La artista ciudadrealeña Pilar Robles, conocida como Lapili, acaba de publicar su segundo trabajo discográfico, Miss Fatty Fairy, un álbum con el que consolida su universo sonoro —marcado por influencias afrocaribeñas, reggae y dancehall— y amplía su discurso feminista y de empoderamiento.
En declaraciones tras el lanzamiento, Lapili ha destacado la buena acogida inicial del disco, que ha visto la luz tras un proceso creativo que define como intenso y complejo. El estreno en directo tuvo lugar el pasado día 14 en Londres, donde, según relata, la conexión con el público fue especialmente emotiva. Próximamente llevará el nuevo espectáculo a ciudades francesas como Marsella, Grenoble y París.
Si en su primer álbum, Piligrossa, el mensaje giraba en torno a la reivindicación y la búsqueda de identidad, en este nuevo proyecto la artista afirma haber dado un paso más: “El primero fue un viaje hasta mi niña interior; en este ya la he encontrado. No es una reivindicación, es una muestra de lo que soy y de lo que vivo”.
UN DIÁLOGO ENTRE LO TERRENAL Y LO ESPIRITUAL
Miss Fatty Fairy mantiene la esencia rítmica que caracteriza a Lapili, pero incorpora nuevas exploraciones hacia sonidos más electrónicos, con guiños al kuduro o al afro house. El disco juega con la dualidad que da nombre al proyecto: la parte “Fatty”, más corporal, ligada al baile y al disfrute; y la “Fairy”, conectada con lo espiritual, la naturaleza y la sororidad.
Las hadas, símbolo recurrente en su imaginario, funcionan como vehículo de esa dimensión mística que convive con una energía más directa y potente. Para la artista, ambas facetas forman un equilibrio inseparable.
RAÍCES EN CIUDAD REAL Y DESCUBRIMIENTO MUSICAL
Lapili creció en Ciudad Real, donde comenzó a forjar su identidad artística. Recuerda con especial cariño la influencia de un familiar que le descubrió sonidos de hip hop y dancehall a principios de los 2000, acercándola a artistas como Missy Elliott, Queen Latifah o los primeros trabajos de Rihanna.
Aquellas referencias marcaron el inicio de un camino que hoy defiende sobre los escenarios. Muchas de las canciones de este segundo disco parten de experiencias personales que la artista comenzó a plasmar por escrito como parte de un proceso de sanación.
ACTIVISMO Y DISCURSO PROPIO
Sobre el escenario, Lapili combina sensualidad y mensaje político. Defiende el derecho a vivir la sexualidad desde la elección y el consentimiento, y denuncia la presión constante sobre los cuerpos femeninos. En su opinión, el contexto político actual, con el auge de posiciones conservadoras, ha intensificado esa presión.
La artista reconoce que su propuesta no siempre es comprendida, pero asume esa tensión como parte de su activismo. “Ese es el activismo real”, sostiene, reivindicando la libertad de expresión artística y corporal.
MIRANDO AL FUTURO
Tras el lanzamiento de Miss Fatty Fairy, Lapili prepara nuevas colaboraciones —una de ellas con un artista internacional al que admira desde pequeña— y no descarta ampliar su actividad a otros ámbitos creativos.
Entre sus objetivos a largo plazo figura ejercer como mentora para nuevas generaciones de artistas, especialmente mujeres, y contribuir a crear estructuras dentro de la industria musical más inclusivas y alejadas de modelos tradicionales. Su propósito es ayudar a que otras creadoras puedan desarrollarse en entornos más seguros y respetuosos.
Con este segundo álbum, Lapili no solo consolida su propuesta musical, sino que reafirma una identidad artística que, como ella misma resume, ya no necesita reivindicarse: simplemente se muestra tal cual es.





