Caraca, la ciudad romana que despierta a orillas del Tajo

En Driebes, un pequeño municipio de la Alcarria Baja, la arqueología está devolviendo a la luz una ciudad que permaneció durante siglos escondida bajo la tierra. Sus calles, sus termas, su foro y los restos de un extraordinario acueducto nos invitan a viajar casi dos mil años atrás, cuando este rincón de Guadalajara era un importante enclave de la Hispania romana

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Hay lugares donde la historia se contempla a través de grandes monumentos, de columnas que desafían al tiempo o de murallas que todavía parecen custodiar antiguas ciudades. Y hay otros donde la historia permanece más silenciosa, escondida bajo los campos, esperando pacientemente a que alguien vuelva a escucharla. Eso es precisamente lo que sucede en Caraca, la ciudad romana que está resurgiendo en las proximidades de Driebes, al suroeste de la provincia de Guadalajara.

Nuestro viaje nos conduce hasta la Alcarria Baja, una tierra de horizontes abiertos, suaves ondulaciones y paisajes donde los cultivos se alternan con los tonos ocres de los cerros. Aquí, el río Tajo dibuja uno de esos grandes meandros que parecen trazados con la paciencia de los siglos, mientras, sobre una elevación amesetada de unos 610 metros de altitud, el Cerro de la Virgen de la Muela conserva las huellas de una ciudad que conoció su mayor esplendor durante los siglos I y II después de Cristo.

La verdad es que cuesta imaginar, al contemplar hoy este paisaje tranquilo, que hace casi dos mil años aquí se levantaban edificios públicos, se abrían calles ordenadas, circulaban comerciantes y viajeros y los habitantes acudían a las termas para conversar, bañarse y participar de la vida social. Sin embargo, bajo esta tierra alcarreña se encontraba una auténtica ciudad romana, con una organización urbana mucho más compleja de lo que cabría sospechar a primera vista.

Y lo más emocionante es que ahora podemos acercarnos a conocerla.

Las últimas intervenciones arqueológicas han permitido acondicionar el yacimiento para su visita libre, incorporando señalización y paneles explicativos que ayudan a comprender los espacios descubiertos y a imaginar cómo pudo ser aquella ciudad desaparecida.

Un tesoro de plata que abrió las puertas del pasado

Pero para entender la historia de Caraca tenemos que retroceder hasta 1945.

Aquel año, durante las obras de canalización del canal de Estremera, junto al río Tajo, apareció un extraordinario conjunto de objetos de plata que pasaría a conocerse como el Tesoro de Driebes.

Aquel hallazgo, fechado a finales del siglo III antes de Cristo y vinculado al mundo carpetano, fue una primera señal de que estas tierras escondían algo importante. El conjunto, conservado actualmente en el Museo Arqueológico Nacional, hablaba de una ocupación muy anterior a la llegada de Roma y de unas comunidades que habían desarrollado aquí su vida, sus relaciones comerciales y sus propias manifestaciones culturales.

Porque Caraca no nació de la nada con los romanos. Su historia se hunde mucho más atrás, hasta la Edad del Bronce, y atraviesa diferentes etapas de ocupación que convierten este enclave en un auténtico libro abierto sobre el pasado de la Meseta.

Durante décadas, el tesoro fue uno de los principales testimonios de aquella antigua presencia humana. Sin embargo, las investigaciones arqueológicas desarrolladas especialmente durante la última década han cambiado por completo nuestra manera de entender este lugar.

Las prospecciones geofísicas, el uso del georradar y las sucesivas campañas de excavación han permitido reconocer la trama urbana de una ciudad que pudo alcanzar unas ocho hectáreas de extensión durante el Alto Imperio romano.

Y así, poco a poco, el nombre de Caraca ha vuelto a ocupar el lugar que le corresponde en la historia.

Caraca, la ciudad romana que despierta a orillas del Tajo

La ciudad que mencionaron los escritores de la Antigüedad

Lo curioso es que Caraca nunca había desaparecido del todo de las fuentes históricas.

Autores como Plutarco, Ptolomeo y el Anónimo de Rávena dejaron referencias a esta antigua ciudad, cuya localización exacta había sido objeto de investigación y debate.

Hoy, los descubrimientos realizados en Driebes permiten identificar este enclave con aquella Caraca carpetana y romana, situada junto a una importante vía de comunicación que enlazaba Cartago Nova, la actual Cartagena, con Complutum, la ciudad romana de Alcalá de Henares, pasando por el territorio de Segóbriga.

Y aquí encontramos una de las claves de su importancia.

Las calzadas romanas no eran solamente caminos. Eran auténticas arterias por las que circulaban mercancías, viajeros, soldados, noticias y formas de vida. A través de ellas se articulaba un territorio inmenso y se conectaban ciudades que compartían instituciones, costumbres y una manera de entender el mundo.

Caraca formaba parte de esa red.

Su situación, próxima al Tajo y vinculada a una ruta de comunicación relevante, contribuyó a su desarrollo. Las investigaciones apuntan, además, a que pudo alcanzar la promoción jurídica municipal durante la dinastía Flavia, en la segunda mitad del siglo I después de Cristo.

Estamos, por tanto, ante una ciudad que participó plenamente del proceso de romanización de la Meseta y que constituye uno de los testimonios más importantes del urbanismo romano descubiertos en la actual provincia de Guadalajara.

Paseando por las calles de una ciudad de hace dos mil años

Llegados a este punto, merece la pena detenerse un momento, contemplar el cerro y dejar trabajar a la imaginación.

Porque donde hoy vemos restos de cimentaciones, estructuras arqueológicas y terrenos abiertos, hace veinte siglos existía una ciudad organizada en calles y manzanas.

Los estudios realizados mediante georradar han permitido plantear una distribución urbana de 27 manzanas, articuladas mediante dos grandes ejes característicos del urbanismo romano: el cardo y el decumano.

Estas vías ordenaban la circulación y contribuían a estructurar los diferentes espacios de la ciudad.

Imaginemos por un instante el sonido de las sandalias sobre el pavimento, el movimiento de los animales de carga, las conversaciones entre vecinos o el ir y venir de quienes acudían a realizar sus negocios.

En el corazón de aquella ciudad se encontraba el foro, el gran espacio público donde se concentraban buena parte de las actividades políticas, administrativas, comerciales y sociales.

El foro era mucho más que una plaza. Era el escenario cotidiano de la vida ciudadana, el lugar donde se tomaban decisiones, se cerraban acuerdos y se manifestaba el poder de Roma.

En Caraca, las excavaciones han identificado estructuras especialmente interesantes. Al este del foro se localiza un edificio de dos alturas que albergaba en su planta inferior una taberna, un establecimiento comercial, mientras que la superior habría tenido una función pública.

En el lado sur se han encontrado restos de un pórtico perteneciente a un edificio de notables dimensiones que pudo corresponder a una basílica.

Y conviene recordar que las basílicas romanas no eran originalmente templos cristianos, sino grandes edificios civiles utilizados para la administración de justicia y otras actividades públicas.

Todo ello nos habla de una ciudad con una vida institucional organizada, integrada en las costumbres y estructuras del mundo romano.

Las termas, donde el agua también contaba historias

Caraca, la ciudad romana que despierta a orillas del Tajo
Termas públicas de Caraca, reconstruidas en base a los resultados de la campaña de excavación de 2018 (Daniel Méndez).

Uno de los espacios más sugerentes de Caraca es, sin duda, el de sus termas públicas.

Los restos descubiertos permiten conocer un complejo de aproximadamente 900 metros cuadrados, construido durante la segunda mitad del siglo I después de Cristo.

Y es que, para los romanos, acudir a las termas era mucho más que una cuestión de higiene. Era una costumbre profundamente arraigada, una manera de encontrarse con los demás, conversar, descansar y participar en la vida social.

Podemos imaginar el murmullo del agua, las conversaciones que resonaban entre los muros, los vapores de las salas calientes y el movimiento de quienes atravesaban la palestra, un espacio vinculado al ejercicio físico.

Las excavaciones han permitido identificar precisamente elementos de esta palestra y los accesos al interior del edificio termal.

Pero las termas de Caraca también conservan el recuerdo de un episodio dramático.

Hacia mediados del siglo II después de Cristo, un incendio provocó la destrucción del complejo. Posteriormente, el espacio fue ocupado de manera más precaria, en una etapa que alcanzó el siglo III.

Es uno de esos detalles que convierten la arqueología en algo profundamente humano. Porque las ciudades, igual que las personas, conocen momentos de prosperidad, sufren desgracias y se transforman con el paso del tiempo.

El acueducto: tres kilómetros de ingenio romano

Si las termas nos hablan de la vida cotidiana, el acueducto nos descubre hasta qué punto los romanos dominaban la ingeniería hidráulica.

Caraca disponía de una conducción de agua de aproximadamente tres kilómetros de longitud, que partía del manantial de Lucos y llegaba hasta el Cerro de la Virgen de la Muela.

Fechado por sus características constructivas en el siglo I después de Cristo, el acueducto estaba realizado con opus caementicium, una especie de hormigón romano, e impermeabilizado mediante opus signinum, un revestimiento especialmente adecuado para las construcciones hidráulicas.

Pero hay un detalle que merece especial atención.

A lo largo de su recorrido se han identificado tres piscinas limarias, depósitos destinados a facilitar la decantación de las partículas sólidas presentes en el agua y a reducir la velocidad de circulación del caudal.

De esta manera se evitaba que los sedimentos y la fuerza del agua deteriorasen la conducción.

Estamos hablando de una obra que requería conocimientos técnicos, planificación y mano de obra especializada, y que demuestra la importancia que alcanzó esta ciudad.

Incluso resulta fascinante pensar en el esfuerzo que debió suponer su construcción: obtener la piedra, preparar la cal, transportar los materiales y adaptar la canalización a las características del terreno.

El agua, que hoy sigue siendo uno de los elementos esenciales de cualquier población, fue también hace dos mil años una de las grandes protagonistas de la vida urbana de Caraca.

Cuando la ciudad cambió y llegaron otros tiempos

Pero el relato de este lugar no termina con el esplendor romano.

Como tantas otras ciudades de Hispania, Caraca experimentó transformaciones y un progresivo declive de su vida urbana. Las ocupaciones posteriores nos hablan de un territorio que siguió habitado, aunque de manera diferente.

Uno de los testimonios más interesantes se encuentra a los pies del Cerro de la Virgen de la Muela, donde se localiza una necrópolis tardoantigua.

Las excavaciones realizadas en 2021 permitieron conocer un cementerio utilizado durante los siglos VI y VII, con centenares de enterramientos.

Se han identificado tumbas construidas mediante cistas y otras excavadas directamente en el terreno, cubiertas con grandes losas de yeso.

Son testimonios de otra época, de otras creencias y de una sociedad que había cambiado profundamente respecto a la ciudad romana de los primeros siglos de nuestra era.

También resulta especialmente interesante un monumento funerario situado al norte del cerro, junto al trazado de la antigua calzada.

Sus restos corresponden a un recinto rectangular de unos 80 metros cuadrados, relacionado posiblemente con las prácticas funerarias de una persona, familia o grupo destacado de la comunidad local.

Su origen podría remontarse a época tardorrepublicana.

De esta manera, Caraca no nos cuenta una única historia, sino muchas historias superpuestas: la de los primeros pobladores, la de los carpetanos, la de la ciudad romana y la de quienes continuaron viviendo y enterrando a sus muertos en estas tierras siglos después.

Driebes, una puerta abierta a la historia

Y después de recorrer con la imaginación las calles de la antigua ciudad, merece la pena acercarse a Driebes, el municipio que hoy custodia este extraordinario patrimonio.

Su Ayuntamiento ha impulsado la puesta en valor del yacimiento, que ya cuenta con señalización y paneles explicativos para facilitar la visita libre.

Además, el Centro de Interpretación de Caraca ofrece una oportunidad para comprender mejor el pasado de este enclave mediante la actividad «Conoce Caraca a través de los dibujos de Miguel Zorita».

Y es que el dibujo arqueológico tiene una virtud extraordinaria: permite devolver volumen, altura y vida a unas estructuras de las que muchas veces solamente conservamos sus cimientos.

Donde el visitante observa una base de piedra, una ilustración puede ayudarle a imaginar un pórtico. Donde apenas quedan restos de un muro, una reconstrucción permite comprender la distribución de un edificio. Y donde hoy se extiende un paisaje silencioso, la imagen nos devuelve por un instante el aspecto de una ciudad habitada.

La actividad se anuncia para miércoles, sábados y domingos, y la información sobre las visitas puede consultarse en la página www.descubrecaraca.es. Conviene confirmar previamente los horarios y las condiciones de acceso.

La visita puede convertirse también en una buena excusa para descubrir los paisajes de la Alcarria Baja, disfrutar de la tranquilidad de sus pueblos y acercarse a los sabores de la cocina tradicional de Guadalajara, donde no faltan platos de cuchara, carnes de cordero, quesos y la célebre miel de la Alcarria.

Porque viajar por estas tierras es también detenerse en sus pequeñas localidades, conversar con sus vecinos y descubrir ese patrimonio cotidiano que no siempre aparece en las grandes guías turísticas.

Caraca, el privilegio de descubrir una ciudad que vuelve a la vida

Hay algo especialmente emocionante en visitar un yacimiento arqueológico que todavía está revelando sus secretos.

En Caraca no encontramos una ciudad monumental completamente reconstruida, ni grandes edificios que hayan permanecido intactos durante veinte siglos. Encontramos algo diferente: la oportunidad de asistir al redescubrimiento de una ciudad romana.

Cada campaña arqueológica puede aportar nuevos datos. Cada muro descubierto ayuda a completar una historia. Cada fragmento de cerámica, cada estructura y cada huella del pasado permiten conocer un poco mejor cómo vivieron quienes habitaron este cerro junto al Tajo.

Y quizá ahí reside su mayor atractivo.

Porque cuando uno contempla el paisaje desde el Cerro de la Virgen de la Muela, con el río dibujando sus curvas entre las tierras de Guadalajara, resulta inevitable pensar en todas las generaciones que contemplaron ese mismo horizonte.

Los primeros pobladores de la Edad del Bronce, los carpetanos que ocultaron su tesoro de plata, los ciudadanos romanos que acudían al foro, los trabajadores que construyeron el acueducto y las familias que, siglos después, enterraron aquí a sus seres queridos.

Todos dejaron una pequeña parte de su historia en este lugar.

Hoy, gracias al trabajo de los arqueólogos y al esfuerzo por recuperar y difundir este patrimonio, Caraca vuelve a tener nombre, calles y espacios reconocibles.

Y nosotros tenemos la oportunidad de recorrerlos.

Así que, si alguna vez nuestros pasos nos llevan por la Alcarria Baja, vale la pena desviarse hasta Driebes, acercarse al Cerro de la Virgen de la Muela y dejar que la imaginación complete aquello que el tiempo se llevó.

Porque a veces los viajes más sorprendentes no necesitan conducirnos demasiado lejos, sino simplemente enseñarnos a mirar de otra manera la tierra que pisamos.

Caraca permaneció oculta durante siglos, pero nunca dejó de tener una historia que contar. Y ahora, por fin, ha llegado el momento de escucharla.

Jesús Benito
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Jesús Benito Lara es comunicador y director de enTomelloso.com y SomosCLM.com. Cuenta con una amplia trayectoria en comunicación digital, creación de contenidos y producción audiovisual. Apasionado por la tecnología y la innovación, trabaja para ofrecer información cercana, rigurosa y útil, además de impulsar proyectos de comunicación para empresas e instituciones.

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