son un mapa cultural de Tomelloso.

Francisco Carretero nació en el siglo XIX y aprendió a pintar mientras permanecía ligado al campo. García Pavón convirtió la ciudad en literatura. Juan Torres Grueso hizo convivir poesía, periodismo, agricultura y vida pública. Eladio Cabañero llevó hasta la gran poesía española una sensibilidad nacida entre trabajadores y paisajes manchegos.

Félix Grande pasó de leer en la Biblioteca Municipal y presentarse a los certámenes de la Fiesta a recibir el Premio Nacional de las Letras. Ángel López Martínez dejó una obra que todavía merece ser recuperada. Antonio López García convirtió la mirada paciente sobre las cosas cotidianas en una de las cumbres del realismo contemporáneo. José Luis Cabañas añadió a la tradición cultural tomellosera la ironía y el humor gráfico.

Y en medio permanece José Antonio Torres, casi como un personaje de una investigación de García Pavón, esperando todavía que los archivos terminen de devolvernos su historia.

Quizá ahí esté precisamente la grandeza de la Fiesta de las Letras.

Sus premios no llevan nombres escogidos al azar ni únicamente nombres ilustres colocados después sobre un pedestal. Llevan los nombres de personas que escribieron, pintaron, participaron, concursaron, organizaron, alentaron y ayudaron a crear el ambiente cultural del que la propia Fiesta nació.

Algunos estuvieron en sus jurados. Otros ganaron sus premios. Algunos ayudaron a consolidarla; otros regresaron años después convertidos en escritores consagrados.

Por eso, cuando cada verano se pronuncian nuevamente sus nombres, no se está leyendo solamente la denominación oficial de nueve galardones. Se está convocando, aunque sea por unos segundos, a varias generaciones de creadores.

Y acaso esa sea una de las imágenes más hermosas que deja la Fiesta de las Letras: mientras fuera continúa extendiéndose la llanura manchega, con sus viñas, su luz dura y sus horizontes interminables, dentro de Tomelloso sigue celebrándose aquella vieja certeza que tantos de ellos demostraron con su vida: que de una tierra aparentemente silenciosa pueden brotar algunas de las voces, las miradas y las historias más poderosas.

Jesús Benito - Manuel Buendía
Jesús Benito - Manuel Buendía
Persona inquieta y multidisciplinar. Artista plástico, profesor de dibujo y acuarela, diseñador, gastrónomo, y escritor aficionado. Ha publicado en distintos medios digitales varios relatos, también ha publicado un libro de microrrelatos junto a Carlos Naranjo, y está trabajando en varios proyectos editoriales.

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