"The Basca", caricatura de Manuel Buendía

Allá por 1978, con una Constitución recién estrenada, los jóvenes de entonces (entre los que me incluyo) encontramos un espacio de libertad, un espacio que nosotros fuimos ampliando. Yo compaginaba mi servicio militar obligatorio (aunque yo me fui voluntario para poder estar en Madrid) con las clases en la facultad de BBAA. Los ratos libres los usaba para ir por los bares de Malasaña haciendo caricaturas y dibujos, y los domingos al rastro a buscarme la vida con las caricaturas. Por aquella época ya veíamos a los chicos de Kaka de Luxe también en el rastro, vendiendo fancines. Un día un amigo y yo les vimos actuar en el rockódromo de la Casa de Campo, junto a otros grupos del naciente Punk español, como Mermelada de lentejas, que con el tiempo terminaron acortando su nombre a simplemente Mermelada.

La Movida Madrileña se estaba gestando, pero de vez en cuando, en ese “espacio de libertad” que íbamos conquistando, aún había muchas cadenas difíciles de romper. Los atentados de la banda terrorista ETA se sumaban al inmovilismo de los militares del viejo régimen, con amenazas de Golpes de Estado, a los que a su vez se sumaban las “travesuras” de sus cachorros, los autodenominados “Guerrilleros de Cristo Rey”. Se trataba de unos grupos de jóvenes neofascistas bien organizados que practicaban un terrorismo distinto al de ETA (pero que no dejaba de ser terrorismo), intimidando a los jóvenes que vestían de forma más moderna o llevaban los pelos de otra forma, propinándoles palizas que en muchos casos fueron mortales.

En Tomelloso la convivencia era más pacífica, y aunque pudo haber algún altercado aislado, la cosa nunca pasó a mayores. Los jóvenes tomelloseros de aquella generación empezamos los años de la transición con la militancia política (en algunos casos). Para nosotros el Mayo del 68 había llegado con unos años de retraso y, como en el resto de España, esa libertad recién estrenada nos invitaba a hacer cosas nuevas. La militancia política fue transitoria y lo que más nos unió fue la música, los cómics y la literatura underground, además de los autores de la generación beat, Allan Poe, H.P. Lovecraff y los poetas malditos como Baudelaire. En realidad consumíamos todo tipo de referencias artísticas que nos parecían nuevas.

Al consumo de cultura también se unió el Cannabis, algo que ahora utiliza hasta mi madre en pomada y que se está dejando de demonizar; en aquellos momentos “fumar porros” era un acto de rebeldía más. Más adelante, a partir de 1982-1983, el consumo de otras drogas más fuertes trajo consigo cierto deterioro social al que se unió la aparición del SIDA como una enfermedad apocalíptica, asociada al pecado y al castigo divino por parte de la parte más reaccionaria de la sociedad.

DO La Mancha

La mayoría de los analistas de La Movida coinciden en que -como todos los movimientos- tuvo tres etapas: el preludio (1978-1979), la ebullición (1980-1983) y el declive (1984-1986). Se dice que La Movida necesitó de sus bares propios para desarrollarse, pero que a la vez fueron los bares los que acabaron con ella. En realidad lo que ocurrió es que la sociedad evolucionó y aparecieron otros intereses y otras necesidades. Los protagonistas se fueron haciendo mayores, unos se casaron y tuvieron hijos, y a otros las drogas y el SIDA se los llevaron antes de tiempo. Mucha gente piensa que La Movida fue un movimiento musical, pero en realidad fue un movimiento cultural muy completo en el que entraron muchas más disciplinas: Cine (Pedro Almodóvar), Fotografía (Ukalele, Alberto García Alix), Artes plásticas (Cesepe, El Hortelano), Cómic (Cesepe, Max, Nazario) o Diseño (Mariscal, Manuel Piña, Ágata Ruiz de la Prada, Jesús del Pozo). Por lo tanto, lo que ocurrió fue una explosión de ideas y creatividad que colocó a Madrid, y a España en general, en primera linea internacional.

En Tomelloso la cosa fue exactamente igual que en Madrid: la evolución fue paralela a nivel temporal. Los que vivíamos en Madrid empezamos a venir casi todos los fines de semana. Hasta 1982, cuando se abrieron La Pantera Rosa, El Café de la Glorieta y El Patio, nuestras actividades eran más auténticas: salíamos al campo, hacíamos fiestas en La Alavesa o en las casas de los amigos. Solíamos pasar mucho tiempo en las casas de los Huertas y los Merlo del barrio del Carmen. También en la casa de Pepe Torres antes de que este hiciese el bar. No es que no hubiera bares en aquellos años previos a La Movida, en realidad pasaba como en Madrid: la gente fue adoptando bares hasta que se abrieron los que ellos buscaban. En Tomelloso tuvimos el Tom-Pak, El Dantony y el Guru (entre otros), que eran los bares donde de vez en cuando íbamos, pero al fin y al cabo no ponían exactamente la música que nos gustaba. Por otro lado, teníamos poco dinero y nuestros espacios privados en las “casas de los colegas”. En primavera y otoño, nuestro lugar de reunión fijo era “La Casa de las Castañas”, un paraje a la salida de Tomelloso que la gente conocía como “Pampanito Viejo”.

Inma Delgado Fotografía New Born

Nuestras reuniones eran multidisciplinares y no nos limitábamos a la fiesta, sino que unos dibujábamos, otros tocaban instrumentos, escuchábamos mucha música, leíamos cómics y fancines, charlábamos mucho sobre todas las cosas y hacíamos muchos proyectos. Uno de esos proyectos fue sacar un fancine al que titulamos “Palo de horca”, del que editamos varios ejemplares. También organizamos una performance en la que simulamos una boda (llegando a alquilar un salón de bodas). Otro proyecto fue la organización de un concierto, que significó el despegue de La Movida en todo su esplendor tanto en Tomelloso como en todos los pueblos de alrededor. Pero eso lo contaremos en el próximo capítulo.




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