Con la llegada del verano, miles de personas vuelven a preparar sus rutas con la libertad como principal compañera de viaje. Recorrer varios destinos sin depender de reservas hoteleras y llevar la vivienda sobre ruedas ha dejado de ser una tendencia pasajera para convertirse en una forma consolidada de hacer turismo. Sin embargo, el crecimiento del sector también ha abierto un debate sobre la convivencia entre autocaravanistas, municipios y residentes.
En los últimos diez años, el número de autocaravanas y furgonetas camperizadas registradas en España ha pasado de unas 48.000 en 2015 a cerca de 137.000 en la actualidad, una evolución que refleja el auge del denominado ‘caravaning’. Según explica José Manuel Jurado, presidente de la Asociación Española de la Industria y Comercio del Caravaning (ASEICAR), la pandemia dio una mayor visibilidad a esta forma de viajar, aunque considera que el verdadero cambio responde a una nueva manera de entender el turismo.
«Ahora no se busca tanto el estar varios días en el mismo lugar, sino que muchos se plantean el viaje como un recorrido con varias paradas en el que ir conociendo diferentes lugares y personas», señala.
Una forma de viajar basada en la libertad
La posibilidad de improvisar el recorrido es uno de los principales atractivos para quienes optan por este tipo de vehículos. Miguel Madrid, que viaja en una furgoneta camperizada desde hace nueve años, destaca precisamente esa flexibilidad.
«Lo que más me gusta de esta forma de viajar es no tener que reservar con antelación. Además, si el sitio o la gente te gusta, te puedes quedar sin miedo a perder reservas», afirma.
Una opinión similar comparte Eduardo Gómez, que se incorporó al mundo del ‘caravaning’ hace un año buscando «poder improvisar rutas y adaptar el viaje sobre la marcha». En su caso, eligió una autocaravana por considerar que ofrece «un equilibrio entre comodidad y autonomía», gracias a un mayor espacio interior y una mejor habitabilidad.
Aunque ambos vehículos comparten el objetivo de facilitar los desplazamientos, presentan diferencias importantes. Las autocaravanas suelen disponer de cocina, baño, camas, mesa y zona de estar, mientras que las furgonetas camperizadas suelen contar con un equipamiento más reducido, aunque muy variable en función de cada transformación.
El crecimiento también genera problemas
El incremento del número de vehículos ha traído consigo nuevas dificultades, especialmente durante la temporada alta. Desde el propio sector reconocen que algunas conductas están deteriorando la imagen del colectivo.
Jesús Alonso, autocaravanista con tres décadas de experiencia viajando por Europa, considera que la mayoría de usuarios respetan el entorno, aunque lamenta determinados comportamientos.
«Llegan a lugares en los que no se puede acampar y ellos, como tienen que hacer todo en el exterior, sacan la mesa y las sillas y se quedan fuera», explica. También señala que algunos viajeros extranjeros realizan prácticas que, según afirma, no llevarían a cabo en sus países de origen.
A esta situación se suma la creciente saturación de las áreas específicas para autocaravanas. ASEICAR estima que alrededor de 250.000 autocaravanas recorren la Península durante el verano, muchas de ellas en tránsito hacia Portugal o Marruecos, lo que incrementa la demanda de espacios adecuados para estacionar y realizar el vaciado de aguas grises y negras.
La DGT adapta la normativa al criterio del Tribunal Supremo
La falta de plazas disponibles y la presión sobre determinados municipios han derivado en conflictos entre usuarios y ayuntamientos, especialmente en destinos turísticos donde la población aumenta considerablemente durante los meses estivales.
Con el objetivo de clarificar este escenario, la Dirección General de Tráfico ha incorporado en la Instrucción PROT 2026/04 el criterio fijado por el Tribunal Supremo en una sentencia de 18 de marzo de 2018.
Francisco de las Alas-Pumariño, subdirector de la Unidad de Normativa de la DGT, explica que el Alto Tribunal considera que una autocaravana tiene unos usos diferentes a los del resto de vehículos y que esa circunstancia puede justificar una regulación específica sobre su estacionamiento en vías urbanas.
«El Tribunal Supremo está diciendo que no se trata solamente de las dimensiones y la masa del vehículo, sino que una autocaravana tiene usos que no tienen otros vehículos, y esos usos tienen una incidencia en los vecinos del municipio que pueden justificar una regulación especial en cuanto al estacionamiento», señala.
Por este motivo, la nueva instrucción elimina las referencias anteriores que vinculaban las limitaciones exclusivamente al tamaño o al peso del vehículo, adaptando así el texto al criterio establecido por el Supremo.
Mientras el número de aficionados al ‘caravaning’ continúa creciendo, administraciones y usuarios afrontan el reto de compatibilizar la libertad que caracteriza esta forma de viajar con la convivencia en unos espacios que, especialmente en verano, resultan cada vez más limitados. Como resume Eduardo Gómez, «hablar de autocaravanas hoy en España no sólo es hablar de viajar, sino de cómo convivir en un espacio limitado bajo reglas que intentan equilibrar libertad individual y orden colectivo. Y ese equilibrio, como en casi todo lo humano, nunca es definitivo».
Las claves de la nueva instrucción de la DGT sobre autocaravanas
- Los ayuntamientos pueden limitar el estacionamiento. Las ordenanzas municipales pueden fijar límites de tiempo e incluso prohibir la acampada fuera de las zonas autorizadas. La instrucción incorpora expresamente el criterio del Tribunal Supremo sobre esta capacidad municipal.
- Estacionar no es lo mismo que acampar. Una autocaravana se considera estacionada cuando permanece apoyada únicamente sobre sus ruedas, no despliega toldos, mesas, sillas, patas estabilizadoras u otros elementos y no vierte fluidos ni genera ruidos al exterior.
- Se puede permanecer en el interior del vehículo. La presencia de personas dentro de una autocaravana correctamente estacionada no convierte por sí sola el estacionamiento en acampada.
- En vías urbanas manda también la ordenanza local. Aunque las autocaravanas pueden estacionar, con carácter general, en las mismas condiciones que otros vehículos, deben respetar las restricciones y la señalización aprobadas por cada Ayuntamiento.
- En carreteras interurbanas deben quedar fuera de la calzada. El estacionamiento debe hacerse en el lado derecho y dejando libre la parte transitable del arcén. En autopistas y autovías solo está permitido en zonas especialmente habilitadas.
- Los límites de velocidad dependen del peso. Las autocaravanas de hasta 3.500 kilos pueden circular a 120 km/h en autopistas y autovías y a 90 km/h en carreteras convencionales. Las que superen ese peso tienen límites de 90 y 80 km/h, respectivamente.
- No se puede viajar en camas o literas. Todos los ocupantes deben utilizar asientos homologados y sistemas de retención. Los menores de hasta 135 centímetros deben viajar con un sistema infantil adecuado.
- La señal V-16 forma parte del equipamiento obligatorio. También deben llevar chaleco reflectante y una rueda de repuesto, una rueda temporal o un sistema alternativo que permita continuar la marcha.
- La ITV varía según la clasificación del vehículo. La frecuencia de la inspección depende de si está clasificado como autocaravana de categoría M o como furgón vivienda de categoría N.
- Las áreas de acogida tienen su propia regulación. Las comunidades autónomas pueden establecer requisitos específicos para estos espacios, mientras que el estacionamiento continúa sometido a la normativa de tráfico y a las ordenanzas municipales.
- Hay una nueva señal para los puntos de vaciado. La señal S-128 identifica los lugares destinados al vaciado de aguas residuales de caravanas y autocaravanas.
- Se pueden transportar bicicletas, ciclomotores o motocicletas pequeñas. Deben ir en dispositivos adecuados y, si sobresalen por la parte trasera, tienen que cumplir los límites establecidos y señalizarse con la placa V-20.
- No está permitido remolcar directamente un turismo. Sí puede transportarse sobre un remolque o semirremolque que cumpla las condiciones técnicas y las dimensiones autorizadas.

