Todo el mundo habla de… Corizonas

La superbanda castellana se lo juega todo con Órdago. Y gana. Rock maduro, letras bien sopesadas y un sonido más abierto que nunca en su trayectoria. Como un bourbon de 50 años: añejo, rotundo y con mucho que decir

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Hay palabras que ya son una declaración de intenciones antes de escuchar una sola nota. Órdago — envite en el que te lo juegas todo — es exactamente eso para Corizonas. Su cuarto disco (Subterfuge Records, 18 de septiembre de 2026) llega cinco años después de Corizonas III y encuentra a una banda más segura, más abierta y más rotunda que nunca. Una superbanda castellana curtida en miles de noches de rock que esta vez ha decidido salir de su zona de confort. Y el resultado es su trabajo más ambicioso hasta la fecha.

Corizonas nació hace quince años de la unión de dos mundos: Arizona Baby (Javier Vielba y David Krahe, Valladolid) y Los Coronas (Javier Vacas, Roberto Lozano y Rubén Marrón, Madrid). Durante años, esa unión viajó imaginariamente hacia Estados Unidos — ese sonido con «olor a vaca» que definía Julio Ruiz en Disco Grande, el rock americano de raíz fronteriza que era su seña de identidad. Pero algo cambió en el proceso de Órdago. El detonante fue inesperado: una versión de Tú me dejaste de querer de C. Tangana que les encargaron para un programa de televisión. En lugar de reproducir el original, lo llevaron a su mundo. Y lo que salió de ahí – rumba-rock-yeyé, en algún extraño lugar entre Los Brincos, Triana y Los Planetas – les reveló el camino del disco.

"América ya no es el destino. Es solo una parte del viaje. Con Órdago, Corizonas giran la brújula y traen lo transatlántico aquí, mezclándolo con lo castizo, lo hispano, lo de casa. Y suena de maravilla."

El resultado es un disco más actual, más rotundo y más contundente que sus anteriores trabajos, pero sin perder lo que siempre ha hecho grande a Corizonas. Ese impulso de la versión de Tangana les ha sacado de esa zona de confort del rock americano para llevarlos a un territorio más propio, más hispano, más transatlántico en sentido inverso. Ya no viajan a América — traen América aquí y la mezclan con lo de casa.

Todo el mundo habla de... Corizonas

Diez canciones llenas de referencias musicales, sí, pero también de auténticos hitazos reconocibles desde la primera escucha. Eso es lo más difícil: construir canciones que conecten de inmediato sin sacrificar profundidad. Caramelo envenenado — el último adelanto — lo resume bien: guitarras fronterizas, ritmos hipnóticos, saber popular y sabor transatlántico. Karma, Espejito Espejito y Sangre en el cuchillo perfilan el disco con mucha personalidad. Y Principio y Final, el primero de los singles, construido alrededor de una idea sencilla y poderosa, sigue siendo uno de los momentos más redondos del proyecto.

Corizonas no defraudan. Nunca lo hacen. Siempre dan en el clavo para un público que sabe lo que busca: rock, letras maduras y bien sopesadas como un bourbon de 50 años. Sonidos añejos que se refrescan y nos traen un disco más abierto en la larga trayectoria de esta superbanda. Producido por ellos mismos junto a Dani Alcover en la mezcla y mastering, grabado a caballo entre Madrid y Valladolid, Órdago huele a trabajo bien hecho, a decisiones tomadas con criterio y a una banda que sabe exactamente lo que tiene entre manos.

Carlos Ruiz Masó
Carlos Ruiz Masóhttps://entomelloso.com/podcast/la-lumbrera-podcast/
Profesor y copresentador de La Lumbrera podcast

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