Greenpeace ha reclamado a los municipios afectados por grandes incendios forestales, incluidos los de Castilla-La Mancha, que comiencen a preparar actuaciones de emergencia para proteger los terrenos quemados antes de la llegada de lluvias intensas.
La organización ecologista advierte de que el peligro no desaparece con la extinción del incendio. Las precipitaciones sobre las superficies calcinadas pueden arrastrar cenizas, tierra y otros contaminantes hacia ríos, embalses y acuíferos, con posibles consecuencias para la calidad del agua, los ecosistemas y el abastecimiento de los municipios.
Por ello, Greenpeace considera especialmente importante intervenir durante las primeras semanas posteriores al fuego, cuando los terrenos han perdido buena parte de la protección que ofrecía la vegetación.
Evitar que las lluvias arrastren el suelo quemado
Entre las actuaciones que propone se encuentra la aplicación de acolchados sobre el terreno y la instalación de fajinas, diques y barreras realizadas con troncos y ramas. Estas medidas buscan reducir la erosión y retener los sedimentos antes de que sean arrastrados por el agua.
Las intervenciones deberían concentrarse especialmente en las laderas y terrenos con fuertes pendientes, donde el riesgo de pérdida de suelo es mayor.
“Es imprescindible una respuesta inmediata y especializada que actúe en las primeras semanas tras el incendio”, ha señalado la responsable de la campaña de incendios de Greenpeace, Mónica Parrilla, quien ha advertido de que las primeras lluvias intensas concentran el mayor peligro de erosión y arrastre de cenizas.
La organización reclama además protocolos de respuesta rápida y coordinación entre las comunidades autónomas y el Gobierno central para localizar las zonas más vulnerables y ejecutar las actuaciones necesarias antes de que lleguen precipitaciones intensas.



