Hay discos que te cambian la percepción de una banda de golpe. Y hay discos que te confirman lo que ya sabías: que estás ante un grupazo. Bliss, el quinto álbum de Temples, es de los segundos. No es una ruptura. Es una evolución. Y eso, en una banda que lleva doce años construyendo un universo propio, es exactamente lo que necesitabas escuchar.
James Bagshaw, Tom Warmsley, Adam Smith y Rens Ottink llevan desde 2012 demostrando que la psicodelia británica no murió con los sesenta ni con los noventa. Su debut, Sun Structures (2014), los estableció como los herederos naturales de los Beatles, los Kinks y los Byrds pasados por un filtro moderno. Hot Motion (2019) apostó por el glam y el hedonismo. Exotico (2023) fue su momento más de estadio. Y ahora llega Bliss (V2 Records, 26 de junio de 2026): diez canciones en treinta y siete minutos que abandonan el hedonismo psicodélico de los discos anteriores pero sin abandonar lo que hace grande a Temples.
"La psicodelia de Bliss es más rockera, con un punto de distorsión más cañero. Han cambiado el glam por la garra. Y les queda bien."
Algunos han descrito Bliss como su cambio más drástico, influenciado por la electrónica y la cultura rave de los noventa. Algo de eso hay — los sintetizadores tienen más protagonismo, los beats están más arriba — pero quien espere una ruptura total se va a encontrar con algo más interesante: Temples siendo Temples, con más músculo. Su sonido auténtico sigue ahí, intacto. Lo que han abandonado es el hedonismo glam de Hot Motion o el brillo de Sun Structures. Lo que han ganado es distorsión, urgencia y una forma de hacer psicodelia más rockera que en cualquiera de sus discos anteriores.

El disco está muy bien pensado como viaje. Jet Stream Heart abre de forma flipante: desde los primeros segundos sabes exactamente dónde estás y hacia dónde va esto. Es el arranque perfecto, una declaración de intenciones que engancha y no suelta. Revelations y Megalith mantienen el pulso alto. Glimmer y Blue Flame tienen ese punto más oscuro y envolvente. Vendetta y Jaguar son los momentos más intensos del disco, distorsión y psicodelia en su versión más directa. Horizon y Waiting On The Echoes aportan el respiro necesario — especialmente este último, más calmado, que da aire al oyente sin perder la intensidad general del álbum. Y Fantasy Realm cierra el disco como un temarraco enorme, de esos que se quedan contigo mucho después de que la música haya parado.
Un disco que crece con las sucesivas escuchas. Que tiene sus huecos, sus capas, sus detalles que solo aparecen en la segunda y la tercera vuelta. Y que confirma que Temples son una de esas bandas que saben exactamente lo que hacen y no necesitan el permiso de nadie para hacerlo.
Sí, hoy estamos en septiembre y el disco salió en junio… Nunca es tarde para hablar de discazos cómo Bliss.




