¡A las barricadas!

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Cuando Pedro Sánchez anunció, el pasado 5 de octubre, la disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones generales para el próximo 29 de noviembre, aún no se había convertido en el «viudo» de Maricarmen, ya que esta, lamentablemente, falleció dos días después, el 7 del mismo mes. No obstante, la convocatoria electoral no ha resultado ser una llamada a las urnas al cuerpo electoral para que, de forma razonada, los ciudadanos decidamos quiénes queremos que nos gobiernen durante los próximos cuatro años. Ha sido una llamada a las barricadas, a la trinchera ideológica, al frentismo y, en definitiva, al guerracivilismo y al enfrentamiento de la sociedad civil.

Desde el mismo momento del anuncio, ya conminó a los electores a situarse en el lado correcto de la historia, evitando sumarse a la ola ultraderechista que involuciona allí donde gobierna, para que España continúe siendo un baluarte de apertura y justicia social. De esta forma, el presidente estaba dando el toque de corneta para movilizar a las masas frente a los involucionistas. Me gustaría equivocarme, pero me temo que nos esperan siete semanas de mucha tensión en la sociedad, alentada por aquellos que, en ocho años, no se han dedicado a otra cosa que a fomentar el enfrentamiento social para esconder su escasa capacidad de ofrecer alternativas de bienestar a los ciudadanos.

Ya estamos viendo que el, ahora sí, «viudo» de Maricarmen sigue llamando a la movilización social para evitar la natural alternancia democrática. Haciéndose eco de ello, la izquierda ya ha advertido que en las calles no habrá paz y los sindicatos han anunciado una huelga general que la propia vicesecretaria general del PSOE, María Jesús Montero, ha reconocido que se convoca en contra de la oposición. Las provocaciones no han hecho más que empezar. A medida que nos vayamos acercando al 29 de noviembre, los exabruptos irán subiendo de tono, buscando tensionar las costuras del sistema a través del enfrentamiento civil entre bloques.

Frente a esto, la sociedad civil debe reaccionar serenamente y con sensatez, decidiendo qué tipo de sociedad quiere que fomente el futuro Gobierno y qué políticas deben aplicarse para conseguir que los gobernantes no asalten las instituciones, respeten la separación de poderes, cumplan la Constitución y vuelvan a dar protagonismo al Congreso y, por tanto, a los ciudadanos, para seguir en la senda de la concordia y de los grandes acuerdos entre los dos partidos mayoritarios, que han propiciado que España alcance un elevado nivel de avance social y económico como en ningún otro momento de su historia reciente. España debe volver a ser un socio de referencia y fiable en la Unión Europea, y no el paria al que se ningunea en las reuniones internacionales, olvidando el peso específico que debería tener dentro de la Unión.

Estos objetivos deben ser los que nos lleven a elegir al mejor Gobierno para que, desde la concordia social y no desde el enfrentamiento entre bandos, podamos recuperar el nivel de desarrollo social que hemos venido teniendo desde el año 1978. Deberemos elegir de forma razonada, el día 29 del próximo mes, qué modelo de sociedad queremos. Si no nos dejamos arrastrar por la deriva partidista y tomamos la decisión no con las vísceras, sino con la razón, estoy seguro de que acertaremos y, quizás, demostremos ser más maduros como sociedad de lo que nos quieren hacer creer.

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