No estudiar y no trabajar. Esa es la situación en la que se encuentran los conocidos como jóvenes «ninis», un término que hace referencia a las personas de entre 15 y 24 años que no tienen empleo y tampoco están cursando estudios o formación. A diferencia de quienes están desempleados y buscan trabajo de forma activa, dentro de este grupo también se incluyen jóvenes inactivos que pueden no estar buscando empleo por diferentes circunstancias personales, familiares o sociales. Para esta clasificación se considera «nini» a quien no estaba trabajando ni había participado en actividades educativas o formativas durante las cuatro semanas anteriores a la Encuesta de Población Activa (EPA).
En Castilla-La Mancha, esta realidad afecta a un porcentaje de jóvenes superior al conjunto del país. Los últimos datos del Observatorio de la Formación Profesional de CaixaBank, actualizados en junio de 2026 con información correspondiente a 2025, sitúan la tasa regional de jóvenes «ninis» en el 10,32 %, frente al 9,42 % registrado de media en España.
En términos absolutos, la comunidad autónoma contabiliza 24.549 jóvenes en esta situación durante 2025. De ellos, 13.513 son hombres y 11.036 son mujeres. La cifra también supone un incremento respecto al año anterior, cuando el total ascendía a 23.683 jóvenes.
Uno de los cambios más llamativos respecto a ejercicios anteriores se observa en la distribución por sexos. En 2025, la tasa alcanza el 10,9 % entre los hombres y el 9,69 % entre las mujeres. Un año antes ocurría lo contrario: en 2024 había 12.843 mujeres «ninis», que representaban el 11,5 % del total femenino de esa franja de edad, mientras que entre los hombres eran 10.840, con una tasa del 8,95 %.
A nivel nacional, el número total de jóvenes de entre 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan asciende a 508.763 personas durante 2025.
Una evolución con altibajos
La evolución de este indicador en Castilla-La Mancha refleja un comportamiento irregular en los últimos años. En 2019, el porcentaje de jóvenes «ninis» alcanzaba el 12,22 %, lo que suponía 26.345 personas. En 2020 la cifra apenas varió y se situó en el 12,35 % (26.600 jóvenes).
A partir de ahí comenzó un descenso que llevó el indicador hasta el 10,04 % en 2021, con 21.769 jóvenes. En los años siguientes, el porcentaje se ha mantenido alrededor del 10 %, aunque con pequeñas oscilaciones: 10,72 % en 2022 (23.772 jóvenes), 9,37 % en 2023 (21.359), 10,17 % en 2024 (23.683) y 10,32 % en 2025, cuando se alcanzaron los actuales 24.549 jóvenes.
Un fenómeno con múltiples causas
Detrás de la realidad de los jóvenes «ninis» no existe una única explicación. Distintos estudios coinciden en que se trata de un fenómeno en el que influyen factores económicos, laborales, sociales y personales.
El informe Panorama de la Educación 2025. Indicadores de la OCDE apunta que una de las principales dificultades reside en la falta de oportunidades laborales y en el desajuste entre la formación que reciben muchos jóvenes y las competencias que demanda el mercado de trabajo. A ello se suma la existencia de mercados laborales duales, donde conviven empleos estables con otros marcados por la temporalidad y la precariedad, una situación que, según Marques y Salavisa (2017), aumenta el riesgo de que parte de la población joven quede al margen tanto del empleo como de la formación.
Las circunstancias personales también desempeñan un papel importante. Investigaciones como la de Rahmani y Groot (2023) señalan que problemas de salud física o mental, adicciones, situaciones de violencia o la falta de apoyo familiar y social pueden dificultar el regreso a los estudios o la incorporación al mercado laboral.
Además, diversos expertos recuerdan que no todos los jóvenes incluidos en esta estadística responden al mismo perfil. El sociólogo José Antonio Carabaña (2019) sostiene que la inactividad puede deberse a motivos muy diferentes, como el cuidado de familiares, problemas de salud, la preparación de oposiciones, proyectos de voluntariado, iniciativas artísticas, procesos de autoaprendizaje o incluso la realización de trabajos no declarados. Por ello, advierte de que la etiqueta «nini» agrupa realidades muy distintas y no siempre refleja falta de interés por estudiar o trabajar.
